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Eunice Odio: "¿Cómo se planea una revolución?"

Alfonso Chase | 14 de Enero 2008

El Lic. Mario Esquivel Tobar publicó el libro Eunice Odio en Guatemala, auspiciado por el Instituto del Libro, en 1983, y allí se recoge un artículo de la escritora sobre la situación política en Costa Rica, diciembre de 1947, publicado en El Imparcial de Guatemala. Fue un artículo que tuvo mucha repercusión en el país por lo que allí se decía, y por la inteligencia de la autora al referirse a asuntos que analizaba de manera muy clara, producto, se sabe ahora, de la información cursada por sus amigos costarricenses, tomados de partes policiales, e información periodística aparecida en el diario La Tribuna. El diario guatemalteco estuvo de acuerdo en publicar la serie, siempre que se mantuvieran en sigilo los nombres de los responsables de los atentados, allí descritos de manera muy clara. Ella accedió, pero hizo una lista de los responsables, según su criterio, en un total de veinte conjurados, sospechosos, detenidos o citados en las investigaciones, más otro total de 40 personas, vinculados a los actos, en lo esencial: compra de explosivos, el saber cómo se hacían las bombas y de dónde procedían los instrumentos para fabricarlas. Ahora que se ha abierto el archivo de documentos de María Asunción Lascorreta, que actuó como secretaria de Eunice Odio hasta en sus últimas semanas, ya antes lo había sido de la pintora Remedios Varo, se pueden consultar algunos documentos de índole privada: recortes de artículos, cartas recibidas, correspondencia nunca enviada, recibos, apuntes para artículos y, sobre todo, aquellos que no fueron publicados, ya por que fueran rechazados o debido a que se podía poner en peligro la seguridad de Eunice Odio, y que ella guardaba como testimonio de su labor, junto a los borradores de sus traducciones, la correspondencia recibida de parte de Humberto Díaz Casanueva, detalles de la huída de Elena Garro, por diferentes sitios, luego de los sucesos de Tlatelolco, así como la trama de la enigmática visita, según ella, de Lee Harvey Oswald, el magnicida de Dallas, remitido por unas familiares cubanas de la poetisa, residentes en Texas, y el enredo bombástico que se armó cuando los asistentes a la política rumba descubrieron los entretelones del asunto. Sobre eso ya escribí hace algunos años, perplejo ante lo que parecía una novela policíaca y no la real existencia de esta mujer excepcional, que atribuía todas sus desgracias al infortunio de sus destinos, en plural, pasando de Guatemala a Guatepeor con singular frecuencia.

Entre 1947 y 1948 la poeta escribió algunos de los artículos más lúcidos sobre Costa Rica, una vez que sacudiera sus sandalias, previa publicación en La Tribuna, de un furibundo poema-despedida, en el que parecía que se iba definitivamente, como lo hizo parcialmente, hasta que regresó para cubrir la visita del presidente Kennedy, enviada por Excelsior, de México, dando un recital, lamentable, ante unas doce personas; tres primas, un señor que la había acogido en su casa, una de sus sirvientas, al menos eso decía, dos periodistas, el que esto escribe con sus padres en estado de embeleso. Y alguien más, que no recuerdo.

Entre los artículos más lúcidos, nunca editados, ni publicados ni incluidos en sus antologías está este: “¿Cómo se fabrica una Revolución?”, complemento a los editados en diciembre de 1947, una lúcida denuncia de lo que estaba sucediendo en su patria, que iba a terminar con un golpe de Estado, el que se abortó, proponiendo un asalto al cuartel de La Artillería, el cual los conjurados tomarían para sí, lanzando una proclama nacional. La visión de Eunice Odio es que todo obedecía a un plan preconcebido de desestabilización del Gobierno del presidente Teodoro Picado, que había empezado al día siguiente de la muerte de León Cortés, por temor a las reformas sociales, a la tríada calderonismo, vanguardismo e iglesia, siendo su ejecutor el “brazo armado” de lo que ella llama fifís, chicos popis, glostoras, o nenes popoff, según sus diferentes usos del término. Amplía el número de intentos hasta llegar a los 52 atentados, previos a las elecciones de 1948, lo que había de preparar un clima de intranquilidad y desestabilización, incluyendo atentados contra la vida y hogares de Manuel Mora Valverde, Rafael Ángel Calderón Guardia, Carmen Lyra, Néstor Zeledón (padre), Manolo Rodó, Luis Paulino Jiménez y amenazas contra la vida de Carlos Luis Fallas, Jaime Cerdas, Corina Rodríguez, Carlos Luis Sáenz y otras destacadas figuras públicas. Lo importante del artículo es que la escritora hace uso de una serie de literatura axilar que muestra las acciones de los partisanos, los escritos de Curzio Malaparte, Giovanni Papini y hasta de Víctor Raúl Haya de la Torre, en su denuncia del rol de las oligarquías en la toma del poder.

Según ella, el intento de embarrialar el medio iba a falsear el resultado de las elecciones de febrero de 1948, en tres niveles: con el control del sistema electoral la oposición podía hacer lo que quisiera, el amedrentamiento de los partidarios de Calderón Guardia les impediría ejercer el voto, un trastorno general previo a las elecciones induciría a los gobiernistas a responder de manera agresiva su supuesta pérdida, la intervención extranjera, no dice quienes, entonces, convertiría a Costa Rica en un país ocupado por fuerzas mercenarias.

La escritora Eunice Odio tenía a la fecha de sus artículos 25 años y como ensayista, y polemista, despuntaba hacia nuevos umbrales, con dominio del tema, ideas y una prosa elegante pero crispada.

En enero de 1948 inicia una gira, triunfal la llamó Claudia Lars, en donde leyó parte de su libro Los Elementos Terrestres, dictó conferencias, análisis de la situación política en Guatemala y Costa Rica, según reseñan los diarios a la fecha, gira que la llevó a visitar El Salvador, Honduras y Nicaragua y devolverse a Guatemala, para seguir atenta vida cultural y sentimental.

Si analizamos sus ensayos, o artículos periodísticos, se puede ver su facultad visionaria, firmemente enclaustrada en sus conceptos, plena en polémicas que terminaron su cercanía con la izquierda marxista, devuelta a las ideas originales del aprismo de las cuales nunca renegó, según testimonios de Víctor Alba, su amigo y protector en México, y de don Alberto Baeza Flores, su ángel guardián de muchos años.

(La Prensa Libre)

Alfonso Chase | 14 de Enero 2008

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