La abolladura en el cascote del poder político (que algunos llaman partidocracia tradicional) debido a la embestida del encono popular, fracturó el andamiaje que mantenía el barco a flote, y provocó como daño colateral la huída del personal a bordo para pasar - curiosa alquimia - de militantes de hueso colorado a tránsfugas al servicio de la corona, al servicio del nuevo rey, como forma de salvar su pellejo.
La amenaza de colapso de antiguas agrupaciones que finalmente se dio, provocó que de los restos del naufragio se formara de la noche a la mañana una nueva tropa ya no partidaria sino política, una nueva tripulación aferrada al poder mucho mas grande que los viejos partidos nacidos en los cuarentas y aunque parezca extraño, juntó a antiguos y reconocidos enemigos. Este nuevo personal reclutado y que en más de un caso, se reclutó por voluntad propia, ahora hace mandados, deja recados y realiza diligencias puntuales bajo las órdenes de un megapoder político. Lo que la politóloga italiana Donatella Dellaporta llama las estructuras ocultas de los partidos, ahora dejan ver sus dientes, trasiegan influencia y prebendas a plena luz del día, con el libreto en claro de lo deben hacer y, a propósito de la encomienda, unen –por así decir - los eslabones de la untosa cadena de políticos, bufetes y empresas transnacionales. Pese a lo discreto de su presencia, su labor no es en absoluto despreciable; conocen los recovecos y los cruces de calles por los que transitan y llevan el cebo que deberá morder el adversario para que caiga en la trampa y así ganar tiempo o distraerlos mientras cumplen sus verdaderos objetivos. Son la vuelta de llave que abre y permite que el poder engarce todos los eslabones necesarios para que las decisiones, lleven el sello de los intereses cuajados en el lujoso salón de caoba y alfombra persa, atemperada por el frío suave del aire acondicionado. Este personal diligente situado mas allá de los partidos políticos pero más acá del poder, son la silenciosa mesocracia de pícaros que hace posible los negocios privados de los pícaros mayores, sus jefes, y como retribución, reciben algún estipendio por “asesorías” o un puestillo en alguna junta directiva discreta pero necesaria, para mantenerse activos en las filas semiocultas del poder.
Además de llevar recados, una de las habilidades más notables es poner una sombra de duda en la honra ajena para así mellar la voluntad y el valor de los buenos funcionarios que se atreven a denunciarlos. Se cuenta que en las galerías del Palacio del Dogo de Venecia del Siglo VXI estaban labradas en las paredes una máscaras, que en realidad eran buzones. Por entre sus vericuetos y galerías se movían los delatores privados, que depositaban con mano grácil cartas y notas en donde se acusaba de crímenes, infidelidades, traiciones en su mayoría falsos y que caían como manto de desgracia sobre aquellos venecianos que luego morían en las cárceles subterráneas del Palacio. De manera similar los nuevos recaderos dejan mensajes que tienen por dentro el veneno de la intimidación y dejan con delicada sensibilidad y buenas maneras la intriga en los oídos de la víctima. Cuentan entre sus aliados a medios de comunicación y periodistas que son parte de esta gran trama en el que se gestan informaciones, reportajes y columnas como parte de la ofensiva disuasoria. Silvio Berlusconi quien salio de la sombra como vendedor de corbatas a la cima del poder político italiano, es quizás la expresión más pura a escala internacional de esta mancha de colusión política y mediática que reclutara a cientos de diligentes, emisarios, prebostes y mafiosos entre los que se encuentran senadores, policías, diputados, jueces, periodistas para formar una de las redes de influencia y corrupción política mas grandes del mundo desarrollado. Pícaro y bajo de estatura, ha estado implicado en 15 juicios por distintos delitos, pero no ha podido ser condenado dada la utilización de los poderes del Estado para modificar normas, amnistiar delitos o lograr la prescripción de algunos otros. Como parte de su ofensiva contra “jueces comunistas” así llamados por no dejarse intimidar por su poder, elimina la protección policial a los que están empeñados en luchar contra la corrupción y la mafia.
Llama la atención la tibieza con que algunos analistas de la realidad nacional tocan el tema de la corrupción de la política visto nada más como un factor ( ni más ni menos importante que otros) de la perdida de legitimidad del sistema político costarricense. Se sabe y no hay que ser un experto para darse cuenta de que el resurgimiento de la sociedad costarricense en su vertiente política (Movimiento en contra del TLC) es una reacción de la gente en contra del sector descarapelado de la clase política altamente corrupta y que hoy enfrenta procesos judiciales.
Estos nuevos ujieres saben moverse entre los vericuetos del poder y son hábiles para estar en el lugar exacto en donde calientan los negocios, para aplicar cuando están en peligro el antiguo arte de la fuga. Cumplen con esmero y puntualidad las diligencias que les mandan sus jefes y diseñan con sus manos, carpinteros del poder, el andamio que hace posible que todo calce, especialmente los deseos de los bufetes que pagan sus cuentas.
Paúl E. Benavides Vilchez | 9 de Febrero 2008


0 Comentarios