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Ojo Crítico

Rodolfo Cerdas Cruz | 23 de Marzo 2008

Un factor negativo de esta Costa Rica globalizada es la tendencia a fundir el poder político con el económico y el mediático. Esto, tradicional en el Istmo, se evitó aquí gracias a nuestros grandes políticos liberales (Ricardo Jiménez, Cleto González) que, pese a provenir de grandes familias cafetaleras, supieron guardar la distancia debida con los intereses sectoriales de su familia y clase.

Cuando los campesinos adquirieron derecho a votar, porque con el café sus parcelas subieron de valor y el sistema censitario, que exigía un mínimo de capital para elegir y ser elegido, se le hizo disfuncional a la oligarquía cafetalera para monopolizar el poder, estableció como requisito saber leer y escribir.

Así, de un plumazo, redujo el padrón a solo el 10%. Entonces sus hijos, que formaban el llamado Olimpo, burlaron la exclusión introduciendo como gratuita, obligatoria y costeada por el Estado la enseñanza primaria. Afianzaron así una autonomía del sistema político de cara al interés de familias y sector social.

Hoy tenemos otra Costa Rica. Transnacionales y nuevos ricos no ven como necesaria la conexión entre el crecimiento económico y el bienestar social; no ven que la pobreza, además de un problema ético e histórico, exige ser erradicada para que haya democracia, paz social y Estado de derecho. Mientras miles de jóvenes sean excluidos del sistema productivo, porque su mala formación impide integrarlos, la delincuencia será imbatible, e insegura la vida social. Aun el éxito turístico será insostenible, lo mismo que la estabilidad, la paz social y la democracia. Y ni siquiera vivir en guetos millonarios resolverá el problema.

Esta realidad no puede ignorarse. Por proclamarlo, la Iglesia se ha ganado, como el Galileo, burlas y críticas: la verdad incomoda los goces de la abundancia ciega. También la proclama la pobreza que se oculta bajo los puentes y las barriadas donde ni siquiera la Policía osa entrar. Por eso la reforma que se requiere es mucho más que oxigenar políticos y partidos en extinción. Es una última oportunidad para insuflarle vida a una democracia devaluada por la concentración del poder, la banalización política y la disfuncionalidad de un Estado que, cada vez más, responde a clanes financieros familiares y no al interés de la sociedad en su conjunto.

Esa reforma debe cumplir con algunos objetivos esenciales: mejorar la calidad de la representación política, garantizar una efectiva rendición de cuentas, adecentar la financiación electoral y reconstituir las élites dirigentes, devolviéndoles su autonomía y funcionalidad democráticas.

(La Nación)

Rodolfo Cerdas Cruz | 23 de Marzo 2008

1 Comentarios

* #3913 el 23 de Marzo 2008 a las 07:33 PM alberto bolaños dijo:

Estoy totalmente de acuerdo con Usted, y es que ese espacio o poder del que se han adueñado por las malas, no será por las buenas que nos sea devuelto. Sería bastante curioso verlos legislando en beneficio de los que menos tienen,incluso se dan el lujo de considerar que con manuales de miedo, y telenoticiarios de sucesos se les educa, por lo que ninguna reforma que venga de ellos, tal cuál como están las cosas, será de a regalado.

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