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El precio en la lucha por la igualdad

Rogelio Ramos Valverde | 5 de Enero 2008

Decían que el día de hoy nunca llegaría”. Barack Obama, aspirante a la nominación presidencial del Partido Demócrata de los Estados Unidos.

Entre 1660 y 1776, ochocientos mil negros esclavos habían sido introducidos a la parte francesa de la Isla de Santo Domingo. Sin embargo, muchos perecieron por los castigos inflingidos por los amos, estimándose la muerte de casi la mitad a esa última fecha.

Era previsible el levantamiento contra el sistema colonial esclavista.

La ejecución de los libertos Vicent Ogé y Jean-Baptiste Chavannes: su delito, haber solicitado para los de su clase, la igualdad. La Asamblea Nacional de Francia por decreto de 28 de marzo de 1790, y con vista de los Derechos del Hombre, de reciente promulgación, reconocía a mulatos y negros libres el derecho a ocupar asientos en la Asamblea Colonial y la supresión de reglamentos coloniales contrarios a la Declaración.

Tanto Ogé como Chavannes tenían vieja tradición revolucionaria. El primero estaba en Francia cuando los sucesos de la Revolución y había colaborado con otros libertos de Saint Domingue, en la consolidación del mencionado Decreto; el otro, Chavannes, había participado con unos seiscientos libertos de la Isla, en la batalla de Savannah en Estados Unidos, a favor de las fuerzas insurrectas. Las autoridades coloniales se negaron a aceptar el Decreto, y ambos decidieron, con un pequeño ejército defender sus derechos, y el cual, después de varios combates, fue derrotado por el ejército colonial. Se asilaron en el Santo Domingo español, con tal desventura, que el gobernador hispano Don Joaquín García los entregó a los franceses, y como premio a su servicio pidió la condecoración de la Cruz de San Luis. ¡Qué poca vergüenza!

Era el caldo necesario para la sublevación.

El 14 de agosto de 1791, los jefes negros Boukman, Jean Francois, Blasou y Jeanot, se reunieron en la Llanura del Norte denominada Bois Caiman, parte francesa de la Isla, para decidir la sublevación contra el dominio colonial francés. Señalaron el 21 del mismo mes para iniciar la revolución. Su divisa: “Libertad o muerte.”

La Revolución Haitiana fue el primer movimiento al sur del Continente, y con Francois Dominique Tuossaint Louverture y luego Jean Jacques Dessalines, se consolidó la Independencia en 1804. Después, durante los Gobiernos de los presidentes Alexander Pétion y Jean Pierre Boyer, Haití se convirtió en el foco revolucionario que desencadenó el triunfo de Simón Bolívar, y trajo el fuego sagrado de las victorias que dieron libertad e independencia a la parte septentrional del sur continental. No estuvo ausente en su apoyo en la lucha por la Independencia mexicana, aunque con más limitaciones.

Tal espíritu de rebelión causó preocupación y hasta estupor en los Estados Unidos, donde había un fuerte sector adherido a la esclavitud como forma de vida. Una lucha que cerró la voluntad de Abraham Lincoln, en el frenesí de la Guerra Civil.

Era preocupación de los Estados Unidos la política de la República negra de Haití. En este siglo la calificarían como el espíritu del mal. En su mensaje de 25 de febrero de 1823, el presidente James Monroe, justificó el silencio del Departamento de Estado a la solicitud del reconocimiento a la Independencia Haitiana, afirmando: “Toda la isla de Haití está unida bajo un solo gobierno y regida por una sola constitución que deja el gobierno en manos de un pueblo de color”; y para lo cual el presidente considera conveniente el no “perturbar la tranquilidad y el más alto interés de nuestra Unión adoptando minuciosas precauciones.”

Mismos prejuicios fueron declarados por senadores de los Estados Unidos, en la época del Congreso de Panamá convocado por Bolívar. Por ejemplo, el senador de Missuori, Thomas Hart Benton, dijo:” Nuestra política para con Haití ha sido fijada desde hace treinta años…No recibimos a sus cónsules mulatos o a sus embajadores negros. ¿Por qué? Porque la paz de once Estados no permitirá la exhibición entre ellos, de los frutos de una insurrección negra que ha triunfado. No permitirá que los embajadores y cónsules negros den a sus congéneres negros de los Estados Unidos, una prueba visible de los honores que les esperan si intentasen un esfuerzo similar.”

