En el Día del Periodista, conviene reflexionar sobre su misión profesional. Oportuno resulta hacerlo, guiados con el pensamiento de José Martí, quien dedicó lo mejor de su vida al periodismo.
“La prensa no es aprobación bondadosa o ira insultante; es proposición, estudio, examen y consejo”. Máxima escrita hace 133 años que mantiene vigencia en el siglo XXI.
“No es el oficio de la prensa periódica informar ligera y frívolamente sobre los hechos que acaecen, o censurarlos con mayor suma de afecto o de adhesión. Toca a la prensa encaminar, explicar, enseñar, guiar, dirigir: tócale examinar los conflictos, no irritarlos con un juicio apasionado; no encarnizarlos con un alarde de adhesión tal vez extemporánea; tócale proponer soluciones, madurarlas y hacerlas fáciles, someterlas a consulta y reformarlas según ella; tócale, en fin, establecer y fundamentar enseñanzas, si pretende que el país la respete, y que conforme a sus servicios y merecimientos, la proteja y la honre”.
La prensa periódica –impresa, radiofónica, televisual y, ahora, digital– es hechura de los periodistas. Los profesionales de la comunicación tienen la obligación de “dar autoridad a la verdad por el modo perfecto de decirla”. Sus palabras han de ser “brillantes como el oro, ligeras como el ala, sólidas como el mármol”.
Para Martí, “tiene la prensa periódica altísimas misiones: es la una explicar en la paz, y en la lucha fortalecer y aconsejar: es la otra hacer estudio de las graves necesidades del país… Ayude la prensa periódica a los que gobiernan, señalando y presentando estudiadas las cuestiones que han menester más seria y urgente reforma”.
Escribir es servir. El periodista “debe desobedecer los apetitos del bien personal, y atender imparcialmente al bien público. Debe ser coqueta para seducir, catedrático para explicar, filósofo para mejorar, pilluelo para penetrar, guerrero para combatir. Debe ser útil, sano, elegante, oportuno, saliente. En cada artículo debe verse la mano enguantada que lo escribe, y los labios sin mancha que lo dicta. No hay cetro mejor que un buen periódico”.
Advierte, a “los artesanos de la pluma” contra la “metalificación del espíritu” por “la acumulación ardiente y goce desatentado de la fortuna”, o bien en consecuencia de “el amor descarnado y desequilibrado de lucro, [que ] relaja las fuerzas”. Y previene sobre aquel que mira “con ojos de hijo lo ajeno, y con ojos de apóstata lo propio”.
La misión del diarista está clara: “El desinterés del periodista es esencial. Aflige cobrar por lo que se piensa: y más si, cuando se piensa, se ama. Un periódico sin generosidad, es un azote. Un periódico generoso, es una columna”. En otra oportunidad, explicó: “Un pueblo ha de ser columna de virtud, y si no está hecho de ella o no la tiene en su masa en cantidad principal, se desmigaja como un hombre que pierde la fe en la vida, o como un madero roído”.
Para él, “el periodismo ha de ser un culto, que lo sea de la virtud. No debe hacerse de la pluma arma de satírico, sino espada de caballero”. La prensa es “el can guardador de la casa propia”. Y es “periodismo magno el de quienes en papeles condenados a desaparecer en horas o días, escriben para años”. En fin, “no hay monarca como un periodista honrado”.
Quien quiera aprender más sobre José Martí periodista, puede consultar El periodismo como misión, compilación y prólogo de Pedro Pablo Rodríguez (La Habana, 2002) y En los Estados Unidos: periodismo de 1881 a 1892, edición crítica coordinada por Roberto Fernández Retamar y Pedro Pablo Rodríguez, 2 tomos (París: Archivos de la Unesco, 2003).
Armando Vargas Araya | 24 de Enero 2008


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