“Para nadie es un secreto” como decimos los ticos, que vivimos en una democracia ejemplar, bajo un estado de derecho, y gobernados por un premio Nóbel de virtudes excepcionales (cívicas). Un gran oligarca cafetalero, cañero, guarero, pollero (en los dos sentidos), periodiquero, y hospitalero, a quien todos los ticos deben agradecer que pagó las muchas apelaciones que al fin convencieron a la Sala Constitucional de que todos tenemos el derecho de volver a ser presidentes de la república; como lo ha explicado magistralmente nuestro constitucionalista laureado don Bencho Hernández en La Nación.
Una sociedad así tenía por fuerza que estar monitoreada por los marcianos, quienes extrañados de captar la exclusiva propaganda pro TLC de nuestro famoso referéndum, así como de las continuas intervenciones del presidente de la republica, el embajador americano, et al., y deseando saber algo más del paradigma del mercado global sobre el cual los terrícolas hacemos ahora tanta bulla, decidieron mandarnos: otro astronauta. Los marcianos ya sabían que los terrícolas son muy deshonestos, y que siempre se están debatiendo en ideologías aberrantes. Desgraciadamente, el visitante descubrió que además no podemos advertir nada contra nuestra aberración favorita, aunque las contradicciones nos revienten en la cara, como está sucediendo ya con la aberración ideológica de moda que llamamos “el libre mercado”, reventando inmediatamente después de la aberración colectivista anterior, y que nuestro mismo presidente —no oye ni el ruido peculiar de sus zapatos—. Por eso de nada sirvió que el marciano nos dejara su diagnóstico.
El explorador escogió la alimentación para su estudio porque su planeta ha sufrido grandes cambios climáticos, y ellos sí saben que la comedera es la condición sine qua nihil. Notó de inmediato que este era el tema más débil y contradictorio de la absurda ideología del mercado, y que las falencias allí afectaban todo lo demás, e informó así:
I) LOS SUBSIDIOS. El libre mercado dice que tienen que competir sin subterfugios, y en 50 años de gatteo no sólo no han podido eliminar los subsidios de los países ricos, sino que más bien los han aumentado. Un síntoma adicional de falta de honradez es que han pasado los de la exportación a subsidios directos y reclaman crédito por su eliminación.
II) EL MONOPOLIO. El marciano notó la creciente fusión de las grandes empresas transnacionales y la absorción de las pequeñas. Dijo que el país parece ser una colonia de Walmart, pero que en agricultura todos los países pobres aceptaron el monopolio de los ADPICS (Asuntos de Propiedad Intelectual Ligados al Comercio) (TRIPS) de los países industriales a cambio de que ellos liberaran el comercio agrícola, y que los ricos no han cumplido su palabra, ni la van a cumplir. Además, que en medio de toda la bulla de la competencia y el libre comercio, resolvieron dar el monopolio sobre las semillas a las grandes transnacionales por una mejorita que les hacen; insignificante por comparación con la contribución que les han dado los agricultores. Y que como los pobres no tienen ni un Amparito, y sufren adicionalmente el mal malinche que no tienen en Marte, los traidores locales de los países pobres pusieron penas de cárcel a la Ley de Observancia que no tienen en los países industriales, y dos malinchones del COMEX fueron a cambiar esa ley aprobada hace 5 años, aumentándole las penas de cárcel, para darle un chance de hacerse el simpático al chapulín colorado diciendo que las penas son exageradas.
III) DE LA EFICIENCIA. Les han asegurado que los agricultores europeos y americanos son mucho más eficientes que los de los países pobres, y resulta que aquellos agricultores ricos no ganarían nada sin el subsidio que les da su gobierno; que producen tanto que sobrepasan el umbral de retornos decrecientes; que eso les lleva a consumir enormes cantidades de insumos innecesarios y contaminadores; que esa producción excedentaria arruina el mercado de los agricultores de los países pobres, y que en términos de calorías, producen mucho menos de lo que consumen! Además, les han dicho que la gracia es aumentar la productividad, y resulta que ésta se aumenta en los bienes industriales usando más aceleradamente los recursos no renovables, y que en la agricultura no se puede aumentar ni con la ingeniería genética porque el nivel de producción de una especie está pegado al equilibrio ecológico que tiene que mantener con las demás especies.
