Disminuir tamaño de letraAumentar tamaño de letraImprimir paginaEnviar esta pagina por e-mailAmpliar el ancho de la paginafluid-width

De la justicia

José Calvo | 4 de Febrero 2008

“No hay justicia en este mundo” decía un gringo en Paso Canoas viendo como les quitaban a unas maestras en excursión los televisorcillos en blanco y negro que traían de Panamá, mientras a nosotros nos dejaban pasar con una furgoneta llena de objetos nuevos luego que él le metió a su pasaporte un billete de 50 dólares. Este es un ejemplo “a nivel” micro. Pero la desilusión con el socialismo que no puede evitar que haya algunos animales más iguales que otros, y llevó a Orwell a escribir Granja de Animales es “a nivel” macro. La forma como el gobierno logró el triunfo en el referéndum a la tica es otro. El 41 bis otro. Los ejemplos abundan.

La naturaleza tiene un procedimiento de justicia muy eficiente, sin el cual no podríamos coexistir millones de especies en el mismo planeta, pero a los hombres no nos gusta. Lo llamamos la ley de la selva, decimos que es rojo en la garra y el colmillo, y creemos haberlo sustituido con el poder judicial, que no ha logrado independizarse de la política a pesar de Locke y Montesquieu: la reelección es un ejemplo, y la constitucionalidad del TLC otro, pero hay muchos.

En la naturaleza sólo se depreda y se parasita lo necesario para mantener el equilibrio ecológico; es decir, en beneficio común. Aunque en algunas especies existe un orden de picoteo, como en las gallinas; quizá esto sólo sea en hacinamiento, pues como dijo el policía de mi pueblo cuando me lo echaron por haber matado unas gallinas del vecino que me hacían mucho daño: “la gallina no tiene ley”.

“Crees tu”, pregunta el optimista Cándido al sabio Martin, “que los hombres (y las mujeres, la igualdad es un hecho) se han masacrado siempre. Que siempre han sido mentirosos, fulleros, pérfidos, ingratos, bandidos, flojos, ladrones, cobardes, envidiosos, ambiciosos, sanguinarios, borrachos, calumniadores, libertinos, fanáticos, hipócritas y tontos?” “¿Y crees tu,” le contesta Martin, “ que los gavilanes siempre han depredado a los pollos?” “Sin duda” dice Cándido, “porque esa es su naturaleza”. “Entonces”, dice Martin, “¿por qué no habrían sido los hombres siempre iguales?” “Ah” concluye Cándido “ es que el libre albedrío…”. Sólo que si el libre albedrío nos permite escoger entre el bien y el mal, escogemos casi siempre el mal *volontiers. Por eso todas sus buenas acciones recibían como recompensa *des coups de pied dans le cul. Pero claro que estaban equivocados, como sabemos ahora, pues los hombres se hicieron así cuando adquirieron el conocimiento del bien y del mal: el fundamento de la justicia humana. Antes depredaban a los pollos para mantener el equilibrio ecológico, pero ahora se depredan también ellos mismos; aunque de repente con el mismo propósito: un mandato de la naturaleza para volvernos al redil. Pero es un hecho cierto que si hay sociedades mejores, nosotros tenemos posibilidades de mejorar, abandonando la autocomplacencia del mito ridículo de la islita paradisiaca. Y eso no significa imitar a los Estados Unidos, ¡por el amor de Dios!

Los hombres estamos en estado de rebeldía (por ahora), y aunque esta rebeldía contra el orden natural es una cosa admirable, la verdad es que no podemos hacer las cosas mejor; las hacemos peor. Pero eso es lo que viene de haber comido la fruta que da el conocimiento del bien y del mal: nos hace jueces. Bernard Shaw dice que seguimos a Barrabás y no a Jesús, (Androcles) y que en lo único que si hemos cumplido es en el mandato de la propiedad común, porque eso son las acciones de la bolsa; aunque nada tiene que ver con la distribución de la riqueza, que es cada día más mala. Pero Jesús nos prohibió juzgar específicamente, y tenemos el poder judicial, cuya necesidad Shaw niega sobre la base de que nunca ha reformado a nadie; además de que emplea la misma crueldad que el delincuente. De ajuste contribuye a la injusticia con sus interpretaciones de la constitución, con su rechazo de la mayor parte de los recursos de protección, y con la lentitud y el incumplimiento. Cualquier reclamito entre nosotros es objeto de dos juicios con apelaciones, y muchos años de espera.

