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Tremenda responsabilidad histórica

Luis Paulino Vargas Solís | 1 de Marzo 2008

Al plantear la necesidad de construir una alianza ciudadana -diversa, progresista y muy democrática- surgen reservas que, sintéticamente, quedaron recogidas en varios comentarios que suscitó mi artículo de la semana pasada en Tribuna Democrática. Hay dudas acerca de la generosidad de los liderazgos políticos para posponer ambiciones y vanidades y disponerse a un diálogo políticamente amplio e inclusivo. En particular, existen reservas en ese sentido respecto del PAC o, al menos, respecto de sus líderes principales. Duele reconocerlo pero no queda de otra: estas dudas son razonables, y el afán mismo de las dirigencias del PAC por quedar bien con tirios y troyanos, justo cuando la enemistad entre ambos es más aguda que nunca, tan solo agrava los interrogantes. La ambigüedad en la praxis política y el discurso del PAC enturbia la comunicación con el amplio y pluralista contingente de la ciudadanía organizada, sin la cual es imposible levantar un proyecto alternativo que posea viabilidad política.

No entender esto último es grave y conlleva una seria responsabilidad histórica. Claramente se niega a entenderlo esa izquierda-gueto, especializada en la anatema y la condenatoria, pero es del caso que tampoco lo hacen sectores de cúpula del PAC. Entre sus bases posiblemente hay mucha mayor claridad, y justo por ello el aporte del PAC puede ser valioso además de necesario. El caso es que se nos plantea un predicamento de excepcional significación. Podemos resumirlo en estos términos: al “capitán” Arias le ha tocado dejar las cosas listas para avanzar hacia la radicalización del proyecto neoliberal. Su sustituto -o sea, el nuevo ungido por las oligarquías para representar políticamente esta dictadura neoliberal- deberá ejecutar esa tarea. Esto implicará una cosa: la destrucción de los últimos resabios de democracia, justicia social y soberanía que aún medio sobreviven.

Una realidad a tal punto compleja y conflictiva podría dar lugar a diversas bifurcaciones. Una de estas es la de la simple decadencia y degradación, donde la democracia definitivamente será tan solo una enorme mentira, y la violencia callejera, el crimen y la descomposición social generalizada serán los rostros visibles de una realidad fracturada, hasta la médula, entre el boato de los poquitos absolutamente privilegiados y la miseria de los muchísimos absolutamente excluidos. Una posible segunda bifurcación es la del conflicto social y político abierto, cosa que implicará dosis variables de represión. Quizá por esa vía se podría botar del gobierno a los representantes políticos de la oligarquía cosa que, en principio, constituiría un resultado positivo. O quizá simplemente se entraría en una espiral de violencia que tan solo aporte una versión aún más degradada de la primera posible bifurcación a que hice referencia más arriba.

Uno querría explorar alternativas -realmente progresistas, plurales y democráticas- que eviten la degradación y la violencia. Para lograr tal cosa, el control de la Asamblea Legislativa y la Presidencia resulta condición necesaria pero no suficiente. Seguirán existiendo las apátridas cúpulas empresariales, con todo su poderío económico, su voracidad sin límites y su complaciente disposición a venderse ellos y vender el país entero a las transnacionales. Y, a su lado, los perros de presa de la política, tipo Sánchez o Casas y las brigadas de choque de la recalcitrante nueva derecha tica, como el tal “Por Costa Rica”. También las corporaciones mediáticas en su incansable labor de desinformación, retorcimiento y degradación moral. Todos estos son elementos del sistema oligárquico de poder, el cual es más amplio que el solo sistema estatal de poder centrado en el parlamento y el poder ejecutivo.

Supongamos que estamos de acuerdo en algunos asuntos básicos. Primero, frenar la degradación social. Segundo, revertir ese proceso regresivo y construir nuevas vías de desarrollo, para lo cual llevaremos adelante un proyecto alternativo que, como mínimo, dé contenidos de realidad a los conceptos de democracia, justicia y soberanía. Tercero, lograr todo esto evitando, en lo posible, la violencia. Así planteadas las cosas, cobra pleno sentido lo que he venido proponiendo: la conformación de una amplia alianza que articule el ámbito de lo político-partidario con el de la organización ciudadana, de modo que logremos no solo tomar el poder político-institucional del Estado, sino construir nuevos espacios de poder, incluso algunos por completo inéditos, a fin de compensar y derrotar el sistema de poder que las oligarquías poseen.

Ninguna otra cosa, como no sea una alianza democrática, amplia y plural, podría convocar y articular la rica diversidad de expresiones políticas y ciudadanas que hoy se oponen al neoliberalismo y que andan ansiosas en busca de alternativas. La dispersión de estas fuerzas sociales las debilita y garantiza la prolongación y consolidación de esta dictadura neoliberal. Su unificación implica multiplicar más que sumar fuerzas. En tal caso, como he insistido, el objetivo de tomar control de los mecanismos del poder público-estatal, es tan solo uno entre varios. Sobre todo trataremos de construir nuevos espacios de poder que, a nivel de la sociedad en su conjunto, redistribuyan el poder y debiliten el peso relativo de las oligarquías.

Nada de esto podrá lograrlo el PAC por sí solo. Menos otras organizaciones de inferior peso. Definitivamente no lo hará esa izquierda con vocación de gueto y aires de infalibilidad.

