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Y de nuevo: soñar con los pies en la tierra

Luis Paulino Vargas Solís | 23 de Febrero 2008

Se agita en el Movimiento Ciudadano la ansiedad y la aspiración por lograr construir una alternativa política que sea viable, es decir, que tenga posibilidades de enfrentar exitosamente al neoliberalismo. Alguna gente parece resolver el asunto de forma retórica y voluntarista: todo lo reducen a una convocatoria exaltada a la insurrección callejera. Otros pensamos, sin embargo, que Costa Rica es cosa compleja y que, en consecuencia, demanda respuestas más elaboradas.

¿Qué hay y qué viene?

Enfrentamos una realidad que define un punto de partida inevitable: tenemos lo que tenemos y desde ahí hemos de trabajar. Cualquier otra cosa es simple voluntarismo sin mejor asidero que las buenas intenciones de cada quien. Y lo que tenemos se bifurca en dos grandes componentes: de un lado, un movimiento ciudadano vigoroso, creativo, politizado, sumamente pluralista y diverso; del otro, una gama, más o menos dispersa o fragmentada, de organizaciones partidarias que, en la mayoría de los casos, son proyectos de partido antes que partidos constituidos. Quizá el PAC es el único que alcanza estatus de tal.

En síntesis, somos ricos en organización ciudadana, pero enclenques en el ámbito político-partidario. Y esto último vale también para el PAC, ya que su armadura organizativa resulta insignificante para enfrentar lo que se les viene encima, es decir, las elecciones de 2010.

El panorama para estas elecciones me lo represento en los términos siguientes: una vez más los partidos oligárquicos se dividirán a lo largo de líneas que nada tienen que ver con lo programático e ideológico, cuanto más bien están trazadas en función de intereses y ambiciones personales, familiares, de amigos y “socios”. Esa división dará lugar a unas cuantas escaramuzas y ataques personales. Eso sí, prevalecerá un hecho básico: las oligarquías costarricenses se han unificado sólidamente alrededor de un proyecto de transnacionalización de la economía, al cual han apostado prácticamente la totalidad de sus intereses (el TLC y su agenda de implementación lo ratifican con ruidosa elocuencia). Saben muy bien que esto demanda mantener el control de los mecanismos políticos y de la institucionalidad pública-estatal. E igualmente saben que para ello deben definir claramente su candidato y su partido, tal cual lo hicieron con Arias y el PLN en 2006. Guevara podrá vociferar y pavonearse y el PUSC sacará algún candidatillo de gris catadura. Resultan útiles para fingir diversidad de posiciones. Sin embargo la oligarquía -el poder económico, el poder mediático, los mecanismos público/institucionales bajo su control, incluido el Tribunal de Elecciones- se alineará a favor de su candidato y su partido. Apostemos que el PLN será el partido y un delfín de Arias el candidato.

¿Jugar con las reglas?

Frente a esto, las opciones del pluralista contingente social opuesto al neoliberalismo se estrechan. Podemos ir dispersos en varios partidos, o podemos intentar unificarnos en una alianza amplia y pluralista. Lo primero, tengámoslo claro, implica entrar al juego electoral atenidos estrictamente a las reglas que fijan los poderes oligárquicos establecidos. Lo segundo conlleva un esfuerzo por activar contrapoderes que rompan con la lógica siniestra que imponen esas reglas. Intentaré explicar lo que acabo de decir.

Al entrar fragmentados en varios partidos, lo que se planteará, sin más, es la típica competencia electoral “partido contra partido”, que, en las condiciones actuales que vive Costa Rica, sería, en realidad, “partidos alternativos fragmentados contra poderes económicos, político-institucionales y mediáticos concentrados”. No será el PAC contra el PLN -para ponerlo en los términos que seguramente imaginan algunos en el PAC- sino el PAC contra la alianza de esos tres grandes núcleos de poder bajo control de las oligarquías. Y el PAC, por cierto, librado a sus propias limitaciones y a sus recurrentes desfallecimientos y vacilaciones.

Esto último ha quedado ratificado con motivo del esfuerzo de oposición realizado por el PAC frente a la tal agenda de implementación. Han dado una lucha muy dura y han sido brutalmente golpeados por una campaña infame, frente a la cual, sin embargo, no han tenido capacidad alguna de respuesta. O, mejor dicho, la única respuesta que a fin de cuenta lograron articular, ha implicado admitir la propia debilidad. Se reúnen con Arias, retornan al “buen comportamiento legislativo”, se ganan algunos benevolentes comentarios editoriales de La Nación, y para justificar todo esto se escudan en el usual principismo reglamentista que sus liderazgos imponen. No dudo, ni por un momento, de la valentía y honestidad de los 16 diputados y diputadas del PAC. Lo que afirmo es que, como organización política, el PAC es débil y esa debilidad inevitablemente arrastra a sus diputados.

Surgen entonces algunas preguntas inevitables: ¿está el PAC conciente de su propia debilidad? ¿Tendrá el PAC la generosidad y humildad necesarias para tender la mano y abrirse al diálogo respetuoso con otras expresiones políticas y ciudadanas? Y, en fin, ¿tendrá este partido conciencia acerca de la enorme responsabilidad histórica que esto conlleva?

