Hace unos días asistí a una interesante exposición del doctor Kirby, un politólogo de la Universidad de Limmerick, sobre lo que se suele llamar un milagro económico. El doctor Kirby fue invitado aquí por la Fundación Arias, en lo que puede ser una recapacitación esperanzadora, o solo un acto para demostrar imparcialidad.
Fui a la exposición con la actitud de uno que ya está cansado de oír los relatos sobre otros milagros económicos, y de la moraleja inevitable de que si otros lo pueden lograr, nosotros también; sobre todo si se usan ejemplos de países que supuestamente son comparables por su tamaño. Yo he oído como se nos pone de ejemplo a Israel sin tomar en cuenta su población europea, sus primos en Europa, y la ayuda masiva americana. O como se nos pone de ejemplo a Nueva Zelanda sin tomar en cuenta su población inglesa, para la cual Inglaterra es “Home”; su carácter de dominio del Commonwealth con un mercado privilegiado, o la necesidad inevitable de un cambio paralelo al de Inglaterra cuando esta entró a la Comunidad Europea. Yo recibí un tour de la reforma neozelandesa que el Banco Mundial pagó a un grupo de diputados ticos que parecían una excursión colegiales en un puro ji ji, donde iban también como invitados los representantes de las cámaras de industrias y de agricultura, pero nadie de los agricultores campesinos que ellos quieren destruir. Mi inclusión fue contra la voluntad del Banco Mundial que no me dio ni gafete, y entré por la puerta de atrás, por insistencia de don Roberto Solórzano que era entonces ministro de agricultura.
Había un extremado celo religioso en todas las exposiciones, y cuando hice ver esto a una señora ex ministra fundamental en aquella reforma, preguntándole cómo llamaría ella a la ideología que los animaba, me respondió de inmediato “el mercado”, como si este lo pudiera incluir todo; y yo le agradecí su honradez. También he oído el parangón que los neoliberales nos quieren establecer con Irlanda por la similaridad de tamaño, y seguramente por la supuesta inferioridad racial celta que los sajones ingleses siempre le atribuyeron a aquella maltratada colonia permanentemente rebelde defendiendo “lo de nosotros”, que según los invasores el papa Adriano IV le regaló al rey de Inglaterra hace mil años, cuando ya su cultura estaba arruinada por la piratería danesa, y después que los monjes irlandeses devolvieran a una Europa que había revertido al salvajismo en las manos teutónicas, la cultura greco-latina que por suerte habían conservado en los monasterios de Hivernia; un catolicismo que los protestantes ingleses no les toleran.
Pero en vez del manido argumento desarrollista de que la libertad del mercado nos puede hacer conspicuos consumistas a todos en el mundo, para felicidad de la humanidad, y prescindiendo del límite ambiental, oí una exposición balanceada de las cosas buenas y las malas del experimento. Uno que además no estamos en condiciones de imitar, dado que aunque nos parezcamos a Irlanda en el tamaño, somos muy diferentes en todo lo demás: nunca fuimos colonia de Inglaterra, ni dominio, no hablamos inglés; no tenemos toda la parentela en posiciones de poder en los Estados Unidos; nunca tuvimos la opción de encontrar empleo en las industrias de Inglaterra; no nos podemos meter a la Comunidad Económica Europea ni como primos de unos españoles que gozaron aquí de nuestra nacionalidad cuando estaban caídos y ahora no nos quieren; no podemos contar con la ayuda del presupuesto de sus naciones ricas como pudieron Irlanda, España, y Portugal; los gringos no podían offshorizar sus industrias de la comunicación aquí para meterlas en el mercado común europeo; etc, etc, etc. El doctor Kirby, parte de reconocer que se ha creado una imagen brillante de Irlanda como ejemplo del éxito del modelo de mercado, y que ahora se están viendo las debilidades del modelo, en los siguientes aspectos: Distribución de la riqueza. El modelo creció de l987 a l991 y luego decayó tanto que ahora se predice un crecimiento de solo 1.8% para el año 2008, principalmente porque se reventó la burbuja informática. El modelo si puso fin al eterno problema de Irlanda que nunca pudo antes crear suficientes puestos de trabajo. Y creó empleo bueno. Pero la cara oscura es que empeoró la distribución de la riqueza. Aumentó la pobreza y la desigualdad en medio de la bonanza, y le dio al país la peor distribución de la riqueza en Europa, lo que afecta a un 20 % de la población. (El quintil inevitable de la desigualdad, que requiere la intervención del estado). Pero lo peor es que el gobierno irlandés no tiene ninguna política para remediar el problema de esa parte de la población, ni siquiera la focalización, seguramente porque la ideología sostiene que ese problema se cura con el goteo. Irlanda tiene condiciones de salud iguales a las de un país tercermundista, y una de las menores inversiones sociales de Europa en términos del PIB. También padece una criminalidad rampante, un aumento enorme de la violencia sin razón, un alto consumo de drogas, y una alta incidencia de suicidio.
