A Sócrates no le dieron la cicuta por los Diálogos, que habrían molestado a quienes se atrevían a discutir con él el significado de las palabras, lo que conservamos. El hombre era un tábano cuyas críticas molestaban a las autoridades, y desgraciadamente de esa labor tan importante no guardamos nada. Lo que decimos un hombre “incómodo”. Yo me lo imagino como una especie de Carlos Roberto Loría con su Campanada, de doña Flora Fernández con su Costa Rica Solidaria, o del periódico Universidad, denunciando solitariamente la mala conducta de sus conciudadanos poderosos; y por eso no lo querían. Aquí no los condenan a muerte oficialmente: los aíslan diciendo “no le hagan caso a ese majadero”, o los mandan a matar, como a Parmenio.
A mi me habían hablado pestes de don Carlos Roberto Loría, a quién conocí en una actividad anti TLC en la Sala de Expresidentes de la Asamblea, y no encontré en sus Campanadas nada que sustanciara la condena. Están bien escritas y son necesarias: es ciertamente una vergüenza que haya pensiones de lujo en una sociedad tan pobre como la nuestra, donde la mayoría de los ancianos muere en la miseria, y de ajuste en una sociedad que presume tanto de su sensibilidad social. Y si hubiera calumnia en los cargos que hace el señor Loría a los hombres públicos cuyas acciones se deben exponer, especialmente si son malas, estos tienen a mano las leyes mordaza para castigarlo. Y ya las hubieran usado si no estuviera diciendo la verdad con valor; con nombres y apellidos, como él reconoce que se debe hacer. La afluencia repentina se debe explicar, y las personas que optan por la vida pública no pueden tener vida privada; menos cuando esta ayuda a explicar sus acciones.
Yo mismo he sido objeto aquí de dos juicios por difamación y calumnia “contra persona y contra empresa”. Uno porque acusé de inmoral el procedimiento de un programa de televisión que abusó de mí y de mi sindicato pidiéndome un comentario público por teléfono sobre nuestra gestión para facilitar el registro de genéricos, sin advertirme que pondrían después a un afiliado nuestro que estaba contra esa gestión. En este la demandante desistió cuando todos los miembros del Comité Ejecutivo de UPANACIONAL mandaron la misma carta pidiendo ser incluidos en la demanda. Y otra porque escribí una carta a la oficina del Ministerio de Agricultura responsable entonces del cultivo orgánico, entre otras cosas (y famosa por la corrupción), denunciando el fraude de un exportador de banano químico como si fuera orgánico, quien invadió mi finca. Le pasaron una copia de mi carta al delincuente para que me demandara. Pero este finalmente no se presentó al juicio ni a la posposición, cuando vio que yo quería un exposé que no dejara títere con cabeza aunque me condenaran. Aún así, el tipo hubiera continuado aquí con su operación fraudulenta, si yo no hubiera llevado mi denuncia a Alemania que era su mercado, donde le cancelaron la licencia después que una revista vino a investigar y sustanció mi acusación. El cargo por difamación era la propia denuncia, y el de calumnia era porque yo había dicho que el tipo era un certificador -lo que él mismo me había dicho- y me había mentido. Si usted dice que un tipo se robó un millón de colones cuando se robó solo medio millón, eso es calumnia. ¡Y se alega que las leyes mordaza son para proteger el honor de las personas! Por eso no se puede combatir la corrupción.
Yo admiro al que se atreve a denunciar las cosas incorrectas, como los correos de doña Flora Fernández, y como la reciente carta de don Mariano Figueres explicando las razones del cambio de bancada de la diputadita, quien desde hace tiempo se viene codeando con los G38. O como las Campanadas que tanto mortifican a los que tienen pensión de privilegio. O como los reportajes del periódico Universidad que tanto mortifican a doña Joyce; a las diputadas oligárquicas que se ven con los jueces a escondidas e imponen la Agenda Complementaria; y a los ricos industriales que culpan al periódico de ser parcial con fondos públicos: cuando los contribuyentes pagamos los impuestos que lo financian, pero no los industriales, quienes después de 50 años siguen recibiendo nuestros subsidios mientras nos predican competitividad, y pagándonos con su ingratitud y su traición: el problema de los textileros es China, y no el bloqueo del TLC, pero mienten siempre.
El periódico Universidad es el único que ha informado al pueblo de Costa Rica de la injerencia de la AID, el CRUSA, el FUCE, el CINDE, el INCAE, y los “bufetes de lujo” en toda la conspiración del TLC. Y es el periódico Universidad el que nos acaba de revelar la injerencia de los “bufetes de lujo” en toda la conspiración para imponernos las patentes de las corporaciones transnacionales sobre las plantas de cultivo. Hasta el Consejo de Gobierno está trasminado con su yegua de Troya. Y la misma diputada que dirige la comisión de la Agenda Complementaria donde están los proyectos de Obtenciones Vegetales, la UPOV, y el Tratado de Budapest, es la esposa de un abogado de lujo, que tramita las patentes de las transnacionales que se beneficiarán con esa agenda. Así como es otro tramitador de patentes el esposo de nuestra negociadora laureada; y el bufete del mismo señor Ocampo, que tiene condición vitalicia en el COMEX, dirige ahora la negociación del TLC con Europa, y posee una conexión de negocios familiares con las transnacionales.
