Disminuir tamaño de letraAumentar tamaño de letraImprimir paginaEnviar esta pagina por e-mailAmpliar el ancho de la paginafluid-width

Hablar inglés

Paúl E. Benavides Vilchez | 11 de Febrero 2008

A la educación pública la han venido adelgazando, raleando, para ponerla a tono con la época, con la idea de desprenderla de todo lo que se considere inútil y que no se incline por lo práctico; una educación que no se detuviera en el pasado ni en las conmemoraciones históricas “complicadas”, como sucedió con los hechos de 1855, 1856 y 1857 y el papel clave del presidente Juan Rafael Mora Porras en esa época; ninguneada por las autoridades oficiales por su potencial subversivo, que según su visión de las cosas, representaba la coyuntura en la que se discutía el referéndum sobre el TLC. Obsoleta la política de la memoria y vista como atavismo del que debía alejarse, este enfoque de la educación ha entendido el salto de la era moderna a la era virtual, como el paso del ciudadano al individuo y entre uno y otro, el vacío de la identidad y la cultura, la saturación de rutinas técnicas y contables para preparar al nuevo trabajador del siglo XXI, necesariamente volátil, descomprometido y transnacional.

Antes que aprovechar la globalización como plataforma que potenciara la democratización del conocimiento y la profundización del saber, los políticos de turno optaron por una globalización de tercer mundo que necesitaba nuevos operarios especializados con un inglés elemental y cómputo rudimentario, pero necesario para satisfacer el deseo de los exportadores y representantes de las empresas transnacionales. La reforma del Estado costarricense, que nunca llegó y que finalmente se dejó al arbitrio de la mano animista del mercado, desmanteló lo que quedaba de estado de bienestar eficiente; escamoteó una verdadera política pública en materia de educación, que integrara, con inteligencia y sentido estratégico, la tecnología, la cultura y la educación en una visión de país lanzado a futuro, para pasar a ser formulada y diseñada por los funcionarios del Ministerio de Comercio Exterior y por una corporación privada dedicada a las iniciativas de desarrollo, que por lo visto definen las prioridades de la política educativa del país.

Esta insistencia que raya en obsesión por hacer del inglés la gran reforma educativa, no intenta, por ningún medio, dotar a los nuevos costarricenses de habilidades y conocimientos para que desde la periferia de la globalización sepan como comerse este enorme plato, con las habilidades y los conocimientos que hoy tienen los muchachos del primer mundo. Lo que se pretende en resumidas cuentas y de eso dan fe las demandas de los exportadores costarricenses publicadas en la prensa comercial, es vincular a los jóvenes trabajadores a esa gran cadena de montaje que es el capitalismo de cruzada de inicios de siglo; obreros con algo de inglés y cómputo pero no mucho, nunca gestores de desarrollo capaces de poner la red a su favor, sino técnicos que dedicarán el resto de sus vidas a transaccionar operaciones a distancia entre Japón, Miami y San José; espectadores de esta riqueza ubicua y efímera que pasa por sus manos, pero que retornará luego de que ellos hagan su labor técnica a sus verdaderos dueños.

Ahora la gran reforma educativa corcovea hacia Oriente y se dice que para salir del atraso y subdesarrollo habrá que aprender el mandarín; curioso pictograma que nos sacará de la pobreza. Pero luego será el malayo, el indio o cuanto idioma nuevo el capitalismo de cruzada levante como Lázaro o termine por mandarlo al sepulcro de las lenguas muertas. Lejos de ser de avanzada, esta visión del desarrollo es la visión tercermundista con mucho de gamonalismo y poco democrática, para crear las condiciones del nuevo obreraje del siglo XXI con algo de inglés y chino, o lo que sea que nazca como nuevo idioma, que parte de la premisa de que todos, en este país, quieren ser guías turísticos, tanto los que hoy tienen 17 años como los que no han nacido, intérpretes de la riqueza y traductores de los deseos de los nuevos turistas que saturarán las playas y los hoteles cinco estrellas que, por alguna razón, no respetan las normas ambientales del país.

No es enseñar inglés para que los costarricenses penetren el extraordinario mundo del conocimiento y la información escrita, difundida y publicada en esa lengua, que en Occidente nace ligada a la ciencia, el conocimiento y la razón, señalada por algunos como la lengua del imperio. Esta alfabetización precaria y al mínimo profundiza las debilidades de un planeta que hoy en día se articula entre los que están conectados a la red, provistos de habilidades, recursos, contactos, y los que lo hacen sin habilidades conocimientos e información. Trascender esta visión superflua, contable y comercial del inglés y de la tecnología, para profundizar en una formación científica y humanista que apunte a lo que investigadores franceses como E. Chiapello y Luc Boltansky llaman la nueva “justicia conexionista”, que busca el equilibrio a escala internacional de un capitalismo que en el pasado dividió a la sociedad industrial entre obreros y capitalistas, trabajadores y propietarios, y que ahora utiliza la red como canal de circulación para recrear una nueva división social del trabajo, más compleja y elusiva entre los que están adentro y los que están fuera de la red, entre los que tienen contactos, información y conocimiento facilitados por el entorno, ubicados en el mundo desarrollado y en las élites de los países en desarrollo, y los nuevos excluidos que pueden llamarse desconectados, que solo cumplen el papel de nuevos taquígrafos y mecanógrafos llamados a hacer que el capitalismo fluya, para traducir e interpretar los nuevos signos de la riqueza que se quedan finalmente en otras manos.

Paúl E. Benavides Vilchez | 11 de Febrero 2008

1 Comentarios

* #2761 el 13 de Febrero 2008 a las 07:46 PM Silvia Piza-Tandlich dijo:

Artículo sumamente interesante “de arriba para abajo”. Sería un placer escuchar la opinión de don Paúl, esta vez de “abajo hacia arriba”. Creo que, como en todo, para construir hay que tener cimientos. Lo primero que Costa Rica necesita es que todo personero del Ministerio de Educación —del señor Ministro o señora Ministra en adelante— tenga a sus hijos y nietos en escuela o colegio público. Eso lograría definir, con sentido común, lo que se requiere para progresar. Con las guías y maestros del Ministerio no se puede aprender inglés, especialmente cuando el pupilo todavía no domina el español. ¿Y para qué enseñarles a los niños de primaria a usar una computadora, cuando ni siquieran saben firmar su nombre en cursiva? Es fácil subscribirse a la idiotez globalizada, pero no es tan fácil costear su mantenimiento. O como dice una amiga de mi hija: —”Ay doña Silvia, es que hoy en día la plata sí que está cara”. Hay que sentar las bases primero, hasta que no haya faltante de maestros, o cheques perdidos, o falta de comedor escolar, o escuelas sin techo y agua… y sí, don Paúl tiene razón: Cualquier peón u obrero puede usar la gran red para comunicarse con su contraparte en otros países, pero desgraciadamente, peón y obrero no saben nada más. Luego esperamos que todos los peones y obreros expresen su opinión y deseo al votar, por ejemplo, en el referendo, a pesar de que tengan nivel bajo de alfabetismo cultural.

Publique su Comentario




Recordar mis datos?


Reglas para publicar comentarios: Antes de publicarse, cada comentario será revisado por el moderador. Su dirección de e-mail no aparecerá.