China continental, inmenso y mítico país de una venerable tradición ha ocupado un lugar relevante en la historia de la humanidad. Desde sus albores, con sus prolongadas y poderosas dinastías, construyó una cultura y una civilización secular que Mao Zedong o Mao Tsé-tung (1893-1976), ex presidente del Partido Comunista de ese país, principal fundador de la República Popular y su máximo dirigente lo llevó a las puertas de la modernidad. China que venía de un periodo oscurantista propio de la despiadada época colonial de agresivas explotaciones imperiales, internas y externas, empezó a levantar, junto con su líder, la dignidad nacional en el ámbito mundial a lo largo de un camino plagado de abrojos y de errores.
La catedrática de la UCR, Dra. Patricia Rodríguez H., nos relata su experiencia y apreciación personal originada en una beca que recientemente disfrutó en Pekín, en su artículo de la página 15 de La Nación, denominado “Cizaña y trigo” del 17/2/08, en oposición a lo escrito por don Rodrigo Cedeño quien, a propósito de una objetable caso en un hospital chino de la provincia de Henan, advierte que los ticos no debemos apoyar nuestro desarrollo “del brazo de un país como la China”.
Funda la universitaria su oposición en lo que denomina “el modelo de desarrollo de mercado” (que, a su juicio, “no se puede juzgar con base en anécdotas”), en oposición al anterior practicado en China de la “economía planificada”. Eso implicaría el abandono, entendemos, de las tesis centralistas a favor de ese mercado, aparentemente insubordinado, como lo preconizarían los neoliberales.
No obstante, los ejemplos que indica la académica, a nuestro criterio, no son modelos de la economía de libre mercado sino medidas centralizadas propias de un estado socialista que, por cierto, se mueve a ritmo paquidérmico por su anquilosada burocracia. Veamos:
a.- Extender el seguro de desempleo a los trabajadores migrantes es, desde luego, una política social que ni siquiera practica el país más poderoso y liberal del mundo por su costo social.
b.- Exonerar de impuestos a los trabajadores de medianos y bajos salarios es una política de amplia visión social, que no necesariamente de desarrollo de mercado.
c.- Además, el señalamiento de la situación del sistema de salud chino formulado por el Banco Mundial para procurar la “armonía social”, citado por la Dra. Rodríguez en su artículo, no tiene nada que ver con, por ejemplo, la creación de hospitales privados para fomentar “el desarrollo de mercado”.
d.- El subsidio a los campesinos para adquirir aparatos eléctricos, viéndolo bien, sí podría ser una medida que alivie el mercado, en su beneficio.
e.- Las normas que revierten los beneficios obrero-patronales a favor de los trabajadores no son ajenas, desde luego, a las tesis socialistas que ya habían obtenido sus logros con el Tratado de Versalles y con la consecuente creación de la Organización Internacional del Trabajo en los albores del siglo pasado.
f.- La política de casas y apartamentos baratos que invertirá el gobierno chino, según la citada educadora, de 2,9 billones de yuanes a partir del año 2008, es una genuina medida social, que no de mercado.
Ahora bien, es paradójico que en nuestro país se expresen loas al gobierno comunista chino que es una economía que, por su tamaño –y no por su virtud- se encuentra entre las más pujantes del mundo (entre cuyos mayores deudores figuran los Estados Unidos de América) pero, por ejemplo, se satanice al gobierno cubano.
La opinión pública internacional conoce de casos de abiertas violaciones de los derechos humanos en China, para citar un solo ejemplo, en las zonas rurales existen inhumanos sistemas de esclavitud laboral.
Esperamos –si todas las condiciones lo permiten, incluido el limitado espacio periodístico que ocasional y generosamente se me se nos otorga - volver sobre este nada anecdótico tema.
Raúl Marín | 6 de Febrero 2008


1 Comentarios
Bravo por el artículo pero me ha dejado con sed