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Ojo crítico

Rodolfo Cerdas Cruz | 6 de Enero 2008

Damos inicio a un nuevo año en el que, junto a los buenos deseos, hay muchos problemas no resueltos. Para Costa Rica, miembro del Consejo de Seguridad, este contexto es especialmente complejo y exigirá mucho tacto y habilidad.

Por décadas los Gobiernos norteamericanos abandonaron a la América Latina y ahora se enfrentan a los resultados. Si, como señala Le Monde Diplomatique, es exagerada la expresión de Joseph Nye, director de la revista Foreign Affairs, de que “para EE. UU. América Latina es un continente perdido”, la pretensión de considerarla “patio trasero”, es errónea y peligrosa.

En el ámbito internacional, hoy es inadmisible la displicencia. De Darfur a Kósovo, pasando por Venezuela y Sri Lanka, se necesitan políticas definidas e interlocutores bien informados. La pretensión de ser la única superpotencia, ha inducido a los EE. UU. a cometer errores costosos, cuyos efectos negativos se extienden a vecinos y aliados. La guerra en Iraq es proverbial y ahora es, gracias a Rusia, cuando Irán, el gran beneficiario de la desaparición de sus dos grandes enemigos: Iraq y Afganistán, está volviendo al campo de la no proliferación nuclear.

Latinoamérica es una suma de descontentos: el ya centenario de los indígenas, el de los sectores medios, bajos y populares con la corrupción de dirigentes, partidos y gobernantes, etc. A ello se le unió el fracaso de las privatizaciones y las aperturas que, atizando la corrupción y los monopolios privados, no lograron sus objetivos, aumentaron el descontento e hicieron los servicios más caros y deficientes.

Con esos resultados, fue inevitable un giro político desigual, inestable y diferenciado, favorable al surgimiento de actitudes populistas, estatizantes y caudillistas, mezcladas con la palabrería y las propuestas socializantes de siempre.

EE. UU. debe ocuparse de esta región más allá de lo anecdótico, lo puramente comercial y las escaramuzas con Chávez. No porque su misión sea salvarla –ella debe salvarse por sí misma–, sino porque no ser preventivos y coherentes, por enésima vez, puede ser muy perjudicial. Quizá así se evite un retorno al intervencionismo militar, a las dictaduras, los golpes de Estado y las violaciones de los derechos humanos, que ya marcaron períodos anteriores.

La enorme energía popular ahora en erupción y explotada por dirigentes de la más diversa condición intelectual y moral y la más distinta orientación ideológica y política, debe ser encauzada por un rumbo constructivo, democrático y garante de los derechos humanos, en beneficio de todo el continente. Costa Rica puede jugar un papel importante para lograrlo.

(La Nación)

Rodolfo Cerdas Cruz | 6 de Enero 2008

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