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La guerra de los abrazos

Alfonso Chase | 17 de Marzo 2008

Los recientes episodios en América del Sur, que involucran a Colombia, Ecuador y Venezuela, nos muestran en estilo muy particular, en este tipo de conflictos, que exhiben retóricas altisonantes, acusaciones mutuas, bombardeos en territorio vecino, espionaje satelital, asistido, movimientos de tropas hacia las fronteras, todo cubierto de patrioterismo, exaltaciones nacionalistas, declaraciones como si fuera la tercera guerra mundial, pero sobre todo el exterminio lento, organizado, planificado y definitivo de las cúpulas guerrilleras que aún quedan, antes de que sus dirigentes murieran de muerte imprevista, y violenta, y no de viejos en sus camastros .

Tal vez muchos de nosotros podríamos haber exhibido el letrero del ¡basta! contra las FARC, si también se hubieran incluido letreros en contra de la oligarquía colombiana, una de las más frívolas y disipadas del mundo, contra los paramilitares, salvajes como tigres y codiciosos como chacales, otro letrero sobre las cúpulas militares, casi todas metidas en corruptelas y negociados, más otro contra todos aquellos que lucran con el dolor del pueblo colombiano, el ordinario y trabajador, escarnecen a sus intelectuales de primera línea, independientes y valerosos, o a los niños de la guerra, sometidos a disciplinas inhumanas, lo hemos podido comprobar casi en sitio, los jóvenes reclutas, por todos los bandos, para que sirvan de carne de cañón en una guerra que ya lleva casi medio siglo y que todos quieren solucionar, pero parece que no lo hacen con competencia y valoración histórica.

Indudablemente que nadie, en su sano juicio, puede imaginar siquiera el triunfo de la guerrilla y su desfile hacia la capital y las principales ciudades del país, en esas marchas de la victoria que tanto gustan algunos, y a todos los protagonistas haciendo gobierno, con banderolas y lemas, como hemos visto en los últimos cincuenta años cuando la esperanza parecía vivir en las bayonetas caladas o en las metralletas disparadas al aire. Es lógico que cualquier solución pasa por la negociación, o por el exterminio y la desmovilización de las fuerzas en conflicto, con la frecuente acción del asesinato de los ex guerrilleros que se incorporaron al proceso político partidista, en atentados selectivos que les impiden lograr el apoyo de los sectores del pueblo, que desean tenerlos como sus representantes.

En tiempos de la guerra fría todo esto tenía un sentido de lógica perversa, pues todo se reducía en destruir a las fuerzas de la izquierda, para combatir al comunismo, y mantener la democracia oligárquica, a la cual se votaba en dos partidos, herederos de todos los conflictos colombianos, y que supuestamente buscaban la paz para darse un respiro en la escalada de violencia.

El otro elemento en el paisaje es el del narcotráfico, en todas sus vertientes, y los millones de dólares que se manejan en su industria, que ha permeado a todas las capas sociales, incluidas las guerrillas, más los secuestros, selectivos y prolongados, que superan toda lógica, como una manera de presionar en las negociaciones para intercambiar prisioneros.

El bombardeo del 11 de marzo del campamento de las FARC hizo que la situación tomara otro rumbo. Primero: el abrir un espacio para una guerra posible y luego adentrarse a una crisis de imprevisibles consecuencias, al menos en el ejercicio de la diplomacia. Segundo: todo hizo que ese rumbo se detuviera al difundir, el gobierno colombiano, los comprometedores documentos procedentes del ordenador de Raúl Reyes, que fueron divulgados en tres niveles: prensa y medios de comunicación, unos, públicos, y otros que circularon en los ámbitos de la Unión Europea, la OEA, el Consejo de Seguridad de la ONU, y un legajo final que fue enviado, en su momento, a los gobiernos de Ecuador y Venezuela. La Operación Fénix actuó, entonces, como una especie de blindaje de papel, más efectivo que los hechos armados, las disculpas de Colombia o las movilizaciones de los ejércitos involucrados. Los adjetivos empleados por el presidente Hugo Chávez para con el mandatario Álvaro Uribe: paramilitar, narcotraficante, lacayo del imperio, criminal, subimperialista y mentiroso, en uno de sus actos de incontinencia verbal, se disiparon por la lectura de los documentos, de los cuales nadie duda en su autenticidad, y de la guerra verbal y las declaraciones altisonantes, o las disculpas, se dio paso a la guerra de los besitos y los abrazos, como ha sido llamada de manera casi humorística.

Todas las alertas militares, posibles o en proceso, dieron paso a una especie de reconciliación, en donde privaron más las razones de estado nacional, de los tres países, que el hecho de los bombardeos en sí, para dar paso a una especie de interregno en el cual se estudian los tres fajos de documentos, la correspondencia archivada, o el contenido de las tres computadoras decomisadas, algunos de los cuales se han remitido con carácter confidencial a los países involucrados y en que se demuestran las relaciones de las FARC con los gobiernos de Ecuador y Venezuela, en la implementación de un programa político, militar, financiero y de negocios abiertos, o encubiertos, para así fortalecerse en su plan estratégico, que también se divulgó.

Así que la diplomacia de la reconciliación y de los abrazos, o de besitos políticos, tiene una profundidad más honda de lo que parece y abortó un conflicto que hubiera sumido a la América del Sur en una movilización militar sin precedentes en la historia reciente.

El sueño del reconocimiento de facto a las FARC parece haberse esfumado con esta difusión de la papelería insurgente. Es claro que, debido a que entre 2004 y 2008, la captura de renombrados líderes de las guerrillas, en un total de diez, hace que se prevea una crisis interna, como lo demuestra el siniestro y horrible asesinato de Iván Rivas, hecho por su responsable de seguridad, para cobrar una recompensa de 5 millones de dólares y solicitar impunidad para disfrutarlos.

Lo que ocurre en Colombia parece responder a los estertores de un conflicto que tiene su origen desde hace muchos años y cuya principal víctima ha sido su pueblo, cercado por tres posibilidades: vivir la vida como si no estuviera ocurriendo nada, aceptar el problema de la insurgencia armada y la respuesta militar, o buscar una alternativa que de fin al conflicto, pues no todo son abrazos o palmadas, y que únicamente puede estar en la solución político electoral, mediante la construcción de un Proyecto Histórico Cultural que de paso a más de medio siglo de violencia. Pero el principal problema latente, yacente pero real, es el del narcotráfico y sus vínculos sociales. Esto merece otra opción de análisis, que haremos en otra ocasión. La diplomacia de los abrazos funciona, pero no todos tienen cerca a un político de la categoría de Leonel Fernández, que da instancia a semejante audacia para, también, darle un carpetazo a la papelería decomisada, previa circulación entre las cancillerías y organismos internacionales.

(La Prensa Libre)

Alfonso Chase | 17 de Marzo 2008

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