Como podría discutirse en el Congreso Anfictiónico de Panamá, sobre la esclavitud y su eventual supresión, el senador de Carolina del Sur, Mr. Hayne, afirmó: “Deseo manifestar solemnemente y de una vez por todas, que los Estados del Sur no permitirán jamás y jamás podrán permitir intervención alguna en sus asuntos privados y que en el instante que tal intervención se manifestara, nos consideramos separados de la Unión…Nuestra política para con Haití es clara. No podemos nunca reconocer su independencia.” O sea, que era principio fundamental de esos estados la esclavitud y quienes atentaran contra ella, llevarían al rompimiento de la Unión Americana. Previsión cumplida con la formación de la Confederación de esos estados, como nación independiente, luego del triunfo de Lincoln en 1860.

Por su parte, el esclavista William Walker, Comandante de unos forajidos, representante legítimo de una visión enfermiza de los filibusteros, alegó a favor de su causa, con vehemencia y sadismo. Se condolió cuando un negro de Jamaica de apellido Murray, ayudante del general José María Cañas, así lo escribe, fue el encargado de recibir la capitulación y la goleta Granada del Capitán Irvine Fayssoux, y cuyo abuelo materno de color blanco, de igual nombre, había peleado a la par de George Washington cuando este atravesó el Delaware. Parangonó esa entrega como una sumisión imperdonable, como si el vencido tuviera un destino por encima de la derrota, para impugnar al vencedor.

Hoy que el aspirante demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, negro hijo de un keniano y una vecina de Kansas, cosecha una importante victoria en las preliminares de Iowa, vale la pena recapitular sobre los siguientes extremos: la lucha por los Derechos Civiles, la lucha contra el KKK, peligrosos miembros de una secta de extrema derecha, la existencia del Muro levantado en la frontera con México, la política contra los indocumentados que pregonan senadores y representantes del Congreso, la discriminación racista, la política del destino manifiesto sobre todo el Continente Americano.

Contentémonos por ahora, con mirar las elecciones de los Estados Unidos en este año.

Es prematuro saber el resultado final de las elecciones primarias; aunque sí parece con mayor probabilidad, el triunfo de un candidato del Partido Demócrata. Aparte que un ciudadano negro llegue a la presidencia de los Estados Unidos, hoy por hoy, lo más importante es el cambio en su política nacional e internacional: lo destacable es el hundimiento de la intolerancia como forma de gobierno, de utilizar la fuerza y el dinero para doblegar conciencias e invadir países. En eso está muy claro en Barack Obama; está también muy claro que los Estados Unidos requieren un cambio en la forma de gobernar de la actual administración: darle contenido social a una nación, la economía más poderosa del mundo.

¡Cómo explicar, según manifestó el senador John Edwards, otro demócrata aspirante a la candidatura, que millones de estadounidenses viven sin seguro social, viven sin protección laboral, pospuestos por la política de darle poderes inmensos a las corporaciones con demérito de las personas! Sociedad llena de altibajos y discriminatoria.

Además, el valor de ese cambio en la dirección política que no soñaron algunos de los Padres de la Independencia de los Estados Unidos: la desaparición de la esclavitud, donde varios de esos Padres de la Revolución mantenían esclavos; y que ahora deben cambiados por la igualdad, la solidaridad, y la posibilidad que un aspirante de otro color fuera del blanco, pudiera llegar a convertirse en candidato o presidente de la República.

Haití es actualmente el país más pobre del continente. Se ha visto gobernado por regímenes despóticos, y desde 1915 a 1934, fue sometido a la ocupación de su territorio por los Estados Unidos. Sin embargo, el combate contra la segregación y la injusticia, proclamados en la insurrección haitiana de finales del siglo XVIII, es fuente de inspiración para todos los seres libres, no importa su color y su raza. Será siempre bandera contra el oprobio y la discriminación.

Rogelio Ramos Valverde | 5 de Enero 2008

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