Innovar las reglas y descomponerles el ajedrez

He dicho que enfrentar las elecciones del 2010 cada quien por su cuenta es jugar el juego que las oligarquías diseñan y manejan. Queda la otra opción: construir la unidad desde lo diverso y, así, llevar adelante una alianza política amplia y pluralista que tenga la fortaleza de subvertir, o por lo menos retar y debilitar, las reglas de la oligarquía y, al mismo tiempo, de innovar creando nuevas formas de jugar el torneo electoral.

Dije que las reglas de la oligarquía ponen a competir a los partidos de raíz ciudadana -PAC incluido- con los poderes económicos, mediáticos y político-institucionales bajo control de esas oligarquías. Todo muy a conveniencia de ésta. Crear una fuerza política alternativa que se unifique alrededor de un programa mínimo rompe con esa lógica porque introduce nuevos elementos y nuevos actores en el juego.

Intentaré explicar esto último. Al consolidar una alianza política amplia y pluralista, lo que estaremos buscando es que esta alianza se alimente del gran Movimiento Ciudadano surgido de la lucha contra el TLC. No puede ser -insensato sería tal cosa- que sea una organización político-partidaria ajena o independiente de esa ciudadanía organizada. Muy por el contrario, debería estar abierta a esta ciudadanía, enriquecida y fortalecida por ésta y bajo su escrutinio directo y permanente. Ahí ya tendríamos en embrión, pero en pleno movimiento evolutivo, toda una nueva forma de democracia. Pero ello es importante también por una razón más inmediata y pragmática: solo de esa forma podríamos convocar y poner en marcha toda la fuerza organizativa, de comunicación, información, educación y movilización que este Movimiento Ciudadano ha demostrado poseer.

Entonces, la competencia electoral dejaría de ser entre un conjunto disperso de partiditos alternativos frente a los poderes concentrados de la oligarquía, para ser un enfrentamiento entre estos poderes y un vasto movimiento -nuestro Movimiento- que será, en un mismo proceso, un movimiento político-partidario y un movimiento cívico-ciudadano.

Se parece mucho a lo que ya hicimos en la lucha contra el TLC, cuando, con incomparable creatividad, construimos nuevos espacios de poder por completo autónomos respecto de los poderes oligárquicos. Introdujimos, así, nuevas e inéditas reglas de juego y, al hacerlo, descompusimos el ajedrez que ellos venían montando y pusimos en jaque a los millones y millones de dólares que los oligarcas criollos -coaligados con transnacionales y gobierno gringo- pusieron en juego.

Lo novedoso es que ahora aparecerían, a la par de la ciudadanía organizada, una alianza político-partidaria unitaria. Y, por otra parte, la ventaja es que ahora atesoramos experiencias -incluso errores- acumulados a lo largo de esa gesta luminosa contra el TLC. Sacarle jugo a esa experiencia permitirá afinar nuestro accionar, de forma que pueda ganarse a pesar de todas las manipulaciones y triquiñuelas que las oligarquías, gustosas y dedicadas, querrán hacer.

Algunos dirán que esta propuesta tiene el defecto de enfocarse en un objetivo electoral de corto plazo. En cambio yo diría que, como Movimiento Ciudadano, tenemos la capacidad para hacer que esta sea una propuesta de largo plazo que emprende su marcha enfrentando un objetivo cercano: las elecciones del 2010. Y, por otra parte, los que proponen como única alternativa la insurrección callejera deberían, cuanto menos, poner en claro algunos detalles: ¿existen condiciones para que tal cosa se dé? ¿Es posible unificar las fuerzas sociales y políticas alternativas al neoliberalismo alrededor de tal estrategia? Y, finalmente, y una vez pasado el incendio callejero, y suponiendo con optimismo que se logre que lo que se pretende ¿Qué sigue, qué hacemos, qué construiremos? O dicho de otra forma: nuestros niños y niñas tienen derecho a su ración diaria de leche y nuestros hombres y mujeres a un trabajo decente ¿Cómo garantizaremos que lo tengan?

Luis Paulino Vargas Solís | 23 de Febrero 2008

5 Comentarios

* #2982 el 23 de Febrero 2008 a las 10:15 AM Jorge Crespo dijo:

Pienso, al igual que usted, que solo un objetivo de unidad puede inaugurar una nueva mistica de trabajo y resistencia, incluso mas alla de las elecciones del 2010. Un paso inevitable sin el cual solo tendremos derecho al romantico berrinche y a la resistencia erotica y “creativa”.

Crear, en esta nueva coyuntura, significa unir esfuerzos y hacerlos efectivos, de modo que el fastidio que en la actualidad causamos a los privatizadores a ultranza, se convierta en temor y, a la postre, en respeto. Respeto que no significa aprobacion simpatica y patriarcal, sino reconocimiento de una fuerza diferente, amenazante y justa.

Nuestra divesidad es un rico caldo de cultivo para hacer de este objetivo algo inedito y posible. Lo digo porque la gente que se opone a este proyecto de apertura sesgada ama la libertad, pero tambien ama la lucha contra lo que consideran un atropello y una imposicion.