IV) DE LA VENTAJA COMPARATIVA. Les han alabado muchísimo la sabiduría del economista laureado, y resulta que este no entiende ni el concepto de “ventaja comparativa” en que basa su fama, porque cree que consiste en aprovechar los excedentes alimentarios subsidiados gringos, a precios de lo que La Nación (otro experto del libre comercio) llama “de oportunidad social”, y esos precios resultan ser ahora tres y cuatro veces más altos que los que tenían en Costa Rica cuando producían todos sus alimentos en vez de menos de la mitad como ahora, porque este sabio economista acabó con el modelo de desarrollo de la Sustitución de Importaciones, subsidiado por la producción agrícola y los consumidores, cambiándolo por el de Exportaciones no Tradicionales, también subsidiado por los consumidores y para la misma clase de opilados, pero sin ningún lugar para los agricultores campesinos porque el sabio alegaba que eran muy ineficientes, y que la ventaja comparativa demandaba mejor importar los excedentes gringos subsidiados.
V) DEL DESABASTO. Increíblemente, en medio de toda esa orgía por la libertad del mercado, les impusieron una ley del embudo que consiste en que se pueden importar todos los alimentos extranjeros cuando afuera sean más baratos, pero en cambio no pueden exportar los que ellos producen cuando allá sean más caros, porque crearían desabasto. La solidaridad es muy fácil cuando la pagan otros.
VI) DE LA INUTILIDAD DE LA EVIDENCIA. Y cuando los precios internacionales de los alimentos se disparan, como advirtieron mil veces los mismos agricultores que tenía que ocurrir, la FAO, que colaboró con el Consenso de Washington de que la Seguridad Alimentaria era posible dependiendo del mercado internacional, está haciendo unos cupones para ayudar a los agricultores de las 4/5 del partes del mundo; el IICA está hablando de producir localmente alimentos y combustible; y los investigadores de las universidades dicen que lo importante es seguridad alimentaria Y NUTRICIONAL; o que lo que importa es la INOCUIDAD de los alimentos de que carecen esas 4/5 partes del mundo, especialmente por culpa de la importación de excedentes baratos subsidiados: la cosa es no ver el problema.
VII) DEL MERCADO INTERNACIONAL: O DEL MERCADO PUNTO. Cuando un montón de agricultores ticos se engranaron a la agricultura de exportación no tradicional, aunque fuera vendiéndole mal a una transnacional, a pesar de lo cual siguen sufriendo las épocas periódicas de malos precios como en el café, la yuca y la piña, algunos se vienen a dar cuenta de que el problema no está en que les compren sus productos, sino en a qué precio se lo pagan, pues primero hay que controlar la inestabilidad de sus precios, y eso no lo pueden hacer los productores agrícolas porque no tienen control de su oferta; lo hacen los intermediadores, cuando el café no vale nada el ama de casa sigue pagando el mismo precio que cuando vale mucho.
El marciano observó las contradicciones del paradigma del “libre mercado” solo en el área agrícola, pero lo extrapoló de inmediato a todo lo demás, pues si tenés control de tu oferta, como en los bienes industriales y en los servicios, tenés también buen precio, pero no hay mercado porque este requiere el libre juego de la oferta y la demanda. Y si no tenés control de la oferta, como pasa con los productos agrícolas, entonces si hay mercado, pero este produce enormes fluctuaciones en el precio y en la producción: es dañino. Cuando el marciano puso en duda la existencia del mercado, los neoliberales le preguntaron si no tenían en Marte la ley de la oferta y la demanda, y este les dijo. –Es la misma ley del factor limitante, pero no funciona cuando el factor en cuestión aumenta y disminuye incontrolado, y es mejor que lo controle el estado que el especulador. Ni funciona cuando la deshonestidad permite limitarlo, como hacen ustedes.
