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Cargo cult

José Calvo | 6 de Marzo 2008

Don Armando Vargas que es un hombre muy bien informado y conoce mi posición de que el paradigma del mercado global de consumo es imposible por el límite ambiental, me ha enviado un artículo del Sr. Jared Diamond del New York Times (Enero 2, 2008) que dice lo mismo: “Prometemos a los países subdesarrollados que si solo adoptan la economía del libre mercado ellos también gozarán del estilo de vida del mundo desarrollado. Esta promesa es imposible, un engaño cruel: tenemos dificultades para sostener nuestro estilo de vida desarrollado ya mismo para solo mil millones de personas”.

También contiene el artículo del Sr. Diamond otra de mis propuestas recurrentes: el establecimiento de un coeficiente personal de impacto ambiental según el consumo, que todos estemos obligados a exhibir para acabar con el fariseísmo ambiental. Esto lo he propuesto en varias reuniones de fariseos sin que se me hiciera ningún caso.

El artículo del Sr. Diamond comienza señalando que el consumo per cápita en los países ricos es 32 veces más grande que el de los países subdesarrollados, y que si solo China alcanzara ese nivel de consumo, habría que disponer del doble de petróleo y de metales. No menciona que China compite también con el mundo subdesarrollado por los excedentes alimentarios de los países ricos que nosotros importamos por “ventaja comparativa”, y que por eso los precios de los alimentos en el mercado internacional han aumentado tres o cuatro tantos, poniendo a la FAO en apuros para hacer unos cupones que ayuden a los agricultores campesinos del mundo a producir sus alimentos, y buscándolos como partenaires en una danza incongruente, donde antes no los querían ni pintados. ¡Y lo advertimos tantísimas veces! ¡La Seguridad Alimentaria un concepto trasnochado!. Pero ¿qué puede aprender un hombre en West Point si no aprende nada uno que estudia economía en Inglaterra? (Seguro hasta con beca).

Diamond dice sin embargo que eventualmente los países subdesarrollados alcanzarán el nivel de consumo de los países ricos; lo cual es imposible según él mismo acaba de decir; algo que me recuerda el optimismo sostenibilista de Al Gore. Solo que como lo dice después de que advierte que los países ricos tendrán que moderar su consumo, pues a lo mejor se refiere a ese nivel. Pero racionamiento nadie quiere, y menos el paradigma del mercado. No lo quieren ni los que combaten ese paradigma por la propiedad de los medios de producción, pero no la producción misma; lo que no resuelve nada.

También piensa el Sr. Diamond que el terrorismo se debe al nivel de desequilibrio espantoso en la distribución de la riqueza mundial, y que se volverá peor si se sigue combatiendo incorrectamente como ahora (igual que se combate incorrectamente la droga). Me recuerda la gran preocupación de nuestros políticos para combatir la “delincuencia común” en un país donde no se castiga la corrupción, que es también delincuencia y tan común como el bajonazo, y donde la gente vive en condominios enrejados o en tugurios precaristas.

El Sr. Diamond habla del calentamiento del planeta como si este tuviera una causa humana, como Gore, pero advierta usted que la promesa del paradigma del mercado global sería más absurda si el calentamiento tuviera una causa cósmica, porque señalaría que estamos planeando a largo plazo sin advertir que vivimos en un veranillo insostenible. En materia del ambiente nuestra torpeza es tan grande como la de la gente que se empeña en engañarse. “Contigo se sincero” le dice el papá a Macbeth, sabiendo lo difícil que es. El desarrollo sostenible es hoy día un artículo de fe, y no tiene fundamento, porque desarrollo es crecimiento, y como este tiene necesariamente un límite, no puede ser sostenido. Pero trate usted de objetar esta falacia y se topará con una absoluta intransigencia; que yo atribuyo a que todos queremos seguir consumiendo independientemente de nuestra ideología.

Pero lo que se objeta a diestra y siniestra del paradigma de la revolución científico-industrial no es su producción insostenible, sino quién es el dueño de los medios de producción. El colmo es que los grandes empresarios hayan cogido el concepto del sinergismo que ocurre en algunos fenómenos naturales, donde el efecto de dos factores mezclados es mayor que la suma de sus efectos independientes; y digan que el ambiente se mejora con el crecimiento económico: lo que llaman sinergia.

La referencia a nuestra tendencia consumista recuerda el libro del Sr. Diamond (Guns, Germs and Steel WNorton and Company. New York, London), que don Armando me ofreció y que yo leí cuando se publicó: una investigación que el autor empezó por la pregunta de un nativo de Nueva Guinea: “¿Porqué nosotros no tenemos cargo?” Lo que el Sr. Diamond, sabiendo que cualquier niño de Nueva Guinea es capaz de identificar correctamente miles de especies de plantas y animales, no podía contestar con la respuesta estándar europea o americana: “porque ustedes son inferiores”. Cargo es toda la producción industrial que aquellos nativos conocieron durante la guerra; lo que traían los barcos y los aviones, y desapareció de su vida cuando el conflicto terminó: herramientas de hierro, armas, ropa occidental, cigarrillos Lucky Strike, Coca Cola, whiskey, medicinas, hamburguesas, radios, rocolas, carros, motos, bicicletas, cine, burdeles, etc: Todo lo que sus soldados necesitaban. Lo que todo el mundo quiere. Lo que causa la contaminación ambiental y el agotamiento de los recursos. Lo que es tan impopular combatir. Lo que no todos se pueden permitir. Lo que necesita “empleo de calidad”. Y lo que no necesariamente contribuye a mejorar la calidad de la vida.

Diamond, a quien el artículo del New York Times identifica como geógrafo, estaba en Nueva Guinea estudiando las aves, y se enfrascó por la pregunta del nativo en un estudio de las civilización que lo llevó a escribir el libro referido, desempeñándose al mismo tiempo como antropólogo e historiador, y haciendo la observación de que los habitantes de la Fértil Media Luna encontraron el mejor ambiente después de la glaciación: tierra fértil, clima moderado, minerales, y casi todas las especies domesticables. Además de la orientación Este-Oeste del Asia que hizo posible extender aquella cultura desde el Mediterráneo hasta la China; condición de que carecen América y África. Y está también la observación de la conducta de conquista de la especie: que la cultura más desarrollada acaba conquistando a la menos desarrollada; a veces exterminándola. Una conducta que con seguridad no hemos superado, y que muy bien puede estar usando ahora el vehículo del libre comercio y el TLC, como usó antes the Maxim gun.

José Calvo | 6 de Marzo 2008

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