Cuando la antigua sociedad ateniense fue perdiendo su virtud principal que era la moderación, por la aparición inevitable de una clase adinerada, el pueblo escogió a uno de esos nobles para que escribiera un nuevo código de justicia, y este hombre extraordinario dispuso que un ateniense agraviado pudiera contar con el juicio de 30 de sus conciudadanos. ¡Claro! Esos conocían bien a los involucrados. Los árabes recurren al jeque con sus quejas, y si este no puede resolver el caso se lo encomienda a una comisión del pueblo del quejoso que conoce a los involucrados. ¿Por qué no copiamos el majlis? Así la justicia si es pronta, cumplida, y barata. Así si es eficaz. Así si la perdona Dios.

Claro que tenemos también la Defensoría del Habitante; la suave copiada de Suecia, y tropicalizada; pero no la dura de Roma. Y esta es otra historia deprimente. Se trata aquí de un cargo político que depende de los diputados; y se usa como escalera para llegar a diputado: llamémosla víctima de la corrupción. No podemos tener el Tribuno de la Plebe de Roma porque eso requeriría obedecer sus órdenes y ningún poder político nuestro quiere perder su autoridad. Además, para ese puesto se necesitan hombres, y el mismo Diógenes no podría ni con un laser encontrar aquí a nadie de la pasta de los Gracos, que dieron su vida para defender al pueblo de los abusos de la aristocracia: un puesto peligroso en todas partes, para aquellos que lo toman en serio. Esa era la gloria de Roma; y no había que pedir audiencia, lo que aquí de nada te sirve, porque no te la dan: estos tipos no son escalantes. Ellos ya están arriba. Son con men haciendo su labor de zapa para destruir la institución en que están incrustados. Son encima profesores del INCAE.

A una amiga que pidió la protección de la Defensoría le dijeron que de nada le serviría el fallo porque no era vinculante, y que más bien se compraría todos los números de la rifa del director que la victimizó; a quien ella en cambio no le tiene miedo, y quisiera ver disciplinado para beneficio de la sociedad. Es como si Graco le hubiera advertido a un plebeyo que su intervención más bien podría provocar las iras de Scaevola y los optimates, quienes gozarían de absoluta “discrecionalidad”. Como el defensor que advirtió al matón “pégale otra vez”, y cuando “le arrió” de nuevo le dijo a la víctima, “mejor váyase antes de que lo maten”. Estaría más protegida por el Chapulín Colorado. ¡Ay Gaius y Tiberius Sempronius! ¡Ay senes sabios y respetables ! Con razón decía un campesino amigo que había hombres y había monicacos. También hay mujeres en las dos clases. Sólo que ahora no se ven los hombres (ni las mujeres): por todo lado monicacos: son unisex.

Pero tampoco podemos tener al ombudsman suave de Suecia, porque aquella es una “magistratura de la persuasión” que requiere de una sociedad honrada; una que pueda sentir vergüenza; una que no sea “conchuda”. Aquí las autoridades que violan los derechos de los habitantes a capricho, no le hacen ningún caso a las recomendaciones de la Defensoría, y la “desconcentración máxima” de la administración pública crea una plaga de jefezuelos arbitrarios, con “discreción” para abusar de sus empleados. Sería bueno que el Informe del Estado de La Nación de las Naciones Unidas analizara los fallos de nuestra defensoría y sus efectos, porque de repente podríamos ahorrarnos un montón de plata quitando una institución innecesaria: unita por lo menos. Aquella donde es más fácil determinar inoperancia.

De ajuste ya están la ubicua Lorena y su carnal Nalguitas pidiendo un procedimiento parlamentario para destituir al defensor. Como están Bienvenido y Calderoncillo prometiendo uno para cortarle las alitas al fiscal, ya de por si de pura cucaracha. Como está Arias pidiendo independencia de la Asamblea Legislativa para endeudarnos más. Como están los empresarios pidiendo al presidente que se les deje usar todos los recursos naturales para producir su propia electricidad. Oh Dios, ¿por qué nos has abandonado?

José Calvo | 4 de Febrero 2008

0 Comentarios

Publique su Comentario




Recordar mis datos?


Reglas para publicar comentarios: Antes de publicarse, cada comentario ser� revisado por el moderador. Su direcci�n de e-mail no aparecer�.