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Obama el carismático

Armando Vargas Araya | 2 de Marzo 2008

Un movimiento generacional, liderado por el mulato Barack Obama, transforma el proceso eleccionario 2008 de los Estados Unidos en una decisión sobre el pasado (“malo conocido”) y el porvenir (“bueno por conocer”). Hace un año, la figura del senador de Illinois tenía poco reconocimiento masivo, mas ahora está a las puertas de la Casa Blanca. ¿Quién hubiera imaginado que un afroamericano pueda concitar el voto amarillo, blanco, latino y negro, del ciudadano demócrata, independiente o republicano moderado?

Hijo de keniano y usamericana, nace en Hawai hace 46 años. Las segundas nupcias de su madre lo llevan, niño aún, a Indonesia, donde asiste a una escuela primaria católica y luego, por dos años, a una musulmana. Regresa a Hawai con sus abuelos blancos para el liceo, y hace la universidad en Columbia (Nueva York) y Harvard (Massachussets). Organizador de negros y latinos pobres al sur de Chicago, en cuya universidad es profesor de Derecho Constitucional, se consagra en una iglesia cristiana. Tras ocho años en la legislatura estadual de Illinois, llega al Senado federal en 2004. Ha narrado su rutilante trayectoria en dos “best sellers”: Los sueños de mi padre: una historia de raza y herencia y La audacia de la esperanza: cómo restaurar el sueño americano, los cuales he leído.

Tiene en jaque a la poderosa maquinaria electoral de la senadora Hillary Clinton, su esposo el expresidente y el establishment del partido Demócrata. ¿Por qué? Por su oratoria persuasiva, la eficaz organización de base y su mensaje de esperanza que suscita una efervescencia colectiva en todas las clases sociales. Washington no puede repararse, la nación debe reorganizarse, para lo que se requiere una nueva mayoría que trasciende las fronteras partidistas. La propuesta cala y llueven cientos de millones de dólares sobre su campaña.

El sociólogo alemán Max Weber enseñaba que hay tres formas de autoridad: la tradicional (feudal), la legal (democracia) y la carismática. El carisma (“regalo divino”) es una habilidad excepcional para imantar las personas. El líder carismático es capaz de legitimar el poder político y generar un orden en la sociedade. Weber consideraba que el carisma puede cambiar la historia.

La televisión y la Internet proyectan instantáneamente el fenómeno Obama por todo el mundo. Así se transforma la morfología del carisma y la imagen pública del político: el espacio de la información y la comunicación es el escenario moderno en el que se deciden las elecciones. Desde la oratoria de los presidentes Franklin D. Roosevelt y John F. Kennedy, o del mártir de los derechos civiles Martin Luther King Jr., no se escuchaba en la arena política de los Estados Unidos una voz de tono y timbre tan elocuente, el terciopelo de un barítono educado.

Mucho se ha especulado sobre el primer Papa negro (y lo que sobrevendría en la Iglesia), menos sobre un Presidente negro en la súper potencia global. De concretarse la posibilidad, las consecuencias serían muchas. En Cuba, por ejemplo, cuyo dilema racial se mantiene latente desde la época del general Antonio Maceo, quizá sea un líder afroantillano quien suceda a los hermanos Castro. En Latinoamérica, el cambio comenzó: un sindicalista elegido en Brasil, un indio en Bolivia.

Escribo esta columna el día en que Kosovo proclama su decisión de ser nación libre, independiente y soberana. El choque entre la soberanía popular y el derecho internacional es evidente. Hechos ajenos y lejanos pueden repercutir en el entorno cercano de maneras inimaginables: el nacimiento de una nación en Europa, la campaña de un afroamericano en los Estados Unidos, el contagio de la crisis de las hipotecas chatarra en la economía globalizada, en fin…

Latinoamérica es cada vez más pequeña en el ámbito internacional, excluido Brasil con su creciente riqueza energética. La historia parece moverse por otras latitudes. Con excepción de los acuerdos comerciales bilaterales y la saga de las drogas, los Estados Unidos prestan poco atención a estos países. La gira del presidente Bush por África fue más amplia que su mini visita a la región. Obama, Clinton o John McCain harán, posiblemente, poca diferencia en la vida cotidiana de los latinoamericanos. Pero la política abarca dimensiones simbólicas también, e imponderables que decía Otto von Bismarck.

En tanto el telegénico Obama tenga momentum (o impulso), hay algo que vale la pena ver en la TV.

Armando Vargas Araya | 2 de Marzo 2008

2 Comentarios

* #3189 el 3 de Marzo 2008 a las 09:36 AM José Rafael Flores Alvarado dijo:

Muy interesante el artículo del sr. Vargas Araya en relación al sr. Obama y el impacto creado en Estados Unidos ante su posible elección como candidato por el partido Demócrata. El sr. Obama tiene carisma y los atributos necesarios para llegar a la presidencia y enrumbar al país por otros senderos de mayor justicia social y por otro rumbo en el campo de las relaciones internacionales, tan venidas a menos por la actual administración.-

* #3217 el 4 de Marzo 2008 a las 02:44 PM Fernando Fernández González dijo:

Totalmente de acuerdo con el artículo de Armando Vargas. Escribo este comentario horas antes de que se den a conocer los resultados de las cruciales primarias de Texas y Ohio. Un triunfo de Obama en Texas y una ajustada pérdida en Ohio, resultados previsibles, casi que precipita la salida “decorosa” de Hillary Clinton para dar paso a este negro carismático que ha calado hondo en las nuevas generacions estadounidenses y también en las del mundo entero. Costa Rica también necesita urgentemente un cambio como el que propone Barack Obama en Estados Unidos.

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