Vuelvo, entonces, adonde empecé. Quizá deba admitirse que los actuales liderazgos políticos -con pocas excepciones- podrían no estar a la altura de tan tremenda responsabilidad histórica.

Luis Paulino Vargas Solís | 1 de Marzo 2008

2 Comentarios

* #3144 el 1 de Marzo 2008 a las 01:47 PM Jorge Crespo berdecio dijo:

Buenas don luis

El poder de los sectores dominantes es complejo y nos enfrenta al hecho de que, como usted bien dice, no es suficiente con llegar a la presidencia de la Republica u obtener mayoría en la Asamblea Legislativa.

La alianza de los grandes negocios con las diferentes instancias de gestión y administración del poder es uno de los grandes retos que enfrenta nuestra democracia, enferma de parcialidad y arrebatada por esa fase del capitalismo especulativo, corrupto, delirante y obsesivo llamado neoliberalismo.

¿En que podría consistir, entonces, el poder ciudadano?

Creo que, en primera instancia, se trata de una presencia. Y pienso también esta presencia en aquel sentido fantasmal que le diera Carlos Marx en su conocido manifiesto. Una presencia que recorre el país con palabras, actos, investigaciones, estudio, arte, aspiraciones políticas, silencio, protesta, tejiendo una plataforma que vaya madurando algo mas que un voto cada cuatro años. O cada Referéndum. Un presencia que carga con la convicción profunda de que “hay cosas que no se pueden comprar” y que son vitales para la gobernabilidad y la vida democrática. Una presencia contagiosa por su ejemplo y capacidad creativa y. en esto, me pongo a pensar en el sentido que pueda tener la reivindicación ética frente a la “claridad” ideológica de las viejas militancias iluminadas por una coherencia abstracta y agresiva.

Creo que aun no valoramos con justicia el significado del PAC en nuestra cultura política. No hay duda que tiene la ingenuidad de toda creación original, de un clásico que aun no percibimos en sus alcances y efectos sobre nuestro presente.

Creo que la respuesta a la consistencia de un poder ciudadano pasa por la comprensión y estudio de este fenómeno que sorprendió al país en las elecciones de hace 8 años, y cuya presencia avivó la esperanza de que otra Costa Rica es posible.

Hay que tener en cuenta que luchamos contra quienes piensan que es mas fácil cambiar los diez mandamientos que el TLC. Y que nosotros le adjudicamos una mayor justicia, necesidad y sentido común al primero.

* #3267 el 6 de Marzo 2008 a las 08:48 AM Rodrigo Gutierrez dijo:

Siempre me parecen buenos los comentarios de don Luis Paulino Vargas; me refiero a todos los anteriores y al último, en el que afirma que “no entender lo que él propone es grave y conlleva una seria responsabilidad histórica”. Yo aprendo mucho con sus análisis que son amenos, fáciles de entender y escritos en un lenguaje llano. Pero, con todo respeto, no me parece que ayude a comprender y aceptar sus proposiciones si hace responsable “a la dirigencia del PAC y a esa izquierda-gueto, con aires de infalibilidad especializada en la anatema y la condenatoria” de negarse a aceptar la necesidad de construir una alianza ciudadana -diversa, progresista y muy democrática-. No creo que ninguno de los colectivos citados sean los responsables de que no se realicen sus proposiciones. Tampoco me parece que se puede avanzar en el camino de la unidad nacional frente a la ofensiva neoliberal calificando peyorativamente una parte de la izquierda, especialmente cuando no se aclara a quiénes y a cuántos mete en ese diabólico saco y de carambola se lleva en banda a la dirigencia del PAC. Creo que hay cuatro factores que deberíamos considerar en cuanto al camino para construir una alternativa electoral diversa, progresista y democrática: 1) En primer lugar, reconocer que la oposición al neoliberalismo que votó contra el TLC en octubre pasado, sumado a buena parte del 40% que se abstuvo de votar por diversas razones y los que votaron sí engañados o por miedo, son mayoría que bien puede calcularse en una cifra superior al 60-70 % de la población. 2) Que la mayoría somos, desde luego con la excepción de un notable grupo de profesores y estudiantes universitarios estudiosos de las ciencias sociales y políticas, casi analfabetos en política. Es imposible echar a andar ideas fuerza como las que propone el profesor Vargas, si las mayorías carecemos de conocimientos e información sobre la importancia, para la salud del país, de organizar un frente electoral con capacidad para derrotar la dictadura de la “seguridad democrática” que han montado los Arias, la oligarquía nacional y los testaferros de las transnacionales para adueñarse del país. 3) La organización de esa alianza ciudadana -diversa, progresista y muy democrática-, para que sea estable y permanente, sólo puede surgir de un proceso de abajo para arriba, construido por las bases alfabetizadas, con disciplina de combate, comprometida con las ideas democráticas y con horizonte claro de qué es lo que construir como alternativa al neoliberalismo. 4) Hoy la tarea es construir una red nacional de información, formación, comunicación crítica y toma de decisiones que alfabetice políticamente. Nadie sobra; al contrario, siempre debemos buscar a quienes no están en el proyecto pero son anti neoliberales y a quienes equivocadamente defienden esa posición por ignorancia o prejuicios. Es como dragar un enorme río poderoso por sus afluentes de todos colores y todos los tamaños y que en conjunto sumamos una fuerza incontenible que barre el lodo que obstaculiza el cause de progreso de nuestra querida Patria.

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