El debate político. No tienen en Irlanda ningún partido político con un punto de vista diferente para hacer contrapeso. El debate versa allí sobre la manera de medir la pobreza a modo de que la medida favorezca al sistema. Al hecho de que el 60% de la población está por debajo del promedio, el gobierno usa el concepto de “pobreza consistente”, bajando el impacto de las cifras al mezclar 20 diferentes indicadores, como por ejemplo tener ropa y comida. La actitud parece ser que si la mayoría de la población está mejor, los más pobres no importan, y mas bien se habla de bajar los impuestos para fomentar la producción, aunque eso impliques un mayor abandono de la asistencia social, y a pesar de que los impuestos en Irlanda son tres veces mas bajos que en Europa, y de que pesa allí demasiado el de valor agregado, que es el mas importante. El costo de vida para los jubilados se triplicó, y un tercio de ellos vive en la pobreza. La realidad es que se benefician del modelo los trabajadores que se pueden incorporar, y se perjudican los que no pueden.
(Es la eterna inner city, que los neoliberales quieren focalizar, estableciendo una segregación eterna entre “los exitosos y los poco exitosos”, como decía don Emilio Bruce cuando nos restregaba el éxito de su empresa, que resultó ser un gigante con pies de barro, como seguro es su paradigma; un “éxito” que quedará impune como toda la corrupción en Costa Rica: “toda esta m——- es “línea”, como decía el nica, y “línea” es banana republic: lo que somos todavía, según lo demuestra claramente la tragicomedia del TLC . La Yunai es la Am Cham, la oligarquía cafetalera es la Cámara de Industrias y los bufetes de lujo, y el análisis político aquí versa sobre si la próxima vez será Cletito o será Ricardito; y uno de ellos es, aunque haya que cambiar la constitución, y a pesar de la Coordinadora Nacional y los Comités Patrióticos).
El debate social en Irlanda se entregó a la agencia que maneja las inversiones y se sacó del campo político. Cuenta el doctor Kirby que cuando hizo estas observaciones en una conferencia económica en Islandia, un señorón europeo del sistema sentado a la par suya le dijo que era un romántico; lo que seguro define la mentalidad defectuosa del paradigma, que mete como romanticismo todo lo que señale sus deficiencias: con razón dice don Rolando Araya que Europa ya no tiene socialismo. Lo acabó el éxito económico, que no se puede hacer extensivo al resto del mundo, y de repente ni al este europeo: lo que ya va cantando alto y claro entre los arrecifes el barco de la economía mundial.
Organización de la Sociedad Civil. Tienen en Irlanda lo que se llama una social partnership, un consejo nacional económico y social, que negocia acuerdos cada tres años, y discuten la relación de las empresas con sus trabajadores, pero no se trata una agenda social, porque no se discute allí la violencia, la democracia, o la pobreza, sino solo salarios y pensiones; y si lo permiten las condiciones económicas. Si un sindicato se retira de esa discusión, el gobierno no habla con ellos por aparte de la social parternership, y le retira todo financiamiento. Esta ayuda económica del gobierno a los sindicatos constituye una forma de disciplinarlos, una verdadera cooptación; como ya ocurre aquí con esos sindicatillos agrarios ad hoc que apoyan el TLC con oficina en el Mag; y con esas cámaras que no participaron en las marchas contra el TLC porque tenían el ojo en la plata de la “agenda de compensación”. En esta relación obrero patronal el modelo mismo no es discutible. Se crea así un consenso elitista entre las empresas, el gobierno, y los mismos sindicatos.
Enseñanzas para América Latina y Costa Rica. El caso irlandés muestra las condiciones en que se puede tener éxito dentro de la globalización, si aumentan las tasas de crecimiento y de consumo. Pero allá creó una sociedad desunida y con una mala calidad de vida. Se trata de un modelo de costos bajos y poca inversión social y por eso está asociado a la desigualdad. Se trata de lo que llaman un “estado de competición”. En Irlanda no hay opción. No hay ningún contrapeso. Allí ha jugado un papel principal la Unión Europea y la inversión de capital americano que llegó a Irlanda para aprovechar esa relación con el mercado europeo. Se trata pues de transnacionales; las empresas nacionales irlandesas tienen que depender de nichos dentro de ese mercado. Los fondos de la ayuda europea ayudaron mucho a Irlanda, como a España y Portugal, pero no ahora que están entrando a la comunidad los países mas pobres del este europeo. La seguridad alimentaria desapareció como concepto mismo, y hasta la papa se importa ahora de España y Grecia. Pero con la cuadruplicación del precio de los alimentos en el mercado internacional, pronto tendrán que fomentar la siembra de papa; como aquí la del maíz, el arroz y los frijoles; y hasta la de papa, a pesar de lo que crean don Geovany Masis y el INCAE, y nuestro economista laureado. ¡Te lo dije mil veces!. Para entender la experiencia irlandesa dentro del mercado global hay que entrar en otras áreas que si estudian el impacto devastador de la globalización. Y hay que influenciar el curso de la OMC, por ejemplo con alianzas estratégicas internacionales , pues esta tiene que ser una acción transnacional.
No vi ninguna referencia a la visita del doctor Kirby en los periódicos: “it figures”; eso no está en la agenda.
José Calvo | 7 de Abril 2008


0 Comentarios