Entre las miserias a que está expuesto el pequeño agricultor en una sociedad subdesarrollada como Costa Rica, hay una que yo llamo el aleccionamiento. Nos invitan a muchas conferencias y foros sobre nuestra actividad, pero como oyentes. Y a nadie le importa un pito lo que sabemos o lo que pensamos; ni siquiera a las organizaciones filantrópicas extranjeras que patrocinan esos eventos. El otro día me invitaron a una conferencia que se llamaba “oportunidades y retos para el pequeño agricultor dentro del esquema de libre comercio” y no fui. Primero porque la invitación era para oyentes, segundo porque considero que el enfoque es incorrecto, y tercero porque me huele a cooptación: cuando uno empieza a hablar de desafíos y oportunidades del paradigma del “libre comercio” global, eso quiere decir que ya uno abandonó el espíritu de lucha y se rindió.
Fui hace unos años a una conferencia en que el experto del COMEX deliraba sobre los nichos en que tendríamos lugar, y le dije que el problema era que íbamos a terminar todos en una fosa común. Y durante algunos años sufrí la contraria de los expertos de la FAO que insistían en que para nosotros era el “desarrollo rural”. Esos eran los años del “triángulo de solidaridad” que ignoró el proyecto de Reconversión Agrícola, porque la idea era más bien sacarnos de una producción que “la ventaja comparativa” aconsejaba mejor importar de los excedentes gringos subsidiados, y ponernos de meseros del turismo, o a cuidar el panorama. Como sabemos, la FAO anda ahora muy apurada ideando un sistema de cupones para ayudar a los agricultores pequeños (los 2.000 millones que tiene el mundo y de los que dependen para comer los 5.000 millones de personas del Tercer Mundo) a que restablezcan la producción alimentaria que arruinó “el libre comercio” con su “ventaja comparativa”.
Se me ocurrió esto de “mira a tu izquierda y a tu derecha” por la experiencia de los años de lucha de que estoy hablando, cuando se ideó el programa de Reconversión Agrícola, y se creó la Comisión Legislativa Conjunta de diputados y agricultores para escribir una propuesta de política agrícola diferente a la del sistema de “libre comercio” del Consenso de Washington, que pide el desmantelamiento de la pequeña agricultura, o la condena a algún nicho. Nuestros compañeros entonces eran personas como don Fito Coto, de la Cámara de Agricultura, que en una reunión del IICA en Chile se refirió a nuestro proyecto de Reconversión como “nimiedades” y quería la ayuda ofrecida para ir al cuarto adjunto, aunque después apareció como presidente de la Junta de Administración de la Reconversión, y luego, como ministro de Agricultura, fue el principal comodín del COMEX para el TLC con los Estados Unidos; lo que le ganó como recompensa un botellazo en el Club Unión. Y están los varios amigos nuestros que después aparecieron en el COMEX, confortando al enemigo. Don Esteban Brenes que fue ministro de Agricultura de Rodríguez y enemigo del programa de Reconversión al que llamaba “regalitos”, también era de la Cámara de Agricultura, como es ahora el que preside la Cámara de Importadores de Insumos Agropecuarios, cómplice abierta de las transnacionales en su conspiración por la propiedad intelectual; como es cómplice el Colegio de Agrónomos, que se inclinó por la Ley de Obtenciones Vegetales. Pero estaban también en aquella Comisión, supuestamente a nuestra izquierda, los representantes de la Liga de La Caña que tanto aliento le dieron al TLC; y los de la FAO que se lo daban al triángulo de solidaridad; y un ex negociador del COMEX a quien el señor Guzosky le echó en cara su cambio de sombrero; y hasta un asesor del CATIE, que me envió una carta abusiva, porque usé los conceptos que él contribuyó, en la escritura del informe final de aquella Comisión, presumo que porque creía que sus opiniones y datos se debían usar intocados como Informe de Comisión; el que no se hubiera hecho sin mi trabajo y el de don Eduardo Delgado, asesor de entonces de don Oscar Campos. Tampoco estoy muy seguro de la Corporación Arrocera. He contado como Oxfam me invitó a una charla sobre el impacto del TLC en nuestra agricultura, que compartí el tema con una economista de la Earth que le veía al TLC las mismas fallas que yo, pero que su tiempo se dividió en antes y después de mi presentación, por aquello del damage control, y en su segundo tiempo dijo que con todo lo