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El fin de la niñez

José Calvo | 11 de Febrero 2008

Dormido para contestar una consulta, el profeta americano Edgar Cayce dijo que la especie comenzó su fase humana cuando los espíritus buscaron una habitación material temporal adecuada, y encontraron al Homo sapiens; aunque lo mas probable es que se tratara en aquel remoto tiempo de un Australopithecus, o de Homo habilis; y que en ese plazo algo han hecho los espíritus para modificar su casa, que por lo menos ya no se rasca tanto, aunque sigue gruñendo demasiado.

Yo encuentro esta explicación de nuestro origen muy atractiva porque no es completamente ciega, y porque con la abundancia de parientes cercanos, no es probable que hubiéramos empezado de novo. Nos da además un comienzo razonable aunque nos resulte también incomprensible; como todos los designios de Dios. Como dijo el sabio francés Lagrange cuando oyó que Laplace le había contestado a Napoleón que él no necesitaba la hipótesis de Dios “Ah, pero es una hipótesis tan hermosa, y explica tantas cosas”. Además, si ese es el origen, cuando las cosas parecen imposibles, nuestro espíritu puede renegar de su casa “¡Este mono jodido!”

También nos da esta explicación de origen la esperanza de que los espíritus rectifiquen su error abandonando esa casa simia y buscándose otra. Los delfines se ven muy atractivos, y aunque viven en un medio hostil y no tienen manos, eso bien puede no ser un obstáculo para el progreso del espíritu: a lo mejor es una ventaja, que impida irrespetar el ambiente alegando que Dios nos ordenó: “Creced, multiplicaos, y aumentad la productividad”.

Además, a lo mejor ya hay especies espirituales, pues así como hay personas diferentes, de gran bondad o de gran maldad, puede haber espíritus diferentes, que escojan viviendas diferentes. Algunos creen que eso son las ballenas, o los insectos sociales. Homo faber puede continuar de constructor contaminado el ambiente mientras los delfines perfeccionan el alma; y hasta nos podrían supervisar para que no hagamos tanto daño: “No papito. Ese es el habitat de los leones, o de los elefantes”. “No papito, no podés universalizar la sociedad del consumo conspicuo”. Hasta podría ser que nos dijeran “ts, ts, ts, no amañéis el referendum”; “no juguéis con la constitución”.

Una de las novelas más conmovedoras que leí es El Fin de la Niñez, de Arthur Clarke: Tal vez una muestra de que el ateísmo no es creíble ni para sus proponentes, quienes generalmente usan un intermediario muy avanzado para no tener que reconocer al creador, o se aferran a un azar que se le parece mucho. En El Fin de a Niñez la humanidad empieza a experimentar cambios inquietantes como la levitación, la sicoquinesis y la telepatía, por lo que de inmediato aparecen aquí los overlords. Estos no son capaces de progreso espiritual como nosotros, pero tienen una tecnología material avanzadísima que emplean para ayudar a las especies que están dando el salto cuántico del progreso espiritual; un uso de la tecnología materialista supeditado al espíritu mucho más razonable que el de arruinar el ambiente. Los overlords son como los jardineros de Dios, y aquí ayudan a las almas humanas de la tierra a enjambrar, formando una capa espiritual alrededor del planeta, muy parecida a la cristosfera de Teilhard, quien veía a la especie humana evolucionando espiritualmente hacia “el punto omega”; a pesar de que carecía de evidencia, o la tenía contraria, pues vivió las dos guerras mundiales que provocó su continente, que es nuestro trapito de dominguear.

Ni Clarke ni los overlords saben o pueden explicar la función de ese ser nuevo que recubre el planeta, pero nadie puede explicar nada, y claro que uno siente que allí está presente el logro de eso que todos andamos buscando, porque la materia está allí en el núcleo, la vida orgánica continúa, y la “cristosfera” proporciona una especie de resonancia que cura a la materia de la sensación de orfandad: da la autocontemplación de algo completo, sea para lo que sea.

Phillip Farmer, ese otro gigante de lo que los taxónomos literarios llaman sin ningún fundamento la “ciencia ficción”, pone a Simón en una nave espacial buscando a Dios por todo el universo para preguntarle para qué hizo el mundo, hasta que lo encuentra: es una inmensa cucaracha que bebe cerveza y eructa continuamente . Pero no puede decir para qué hizo el mundo porque ya se le olvidó, y cuando Simón insiste en preguntarle por qué lo hizo, se rasca la cabeza, eructa, y contesta “¿Y por qué no?”. Un tipo que hubiera viajado por todo el universo no podría ser un ateo, pues se tendría que preguntar continuamente “qué es todo esto”. Pero claro que como esa pregunta no tiene respuesta para un bicho tan limitado como nosotros,”por qué no” es una respuesta necesaria, la única posible.

