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480.000 brujas

Luis Paulino Vargas Solís | 26 de Marzo 2008

Apareció la caja fuerte y, con esta, muchos miles de dólares que pertenecen a las FARC. Supongamos que eso es cierto, o sea, que, en efecto, existen los dólares y que, en efecto, estos son de la FARC. Vista las cosas desde la perspectiva del pluralista movimiento ciudadano surgido del Movimiento del No, lo que debería interesar es sacar las conclusiones pertinentes, que se desprenden de lo que están diciendo y haciendo los representantes de la oligarquía. No sentirnos intimidados por más que, sin duda, este régimen despótico invite a diario a la preocupación. Sí, en cambio, aprender de todo esto.

1) La ingenuidad no libera de la responsabilidad.

En lo personal no conozco a la pareja de académicos universitarios involucrados en este asunto y, a lo sumo, he leído algunos valiosos trabajos de don Francisco Gutiérrez. Nada personal, por lo tanto, me podría llevar a hablar ni a favor ni en contra de ellos. Si ellos afirman que lo que hicieron lo hicieron con buena intención y hasta con una dosis considerable de ingenuidad, diré que les creo. Pero advierto: ni la buena intención ni la ingenuidad liberan a nadie de la responsabilidad por lo hecho. Y conociendo el origen de lo que tenían y la involución política que han sufrido las FARC, mantener bajo su custodia esa caja resultaba, en el mejor de los casos, una acción imprudente. (Bien sabemos que esa involución de la guerrilla colombiana es parte de un proceso más amplio: el retroceso general de la situación política-militar de ese país, cosa de la cual son partícipes y responsables directos los gobiernos de Uribe y Bush. Sabemos, también, que la prensa de Costa Rica oculta, con total alevosía, esa realidad. Pero eso es otra cosa, distinta de la que aquí discuto). Todo esto se agrava con motivo del desacierto de su salida ante la prensa. ¿O acaso alguien está todavía dispuesto a alegar ignorancia en relación con la naturaleza patológicamente retorcida de las corporaciones mediáticas de Costa Rica? El problema principal no es que estos dos respetabilísimos académicos le hayan entregado a la prensa material adicional para que ésta alimente sus ansias infinitas de manipulación. Lo más grave es que con ello le han facilitado el trabajo sucio que quieren hacer y mediante el cual intentan enlodar a personas que nada, absolutamente nada, tienen que ver con la cosa. Esto simplemente ratifica lo que ya alguna gente ha entendido: a estas corporaciones mediáticas jamás se les da declaraciones ni se les acepta invitación alguna a nada. Hacerlo es prestarse a su juego y entregarles material para que alimenten la correntada de su desinformación.

2) El memorando Casas-Sánchez conserva plena validez.

La campaña del terror y la suciedad no se terminó el 7 de octubre. Seguirá porque la oligarquía costarricense definitivamente renunció a todo escrúpulo democrático, y hoy tan solo le interesa imponer su proyecto sin admitir limitación ni atenuante alguno. Por ello, ninguna oposición es tolerada. Por ello cualquier expresión de disenso es perseguida con el afán expreso de aplastarla. La vulgaridad sin límites de la columna de Julio Rodríguez del 24 de marzo lo atestigua con inigualable elocuencia. Apostemos que, dentro de poco, Rodolfo Cerdas será sacado de La Nación, ya que su línea -bastante independiente y responsable- resulta hoy día insoportable en ese medio. Recordemos que, por menos que eso, sacaron a Edgar Espinoza.

3) Esta es una dictadura de la oligarquía neoliberal, no de los Arias.

Baste observar la forma como se conciertan mensajes: La Nación o Telenoticias o Repretel o Columbia o Monumental o las cámaras empresariales, además del mismo gobierno de Arias. Es una voluntad en la que confluyen fuerzas mucho mayores que el “team” de los hermanos Arias y la cual se orienta en un solo sentido: destruir cualquier oposición, desde el PAC y el movimiento socialdemócrata a los comités patrióticos o las organizaciones empresariales nacionalistas.

4) La importancia de la unidad del movimiento ciudadano y su reinvención como actor con verdadera vocación de poder.

Si de algo debiera servir esta tristísimo cacería de brujas, es para recordarnos qué es lo verdaderamente importante en estos momentos históricos. Hay gente que parece gustosa de permanecer empantanada en detallitos accesorios y discusiones sobre minucias o bien enredados en principismos abstractos, por completo ajenos a las realidades de nuestra sociedad. Hay gente que cree que lo único importante es demostrar que ellos y ellas son los únicos que tienen la verdad y, además, los únicos verdaderos patriotas. Hay otros que aún no logran desprenderse de esa inseguridad que los lleva a intentar hacerle la masa-aguada a los oligarcas y concurrir a sus falsas convocatorias al “diálogo”. Hay, en fin, un desperdicio lamentable de energías. O sea, y en resumen, algo así como una especie de complejo que conduce al auto-empequeñecimiento: pareciera que se tiene temor, o falta de deseo o falta de decisión, para rehacernos como un Movimiento Ciudadano -así con mayúscula- en capacidad de verse a sí mismo como actor con vocación y capacidad para tomar el poder y liderar la construcción de una nueva Costa Rica. Y, por cierto, no tan solo tomar el poder político-institucional, sino el poder en la multiplicidad de sus expresiones y espacios y niveles.

Esta cacería de brujas nos recuerda que esta oligarquía no solo es angurrienta, sino también inescrupulosa. Y hacen y seguirán haciendo lo que les da la gana. Dos razones se los posibilita: porque acaparan mucho poder en sus manos y porque nosotros no estamos siendo capaces de construir los contrapoderes que los detengan. Y, por favor, desmitifiquemos esto: el poder que tienen no es producto de un conjuro divino y, en todo caso, depende de condiciones que podrían cambiar. Algunas de esas condiciones no están a nuestro alcance, pero otras sí. Sobre estas debemos trabajar entendiendo que la unidad de nuestro movimiento es punto de partida y requisito indispensable para llevar adelante nuestro proyecto político, el cual, además, debe construirse desde nuestra propia realidad histórica. Nuestro movimiento ha ser radicalmente democrático, pacifista e inclusivo -revolucionariamente democrático, pacifista e inclusivo- pero con una orientación definida hacia el ejercicio del poder y el liderazgo, porque no de otra manera podremos convocar a nuestro pueblo.

Concluyo con una pregunta: ¿queremos seguir jugando a los pobrecitos que resisten el dolor de sufrir el yugo neoliberal, o de una buena vez nos ponemos adultos, nos hacemos cargo de este país y, con la generosidad, el desprendimiento y la decisión necesarias, nos aprestamos a construir los instrumentos y mecanismos de poder que tal cometido demanda?

Luis Paulino Vargas Solís | 26 de Marzo 2008

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