En la administración Rodríguez se jactaban de haber depurado la notoriamente corrompida oficina de registro de agroquímicos, quitando “hasta los choferes”. Pero resulta que al funcionario despedido por corrupción lo restituyen los tribunales, las transnacionales pagan los abogados, y el malandrín sigue allí muy campante riéndose de nosotros. Y para que se vea cómo es de difícil la obra depuradora, hay que pensar si la mala fama no favorece ahora a nuestros políticos: “¡Viste qué arrecho!”; solo que tal vez empecemos a cambiar cuando estén irremediablemente ligados al delito (son delincuentes), y esa es la labor esperanzadora de las personas citadas. En el registro de agroquímicos llegaron hasta los choferes empezando desde abajo, y tendrían que haber empezado por el mero-mero, cuyos cargos prescribirán; y quien seguro aparecerá también de diputado, (como aquel que trató de destruir la obra de su padre, volvió a traer a los filibusteros, y se compara abusivamente con el que los expulsó; solo porque tuvo su palacio por cárcel, sin que la comparación se completara como debía.)
Para ayudar a desenredar la madeja, permítaseme señalar a los héroes que cito un “in-te-le-san-te” hilo conductor simbiótico local-transnacional. Cuando los funcionarios del registro empezaron a sablear a las transnacionales, estas encontraron conveniente sacarle provecho a la plata de las mordidas para excluir del mercado a los pequeños comerciantes que no podrían pagar igual. Cuando la mala fama amenazaba a los funcionarios recipientes, estos encontraron conveniente separarse en una empresa privada que cobrara lo que luego se repartirían todos: la moderna simbiosis estado-empresa privada. Y es casi seguro la relación de familia la que usó incorrectamente la Ley de Información no Divulgada para concederle más plazo a las patentes de las transnacionales. Y ha de ser parte de esa misma conspiración que después la Contraloría pidiera requisitos de registro que no pueden cumplir los pequeños comerciantes y tienen bloqueado el registro de genéricos desde hace 4 años en perjuicio de la competencia y del derecho, y en beneficio de las marcas de las transnacionales. Como ha de ser parte de esa conspiración que el Ministerio de Salud y el de Agricultura hayan decidido exigir a los productos genéricos las “pruebas de equivalencia” que nulifican el derecho del pueblo al uso de genéricos más baratos una vez que caduque la patente. Este hilo conductor se puede usar para desenredar la madeja, pero eso necesita gente como don Carlos Roberto Loría, doña Flora Fernández, o la directora del semanario Universidad; y hay que disponer de máscaras contra el mal olor. De seguro es ese mismo hilo, convertido ya en un chicote, el que financió la campaña goebbeliana de Pro Costa Rica para la “caftación” en el “referéndum”, y el que tiene a nuestros diputados apuraditos endureciendo todas las leyes ADPICS recién aprobadas en la administración Rodríguez; pero no a satisfacción plena de las transnacionales que nos gobiernan.
Me doy cuenta de que la calumnia es un problema que destroza el honor de las personas, pero eso no se hace denunciando por la prensa a los poderosos quienes se pueden defender, pero que generalmente admiten la denuncia quedándose callados. Y en el raro caso de que sean llevados a los tribunales porque la evidencia es innegable, alargan los procesos para que la causa “prescriba”, o los ponen de diputados para darles impunidad. La verdadera calumnia, la dañina, es sórdida. Un venticello assai gentile / que va scorrendo va scorrendo/, y que nell´orecchie de la gente, s´introduce destramente/, hasta convertirse en un colpo di cannone/ que ti fa d´orror gelar. Y ese sistema qui non sbaglia es fomentado aquí activísimamente contra los hombres por las esposas y las hijas que los acusan, por venganza, de violencia doméstica; mientras los tribunales lo toleran, recurriendo al principio bárbaro de que “el fin justifica los medios” con el pretexto de que “se defiende el bien mayor”; así como se recurre a la más absoluta arbitrariedad cuando la decisión judicial se parcializa porque “in dubio pro reo, in dubio pro labore, in dubio pro medium, o in dubio pro minor; pues siempre hay dubio, y en defensa del pueblo bien podríamos decir que in dubio pro rex publica, lo que deberían aceptar quienes se meten a administrarla cuando se les denuncia.
Que nadie me diga que denunciar tanta corrupción es malo porque pone en peligro el honor de las personas, o que revelar los delitos es difamación. El delincuente no tiene honor. Él solito se difama, y no quien nos advierte de su peligrosidad. Si no denunciamos a los delincuentes nos volvemos sus cómplices, y “al que le cae el guante que se lo plante”. Bien por doña Flora. Bien por don Carlos Roberto. Bien por don Mariano. Y bien por el periódico Universidad. Las personas como ustedes son nuestra única esperanza de redención, y su ejemplo se puede llegar a imitar.
José Calvo | 25 de Febrero 2008


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