“… el capitalismo es algo vivo y dinámico…que se alimenta de las iniciativas de los seres humanos y que, por tanto, solo puede fenecer el día que la humanidad deje de existir”. Enrique Tovar, La Nación, 14-3-2008.
“Su antilección no morirá: nada contra la naturaleza humana. Dios lo sabe, Marx.” Julio Rodríguez, La Nación, 14-3-2008.
Recurrentemente se habla de los problemas de la educación. Ahora también se anuncia que se promoverá una educación reflexiva en vez de memorística, y que, en consonancia con eso, se dará mayor importancia a la ciencia y la tecnología. Los diversos diagnósticos y propuestas que formulan las elites intelectuales que fungen como voceros ideológicos de la oligarquía neoliberal gobernante, reinciden en un punto: el problema lo vive y lo sufre nuestra juventud. Chicos y chicas son, a un mismo tiempo, sus víctimas y su manifestación. Esta conclusión me recuerda la recomendación que reza: “los menores de edad deben ver esta película bajo supervisión y guía de los adultos”. En el primer caso se supone que esos adultos que elaboran tales diagnósticos y propuestas sí poseen una educación sólida. En el segundo se supone que esos adultos-tutores de los menores, sí poseen un manejo realmente maduro y autónomo de los problemas morales asociados a una determinada película. En ambos casos se reitera el adultocentrismo que menosprecia la capacidad de decisión y discernimiento de los jóvenes.
Esos supuestos son muchas veces falaces. Tan solo en relación con el tema moral, baste recordar algo que los estudiosos en la materia bien conocen: el altísimo nivel de represión de su sexualidad de que padece el común de la población costarricense adulta, cosa que la inhibe de emitir juicios fundamentados en temas morales vinculados al sexo. Mala guía podrían entonces brindarle a la gente más joven.
Similar con el tema de la educación. Con fines ilustrativos cito más arriba a dos articulistas de las páginas de opinión de La Nación. Ambos escriben sobre Carlos Marx y siendo quienes son, hacen lo que era de esperar que harían: quieren pasar por profundos conocedores de la obra y teorías de ese filósofo y científico social. En contradicción con tan presuntuosa posición, lo cierto es que su diatriba se agota en un solo punto: Marx predijo el derrumbe del capitalismo y éste no se produjo. Pero aparte esa predicción Marx también aportó riquísimos elementos teóricos para entender cómo funciona y evoluciona el capitalismo. Los señores de esto no se enteran, cosa que no les impide fingirse expertos en Marx.
Fea señal, sin duda. Es inherente al debate científico una regla elemental: no hablar de lo que no se conoce y, en particular, no hacerlo si no se dispone de alguna evidencia mínima que respalde lo que se está diciendo. Sin duda, no se respeta esa regla cuando se hace una burda caricatura de un pensador tan fértil como Marx. Y lo mismo valdría para cualquier otro grande del pensamiento: de Aristóteles a Smith a Freud a Foucault. Eso es algo que la educación -y en particular una educación que se dice tener contenido científico- debería enseñar. No parece ser el caso de la que estos sujetos recibieron.
Pero ese es tan solo un detalle entre otros. Volvamos sobre el tema de que, tratándose del discurso científico, éste debería, como mínimo, hacer el esfuerzo por aportar evidencia y, además, procurar que esta evidencia posea cierta coherencia interna. En otra parte de su artículo, uno de estos señores (Tovar) dice que el capitalismo sobrevivirá eternamente porque “…el mundo -la humanidad- siempre demandará bienes y servicios, esencia -sangre vital- del capitalismo”. La evidencia histórica demuestra que, por miles de años, la humanidad atendió a sus necesidades materiales (su “demanda por bienes y servicios”) sin que la producción estuviese organizada de forma capitalista ¿Cómo entonces emitir un juicio tan soberanamente temerario? El señor -los dos señores- simplemente especulan y lo hacen desde sus estrechas preferencias ideológicas, sin atención alguna a las evidencias disponibles.
En cambio -e intentando hablar en serio- lo que tenemos en claro son dos cosas: el capitalismo no se ha derrumbado pero, al mismo tiempo, los datos históricos muestran que es un sistema surgido de la compleja evolución histórica de la humanidad, en virtud de lo cual nada permite descartar la conclusión, muy razonable, de que pueda tener un fin como, en su momento, tuvo un inicio.
Esto se relaciona, de forma directa, con otra afirmación que estos dos deficientemente educados señores sustentan al unísono: capitalismo y naturaleza humana son una y la misma cosa. Bien se sabe lo complejo que resulta el debate acerca de si existe o no algo que quepa identificar como “naturaleza humana”. Excepto por la teoría económica neoclásica y sus arbitrarias abstracciones acerca del homo economicus, en general las ciencias sociales descartan -incluso como presupuesto epistemológico y ontológico de base- tal posibilidad. Pero supongamos amablemente que existe eso llamado “naturaleza humana”, una e invariable a lo largo de todas las épocas desde la aparición del homo sapiens sobre el planeta Tierra (y ni hablar de las otras especies que -dentro del género homo- existieron varias decenas de miles de años atrás) ¿Podría en todo caso eso autorizar una identificación -sin duda arbitraria y ligera- entre tal presunta “naturaleza humana” y el capitalismo? ¿Cómo explicar entonces todas las sociedades no capitalistas que han sido y que, aún hoy día, sobreviven aunque solo sea como expresión minoritaria?
Evidentemente estos dos intelectuales han recibido una pésima educación científica. Y, por cierto, no son chicos de 17 años. Pero la cosa no se agota ahí. Un problema típico que, por ejemplo, se manifiesta en el columnista de esta historia así como el periódico para el que trabaja, es su total incapacidad para ver la realidad como totalidad y, en consecuencia, su tendencia a quedar atrapados en fragmentos que ellos perciben dispersos e inconexos. Leer a Marx -y sobre todo entenderlo- ayuda a comprender en qué consiste ese problema. Esta es una de esas muchas cosas que, dentro de su obra, conservan interesante validez al margen de que el capitalismo se haya derrumbado o no. Sobre todo en estos tiempos cuando la crisis ambiental nos recuerda que, en efecto, nuestro mundo es uno y unitario. Pero ese es asunto del que, quizá, podamos hablar en otra oportunidad.
Luis Paulino Vargas Solís | 15 de Marzo 2008


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