La Am Cham invitó al marciano a una reunión donde estaban todas las 14 familias ricas costarricenses, más los nuevos ricos, y los agentes. También estaba allí el granelero Mr. Scrooge con su mirada de ave de rapiña, y el embajador americano –a quien el marciano confundió con el portavoz costarricense por lo entrometido. Y estaba todo el personal vitalicio del COMEX, además de los del CINDE, el FUCE, el CRUSA, el InBIO, el INCAE, la Fundación Arias, y monseñor Sama; amén de los diputados Echandi, Guyón y la cumiche. Como periodistas, pues Julito, Pilar e Ignacio, y de juglar tenían a don Abel, aunque al marciano le parecieron más chistosos los demás. Con su tonillo de cura de pueblo, don Oscar aseguró que pronto todos los obreros maquileros tendrían su Mercedes. Don Rigoberto Stewart explicó que sin los consumidores los productores estarían sobrando. Don Esteban Brenes, que los agricultores campesinos deben aprender inglés y comprarse una computadora. Don Fito Coto bailó la giganta. Y don Alfredo Volio aseguró que la seguridad alimentaria es un concepto trasnochado. El marciano solo estuvo de acuerdo con don Javier Flores, quien dijo que todo era cuestión de cadenas, pero agregó que estas se revientan por el eslabón más débil.
Los neoliberales aseguraron al marciano que el paradigma del mercado global era la verdad verdadera, como había quedado demostrado después que la Unión Soviética pegó el tastazo. Pero el marciano conocía también la historia de la otra aberración ideológica. Sabía que la dictadura del proletariado era un cuento en que no creía ni la misma nomenklatura, y que el hombre nuevo solo podría aparecer por mutación. Y también sabía que esa aberración anterior tenía mejores intenciones, pues se trataba de dar a los trabajadores la parte que les corresponde en la riqueza que ayudan a producir. Y sabía que la plata que les correspondía a estos se gastó en armamento. —Aquello era muy parecido a lo de ustedes—, les dijo —Uno podría creer que la Nueva Política Económica era una medida racional para superar las circunstancias. Un respiro para darse un chance de implementar mejor el papel dominante del estado en la producción. Una especie de reculer pour mieux sauter. Y uno podría decir que al fin triunfó la propuesta dialéctica del kolkhoz, donde se podían obtener todas las ventajas de la gran finca científica que también propone el mercado. Pero ahora sabemos bien que todo aquello era falso. La falacia se podía constatar con las malas cosechas año con año, sin que eso produjera ninguna recapacitación. Tampoco constataban ellos el progreso del plan, ni aceptaban la evidencia; igual que ahora no se preguntan ustedes ¿qué es el mercado?
Cuando el marciano le dijo a Mr. Langsdale que el planeta se les estaba calentando, este contestó que —eso ser un bonanza, porque turismo tropical trasladar para Alaska—, y que como —cuando la cosa se calienta hay aumento de población, tendremos en el 2030 ocho mil millones de clientes consumidores—. Y cuando el marciano le habló al embajador americano de responsabilidad, Mr. Langsdale le dijo: —como decir mister Alexander Bonilla “Costa Rica debe contribuir a disminuir contaminación dentro de sus posibilidades y sin amenazar su desarrollo”. Lo mismo decir el resto del mundo y EEUU—. Y cuando le preguntó cómo resolverían el problema de los recursos naturales y la contaminación ambiental para un crecimiento cinco veces mayor que el actual, le respondió que con el desarrollo sostenible y con la sinergia.
Pero como el visitante discutiera los mismos puntos que puso en el informe, e insistiera tanto en el de fair play se enojaron mucho con él. Le dijeron que era un comunista y un trasnochado. Que si esas antenitas no serían de insecto. Que su color verde demostraba que era un ambientalista. Y que por qué no se iba para Marte. Apenas pudo ahuyentar a Franklin Chang que andaba cabildeando el endurecimiento de la Ley de Observancia y observando la nave con demasiado interés, el marciano arrancó su motor de plasma y se encumbró. Regresó a su planeta muy triste porque no podría informar allá que hubiera encontrado otra especie inteligente, pero consolado de que por lo menos los terrícolas no representaban ninguna amenaza para los marcianos.
José Calvo | 1 de Enero 2008


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