malo que era el TLC estaríamos peor si nos quedábamos por fuera. Y seguro he dicho que cuando preparábamos acciones para el NO en el referéndum, estaban allí los representantes de dos cámaras agrícolas importantes, que no participaron en los desfiles porque tenían el ojo en la agenda de compensación. Me desazona decir que al gobierno de Pacheco, UPANACIONAL presentó un documento de objeción al TLC, hecho por estos sabios consultores internacionales, caro e incorrecto, basado en nuestra supuesta inferioridad e ineficiencia ante los agricultores americanos, cuando la dirigencia de la época, la misma que atomizó aún más al gremio para dirigir su propio sindicato, me declaró non grato como consultor; correcto y gratuito. Y me desazona que ahora los oigo hablar tanto de empresarialidad y eficiencia: 100 vacas y 50 hectáreas como mínimo, como si eso fuéramos los 2.000 millones de agricultores campesinos que alimentamos al mundo; o producir para la exportación dejando que se los coman “en el portón de la finca”. Y me desazona que la gente de la izquierda me diga que debemos hablar de soberanía alimentaria y no de seguridad, porque esta se obtiene con sólo tener la plata para importar. Como me desazona oírlos diciendo que el problema no es la seguridad alimentaria sino la nutrición, o la inocuidad; en todo lo cual veo la mano peluda del neoliberalismo agrofóbico.
La sociedad civil tica está en estado embrionario, y abortará si no la depuramos honradamente, lo que no se puede hacer en el espíritu “palanganas” que lo calla todo. ¿No cree usted que con mi experiencia de la última cena, yo tengo derecho de mirar hasta debajo de la cama?
Claro que también he tenido amigos confiables, y aunque es peligroso dejar a algunos por fuera al reconocer sus méritos, como yo dejé en mi reseña del libro de Diamond a doña Marlyn Bendaña y a don Pablo Barahona, es peor no reconocerlos. Dejé también por fuera a don Armando Vargas, quien distribuyó mis artículos a la lista del PLN antes de que lo abandonáramos por el rumbo inevitable de la procesión de Arias; quien alega que el congreso del partido discutió el TLC, cuando él expresamente lo prohibió; lo que se ha discutido allí tibiamente, como es nuestra costumbre. De repente se enoja el hombre.
Déjeme explicar más por qué juzgo impropio el tema de “riesgos y oportunidades para el pequeño agricultor en el libre comercio”; aunque ya lo he dicho muchas veces. Como dije a don Fito Coto en Chile cuando quería que la ayuda que el IICA ofrecía fuera para ir al cuarto adjunto: allí no había que ir. No sólo porque el sitio se prestaba tanto a la cooptación y la traición (como ya hemos visto a propósito de la supuesta exclusión de la papa y la cebolla), pero porque cuando se abre la economía a una exigencia radical extranjera no es cuestión de que cada sector tenga que ir al cuarto adjunto a ver si puede salvar su pellejo, sino que es responsabilidad del gobierno que nos representa defender a la sociedad que lo eligió, y en el caso del pequeño agricultor, defender si no sus intereses como grupo, por lo menos la comida de toda la sociedad que ellos todavía producen, y que tendrán que seguir produciendo porque no funciona la “ventaja comparativa” lizánica. El tema de los peligros y oportunidades del libre comercio para nosotros, es como sin una familia con una muchacha bonita enfocara los peligros y oportunidades que su belleza tiene para ella: los peligros son para toda la familia; y no hablo de las oportunidades porque es evidente que ya la violó una gavilla de transnacionales con sus agentes locales malilnchosos, con la colaboración de la familia de la muchacha y un montón de hermanillos celestinos a su derecha y a su izquierda. Ahora están tratando de ver quién se hará cargo del bebé, que de ajuste tiene los ojos azules como recordatorio de culpa.
El mercado global con su “libre comercio” puede ser una aberración dogmática neoliberal, pero es también el nuevo vehículo imperialista del Primer Mundo colonialista, y no tiene viabilidad ambiental. No sería nada raro que esa muchacha violada sea la que tenga que trabajar para salvar a toda la familia que la abandonó, pues no parece que el paradigma del mercado global con su libre comercio sea viable, ni que haya una reacción razonada que lo enmiende: vamos a tocar fondo.
José Calvo | 10 de Marzo 2008


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