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Ojo crítico

Rodolfo Cerdas Cruz | 13 de Enero 2008

Por fin se intentará un cambio de rumbo en seguridad ciudadana, como lo pedían las autoridades respectivas. Por no haberlo hecho a tiempo en lo electoral, acabamos en el nefasto PLUSC, la corrupción política generalizada y una crisis del sistema de partidos que no acaba.

La agenda de reformas impulsada por el Ministro de Seguridad, con apoyo del Presidente y la contribución del Fiscal General, el OIJ y la Corte, sintetiza la respuesta a la urgente necesidad ciudadana, sin distingos de ninguna naturaleza, de una verdadera agenda nacional.

No es que resuelve todos los problemas, ni que acabe con la delincuencia “de una vez por todas”, como esperan algunos: delitos hay desde el Génesis, con la desobediencia de Adán y Eva y con Caín y Abel. Pero, por primera vez, el tema se nos plantea de un modo más integral.

La participación del ministro de Hacienda garantiza una viabilidad financiera real y convierte la iniciativa en política de Estado, sin la improvisación típica en este y otros ramos donde ha prevalecido el criterio del botín político.

Estas altas autoridades garantizan que los recursos que se destinarán a seguridad, no tendrán el indignante final que tuvieron los fondos usados para comprar las destartaladas radiopatrullas rumanas, o las inservibles motocicletas chinas, o los pasaportes, o los carnets de residencia, etc., que solo engordaron algunas cuentas bancarias al mejor estilo de las telecomunicaciones, el préstamo finlandés, los dineros de Taiwán, los fondos reservados de reaseguros, etc.

Precisamente, como esos fueron los frutos del PLUSC que algunos quisieran revivir, y ya se asoma más de un electorerista al 2010, hay que evitar que la nueva comisión legislativa de seguridad devenga tapadera u obstáculo en este campo.

Por eso, además de satisfechos de este gran paso, debemos estar vigilantes de que esta agenda nacional una a toda la ciudadanía en pos de una patria segura y pacífica y no se le use para forzar objetivos inconfesables, de esos que requieren el chantaje político usual. También hay que impedir que se repita esa farsa de cerrar un portillo mientras se abría un portón, para que pasaran grandes delincuentes, se compraran bienes inservibles, se metieran chinos con sombrilla y sin ella, narcos colombianos a ritmo de cumbia, se vendieran pasaportes a diez mil dólares por cabeza, etc.

Creo que estamos en el límite. O la seguridad ciudadana se asume como cruzada por todo el país y se abate en serio la delincuencia (no solo la de abajo, sino también la de arriba), o Costa Rica se hundirá en las miasmas de narcos, sicarios y ladrones con corbata y sin ella.

(La Nación)

Rodolfo Cerdas Cruz | 13 de Enero 2008

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