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Figuraciones sobre el Dalái

Paúl E. Benavides Vilchez | 30 de Marzo 2008

China invade el Tíbet en el año 1950, como parte de su colonialismo militar y del disciplinamiento político que demandaba el controlar zonas alejadas de Pekín. Igual lo hace con la región de Xinjiam, turcófona e islamizada. El gobierno de intervención en el Tíbet pone en ejecución un programa social, que al inicio tuvo el apoyo de las élites regionales, incluido el beneplacito del actual Dalái Lama. Pero en el año de 1954, una reforma agraria que tocaba la propiedad de la tierra, monopolizada por la casta feudal y por la jerarquía budista, provocó una ola de protestas que se radicalizó en todo el territorio del Tíbet. Hay que decir que la búsqueda de la perfección espiritual para llegar a Buda y los mantras cantados por los Lamas en el ascenso al nirvana, ocultaban un país feudalizado, en el que terratenientes y monjes tibetanos eran dueños de la tierra y la riqueza; impusieron el ulag como institución de trabajo forzado, y la mujer “nacida inferior”, debía rezar para reencarnar en varón. Pero eso no se dice. La sacralización que ha hecho occidente de la causa tibetana - especialmente los Estados Unidos - sólo ha presentado de manera interesada una parte de la historia.

En el año 1959, Tezin Gyatso, el decimocuarto Dalái Lama, heredero en línea directa del primer Lama, Gendum Drup (1391-1474) abandona el Tíbet para refugiarse en la India y fundar un gobierno en el exilio. De acuerdo con Jean Luc- Domenach, antiguo director científico de Sciences Po, la huída del Dalái a India en 1959 provocó una espantosa represión que duró veinte años. Las matanzas, los encarcelamientos masivos, las campañas de reeducación y la destrucción de templos y monumentos se incrementaron por el gobierno pro-chino. El Dalái, vestido de azafrán y de amarillo al abandonar su país, abandona a los tibetanos que no dejaban de resistir, pese al endurecimiento de la represión política y cultural. Si su prédica espiritual se sustentaba en la no violencia, como forma de oponerse al imperialismo chino en el Tíbet, ¿porqué no tomó la alternativa de quedarse para no dejar desamparado al pueblo tibetano? ¿La muerte para un Lama, es acaso motivo de preocupación? No lo creo. Algunos dirán que la acción diplomática ha traído resultados exitosos, ¿pero cuales son? Si Europa y Estados Unidos han invertido miles de millones de dólares en China, y no suspederán su presencia en los juegos olímpicos por ningún motivo.

No son de buen gusto las comparaciones, pero resulta inevitable preguntarse si la fuerza moral de Ghandi y su propuesta espiritual de lucha pacífica a través del satyagraha (búsqueda de la verdad por medio de la no violencia y del autosufrimiento) contra el imperio británico, hubiera tenido la misma fuerza moral con Ghandi fuera de la india.Cual seria la historia hoy, si Nelson Mandela hubiera tomado la alternativa de irse de Sudáfrica, doblegado por el dominio europeo, que aplicó con violencia la segregación racial a los africanos autóctonos. Es difícil pensar que Mandela haya sacado el coraje necesario para participar en política estando fuera de su país, como activista in exilio, lejos de arriesgar su vida frente los africaners, acostumbrados a apalear con gusto a cuanto africano se pusiera rebelde. Se puede decir algo parecido de Rosa Parks, la activista afronorteamericana que se resistió a dejar el asiento de un bus reservado solo para blancos; chispa que enciende la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos y que detona la conciencia del reverendo y doctor en teología, en ese momento joven, Martin Luther King.

Me resulta inexplicable cómo el Dalái Lama amenace con renunciar a su condición de líder espiritual del pueblo tibetano, si éste esta siendo reprimido y asesinado por el Ejército chino. Su excesiva actuación diplomática y la de su equipo de gobierno, han agudizado la represión política y militar contra su país, al que le pide que se porte bien, que reciba golpes con recato y paciencia. Es fácil predicar la resistencia pacífica cuando se está a salvo, cálidamente entre cámaras y micrófonos a cientos de kilómetros de distancia, muy lejos del lugar en donde muere gente todos los días, a nombre de la causa tibetana.

Paúl E. Benavides Vilchez | 30 de Marzo 2008

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