Pienso que el famoso “postulado de objetividad” de la ciencia, que le atribuye todo al azar, no es solamente una limitación innecesaria, o una necesaria para evitar la charlatanería, sino que es en si mismo una admisión de la existencia de Dios: Dios es el azar.

Creo que la sociedad está experimentando un renacimiento religioso, aunque más bien ecuménico, y no dentro de las religiones organizadas, que han perdido su contacto espiritual. Y pienso que este renacimiento se debe al absurdo hipertrófico de la sociedad de consumo, con la competencia y la riqueza como únicos objetos de la vida. Si “no solo de pan vive el hombre” menos puede vivir solo de “la moto, el Hunday o el Mercedes”que le darían las maquilas según el otro; además de que los economistas de la importación de excedentes subsidiados como ventaja comparativa (los “de tostel y taza de café”), se darán cuenta pronto de que sin pan no podemos vivir.

Yo no se si el cambio que se siente en el ambiente es hacia la cristosfera, o es por lo menos un salto cuántico, pero es paradójico que el renacimiento religioso reciba su impulso de la física moderna, que es la más científica de las ciencias, y que se parece cada día más a la metafísica cuando tiene que admitir cosas como el misterio de la naturaleza dual de la materia, y de la energía; aunque también en esto se traban los materialistas en su pragmatismo: Un químico notable dice que es igual a la naturaleza dual de un hombre que es hijo y padre al mismo tiempo, como si esas no fueran condiciones externas a la naturaleza del hombre mismo.

Pero observemos cómo es de pegajosa la mentalidad industrial, que para la “metafísica americana”, con suficiente fe todos podemos llegar a tener un Mercedes; y que a pesar de la preocupación ambiental de Al Gore o de Jared Diamond, todavía podemos seguir creciendo “sosteniblemente”; además de que se dan demasiada importancia atribuyendo el cambio de clima solo a causas humanas, e ignorando deliberadamente algún efecto cósmico mas probable.

El reino de la “metafísica americana” con sus miras en el Mercedes es de este mundo, y aún aquí es infantil. Lo que gana terreno es algo más maduro, mas trascendente, y mas científico. Se intenta aplicar a todo ahora, el mismo cambio que sufrió la física clásica transformándose en moderna con la adopción del concepto del quantum a principios del siglo pasado, y hay que encontrar una salida; pero yo no la entiendo. Tampoco he leído el libro de don Rolando Araya sobre socialismo cuántico, aunque fui a su presentación en CEDAL, y lo voy a leer. Me preguntaba yo allí qué es lo que pega el salto cuántico en el socialismo -porque en la física salta la luz cuando adquiere el quantum necesario de energía-, pero expresé aquella vez mi extrañeza de que los neoliberales nos llamen trasnochados cuando insisten en su economía clásica que data de l750, y no tengan en cambio nada que se pueda llamar economía moderna; como no sea el fiambre recalentado de Adam Smith.

Debo recordar en mi descargo que hubo en 1900 mucha oposición a la teoría del quantum, y que el mismo Plank no estaba muy convencido de que su ecuación no fuera un mero juego de números, aunque explicara sin embargo por qué no ocurría una “catástrofe morada” cuando un “cuerpo negro” emitía luz al calentarse, como debería ocurrir porque hay muchas mas frecuencias altas que bajas, y como no ocurría porque los paquetes de luz morada necesitan mucha mas energía que los de luz roja, y se forman menos. Esta realización germinó, y permitió a Bohr proponer un modelo nuevo del átomo, con electrones que saltan de una órbita a otra según ganan o pierden energía; (y de ajuste sin pasar por el espacio intermedio). Permitió muchas otras hipótesis extrañas. Pero ¿dónde está la similaridad política? ¿O la respiratoria? La necesidad si.

A pesar de mi incredulidad, trato con mayor escepticismo al mercado de consumo, que es pura inmadurez. Encuentro más razonable la propuesta del socialismo cuántico, o la de Teilhard, a pesar de su “incertidumbre”, que el postulado de objetividad; y muchísimo más que la del cajonero mercado global que no gotea y choca con el límite ambiental. Y la encuentro más agradable, porque no hay mayor bendición que la fe. Si alguien dijera que la fe es una forma de engaño, habría que recordarle que en un mundo misterioso toda interpretación de la realidad es un engaño; peor si es exclusiva; e inexcusable si es excluyente.

José Calvo | 11 de Febrero 2008

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