La demanda contra Nicaragua en La Haya fue fruto de las acciones de los Gobiernos nicas, que hicieron imposible cualquier otra solución y nos forzaron a llevarla hasta el puro final.
Primero fue el caprichoso y unilateral cambio de régimen en el río, que vio como favor o concesión graciosa lo que era un legítimo derecho costarricense de libre navegación. El presidente Alemán, hundido en la corrupción y desgobierno, halló fácil usar al río San Juan para distraer y engañar a su pueblo. Incluso intelectuales de gran valor se tragaron el anzuelo y corrieron a defender la amenazada soberanía nica sobre el río.
Luego vino el segundo paso: el Gobierno rechazó toda forma de arreglo, buenos oficios o intermediación, que devino sinónimo de traición. Se construyó así una trampa tanto para el Gobierno como para la oposición, que se veían impedidos de aceptar cualquier solución negociada, pues eso le daba pie a su adversario para tildarlo de claudicador y traidor.
Con un clima intolerante contra Costa Rica, se derivó, inevitablemente, una muy negativa parálisis política. Y de seguido, un tercer nivel de agravación, el más peligroso y que hizo, para Costa Rica, irreversible su demanda. Nicaragua repudió formalmente la jurisdicción de La Haya para todos aquellos tratados anteriores a 1923, incluyendo el Cañas-Jerez, lo cual coloca a nuestro país en una situación insostenible: si no presentaba la demanda como lo hizo, cuando lo hizo, y la culmina con una sentencia de la Corte, ya no podrá hacerlo en el futuro nunca más. Esto es el resultado de la torpeza diplomática nica y no un capricho belicista tico.
La posición costarricense es de una gran solidez jurídica. El corre-corre que se vive hoy en la Cancillería nica es resultado de que al fin se dieron cuenta de sus pifias. Pero ya no es posible seguir otras vías porque el propio Gobierno nica las cerró. Confundieron nuestro pacifismo con falta de derechos e inacción.
Dados los antecedentes de quienes gobiernan ese país, son de esperar presiones e incidentes. Ya mismo están reclamando que se les están robando las aguas del San Juan –otra forma de robarse el río– y quieren venir a investigar. Está bien brindarles toda colaboración para que ni sus aguas ni las nuestras se contaminen, que su uso sea el óptimo y que el San Juan conserve su esplendor, sobre todo por los servicios turísticos de que disfrutamos en el río. Pero nada más.
Es hora de que estos políticos irresponsables reciban de Costa Rica un “tentequieto” internacional.
(La Nación)
Rodolfo Cerdas Cruz | 27 de Enero 2008


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