No podemos dejar que la tristeza, el resentimiento y la impaciencia nos quiten la vision de largo plazo, donde las diferencias tendran que encontrar cauces comunes para lo que tendra que ser la refundacion de un nuevo estado social de derecho que incluya, tambien, a los que en la actualidad solo piensan en los beneficios de su propia billetera: una Costa Rica para todos.

* #2987 el 23 de Febrero 2008 a las 11:04 PM Arnoldo Valverde G. dijo:

Luis Paulino, reconociendo siempre su capacidad analìtica. Totalmente coincido con todas sus apreciaciones, no veo otra ruta para enfrentar los poderes establecidos que drenan nuestra querida Patria para algunos pocos. Cordialmente,

* #3001 el 24 de Febrero 2008 a las 09:36 PM Walter Coto dijo:

Luis Paulino : Hace rato es Usted uno de los pocos sensatos que pone la razòn sobre el hìgado y con su anàlisis enriquece una estrategia inteligente. Mi duda es que ademàs no hay generosidad de la dirigencia polìtica de los movimientos sociales y partidistas para entender que los grandes cambios se hacen desde el poder, lo demàs es mera presiòn, y que la lucha callejera y la desinformaciòn interna para destruirnos, es tan nefasta como la de lado de enfrente. En el pasado, cuando salì de Liberaciòn vì muy claro que la alianza de fuerzas bajo un programa comùn era lo ùnico sensato para avanzar en la determinaciòn de ejecutar otras ideas en el paìs, y luchè por ello, con oidos sordos del PAC entre muchos otros actores , partidos y fuerzas sociales. Otòn por ejemplo, ha perdido dos veces por porque nunca quizo unirse a nadie, pero la alianza de fuerzas quizàs tenga su hora algùn dìa. Por ahora y con las condiciones actuales, Liberaciòn Nacional es el ùnico partido que se apresta a ganar nuevamente, y cuidado, si no lo hace con mayor margen que en el 2006.

* #3024 el 25 de Febrero 2008 a las 11:29 AM Rigoberto Aguilar Solis dijo:

Coincido totalmente con sus analisis.

* #3033 el 25 de Febrero 2008 a las 04:51 PM Luis Fdo. Barrantes dijo:

Estimado don Paulino, en general coincido con su análisis de la situación, salvo por un asunto que realmente me preocupa y que lo menciona el Señor Walter Coto en su comentario y es que en este país no tenemos cultura para las alianzas políticas que aspiren al poder. Sobre todo en el sector social y en las “izquierdas”, la posibilidad de alianzas, siempre se han quedado en los sectarismos. El PAC, por su parte también puede caer en el error que don Walter menciona en el comentario señalado.

Ahora mismo, están rompiendo los fuegos electorales y lo que vemos es un esfuerzo por articular alrededor de “mis ideas” de “mi propuesta de unidad electoral nacional” sin tratar, con verdadera autocrítica y reconocimiento de la realidad nacional, de plantear una alianza que tenga alguna viabilidad en esa oposición tan dispar que constituimos.

En lo personal creo que la posibilidad de una alianza táctica en lo electoral, pasa primero por conformar una alianza estratégica en algo más que el proceso electoral. Como usted lo menciona, la alianza debe ser en el largo plazo y ahí es donde se pone difícil la cosa. ¿Cuantos proyectos de país tenemos?, Pienso, sin entrar en una discusión más profunda de esto, que sería “relativamente” sencillo ponernos de acuerdo en la necesidad de convocatoria a una constituyente. Una alianza de la oposición por una constituyente, es viable para todos los sectores de ese movimiento ciudadano que usted visualiza.

Ese puede ser el lubricante que necesitamos. Pienso que ahí nos podemos ver más fácilmente todos. Debemos tener presente que la institucionalidad de este país está prácticamente secuestrada y debemos plantearnos con claridad, ahora sí, la necesidad de revisar en forma correcta, nuestra constitución política.

Para ir a una constituyente de calidad, necesitamos en el poder político a un gobierno en alianza con nuestro movimiento. Así que si nos comprometemos en esa causa, vamos a estar claros que estamos haciendo una apuesta muy grande, como para ponernos con mezquindades.

Una opción válida sería, pedir a todos los partidos políticos de este movimiento firmar una carta de compromiso de apoyo a la constituyente y algún otro punto en que hubiera consenso nacional.

Luego ser lo suficientemente tolerantes como para aceptar que un grupo (o todos los grupos que hay en la actualidad como el PAC, PASE, y FA.) dentro de la alianza decida participar con sus propios candidatos y aún así estar dispuestos a articularnos alrededor del grupo que tenga mayores opciones de pelear el triunfo electoral. (La alianza debe ser por ideas y no por personas) Si no tenemos la capacidad de deponer los intereses personales, por lo menos debemos tenerla para optar por el “mal menor”; muchísimo mejor que dejar nuevamente el país en manos de los Arias y su séquito, qué es lo que en la práctica, hemos venido haciendo por lo menos en los últimos 30 años.

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