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China sigue siendo el principal verdugo del mundo

Raúl Marín | 17 de Marzo 2008

El planeta quedará fascinado con los juegos olímpicos chinos del 2008. Esos descomunales estadios y los otros gigantescos centros de competición han sido el resultado de la conjunción de la sabiduría y de la ciencia arquitectónica con el espíritu de la fastuosidad propia de los gobernantes orientales. Pero, detrás de ese escenario circense hay una despiadada realidad que niega los mínimos requerimientos para enormes sectores de esa sociedad de gozar, al menos, de los derechos humanos que garanticen el respeto a su dignidad.

Para erigir las infraestructuras olímpicas los obreros han venido de todos los rincones del inmenso país. Pues bien, estos trabajadores, en una nación que se precia de socialista -la campeona mundial, por lo demás, en ejecuciones de penas de muerte según Amnesty International y el diario Le Monde del 25 de junio de 2005-, han sufrido inhumanos vejámenes, como el no pago del salario que los deja sin sustento hasta por un año lejos de sus hogares y sin posibilidad de costearse el retorno, producto de las quiebras fingidas de las compañías constructoras extranjeras, mediando la indiferencia gubernamental.

De un año para otro, entre 80 y 90 millones de campesinos se instalan en las ciudades y en ellas está surgiendo una pobreza de otro signo. De hecho, mientras las personas de bajos ingresos representan el 20% de los residentes urbanos, ellas apenas poseen menos del 3% de la riqueza de las ciudades.

De los 1.300 millones de habitantes con que cuenta el país, 800 millones viven en condiciones más que precarias en las áreas rurales. Además, el problema del desempleo es alarmante pues la cifra de nuevos empleos serviría tan sólo para cubrir la mitad de la oferta laboral, según el periódico China Daily del 14 de febrero de 2006.

El propio primer ministro Wen Jiabao ha confesado en su último informe a la Asamblea Popular Nacional: “percibimos profundamente la distancia nada desdeñable que todavía media entre la labor del Gobierno y las exigencias que le plantea la situación y las expectativas que en él deposita el pueblo”.

No obstante, para la acomodadiza política exterior estadounidense China -con leve apertura comercial- ya no estará en la primera lista de los estados violadores sistemáticos de los derechos humanos, según el informe 2007 del Departamento de Estado, de modo que estaría integrando una segunda lista, junto con Venezuela, Nigeria, Tailandia, Egipto y Kenia. Pese a ello, ese documento recoge escalofriantes apreciaciones sobre este cardinal tema, señalando que en dicho país los gobernantes “continúan negando a sus ciudadanos derechos humanos y libertades fundamentales básicas” (AFP). También se indica de casos de tortura y del control abusivo de la natalidad. Agregándose, “El gobierno continuó vigilando, acosando, deteniendo y encarcelando a periodistas, escritores, activistas y abogados, así como a sus familias, quienes en su mayoría solo buscaban ejercer sus derechos previstos en la ley”.

El informe de Amnistía Internacional (AI), denominado, China: La cuenta atrás para los Juegos Olímpicos: Un año para cumplir las promesas en materia de derechos humanos, de agosto de 2007, se centra en cuatro áreas: la pena de muerte, la reclusión sin juicio, el abuso contra los activistas de los derechos humanos y la libertad de prensa. Para Irene Khan, Secretaria general de AI “China sigue siendo el principal verdugo del mundo” y según Human Rights Watch, China constituye una de las principales preocupaciones a nivel mundial por su falta de progreso en materia de derechos humanos.

Por su parte, el Parlamento Europeo, mediante el documento de la sesión final del 20 de julio de 2006 sobre las relaciones Unión Europea-China, enfatiza en el quebranto por parte de esta de los derechos humanos. El documento en comentario es muy preciso señalando las violaciones chinas a la dignidad humana, baste como ejemplo lo acordado en el numeral 55: “Condena, en particular, la existencia de campos de trabajo laogai a lo largo del país, en los que la República Popular China detiene a activistas defensores de la democracia, activistas sindicales y miembros de minorías sin un juicio justo, obligándoles a trabajar en circunstancias atroces y sin tratamiento médico; expresa su profunda preocupación por el hecho de que los presos de los campos laogai se vean obligados a renunciar a su libertad religiosa y a sus opiniones políticas, de que aún se lleven a cabo ejecuciones en esos campos, y de la extracción ilegal de órganos de los prisioneros ejecutados; se muestra preocupado por el hecho de que los Estados miembros de la UE puedan importar cantidades considerables de bienes producidos o fabricados parcialmente en régimen de trabajo forzoso en los campos laogai chinos…”

Ojalá que los próximos juegos olímpicos permitan enfatizar sobre esos temas y que no sirvan de pretexto para un inhumano enmascaramiento.

Raúl Marín | 17 de Marzo 2008

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