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Don Florencio: ¿cuál don Florencio?

Rogelio Ramos Valverde | 29 de Enero 2008

El evangelio de don Florencio Armando Vargas Araya Editorial Juricentro, 2007

¿Importa conocer la vida de nuestros grandes hombres y mujeres? ¿De aquellos sumidos en una semioscuridad tensada por el espíritu negativo de nuestras falencias?

Sí, respondemos al unísono. Pero entre aquello y la corrección de la historia hacemos poco. Preferimos sigan en el anonimato. Cuando la presión es muy grande, colocamos en el escaparate de la vida nacional algunos datos y si es necesario, los adobamos con más de una crítica. Todo para complacer un pueblerino egoísmo, sin otra visión nacida de la mediocre sutileza de nuestro modo de ser.

Es lo sucedido con don Florencio del Castillo. Es verdad, se le tributaron homenajes; es verdad, se consignaron referencias a su paso por las Cortes de Cádiz, donde se aprobó la Constitución Española de 1812; es verdad, se dijo que había ocupado la presidencia de la Corte en alguna ocasión; y en lo “profundis” de su trayectoria, el haber pasado a Méjico para terminar en Oaxaca su labor y sus días.

Sin embargo, un limbo de desconcierto nos apresura. ¿Cuál era en realidad esa su figura, su trayectoria de hombre letrado, de hombre que nos representó por primera vez en un Congreso internacional? De la época colonial, vivida casi en el ostracismo de la provincia más atrasada del Continente, nos llegan las voces de gobernadores, alcaldes, escribanos, mecidos en la pobreza de ser tributarios alternativos de Guatemala y Nicaragua en lo económico, lo político y lo cultural. Pero no había la voz de lo nuestro.

El criollismo que en otros lugares abría esperanzas en el manejo del gobierno propio en nuestro país era casi nulo o por lo menos así parecía; todo ese armazón tenía sesgo peninsular. Al levantamiento en San Salvador para luchar por la independencia de estos países centroamericanos, respondimos enviando un contingente a sofocarlo. Todo un tedio colonial.

Empero en el subyacente de esa etapa, sin que nos percatáramos de ello, anidaba un esfuerzo personal.

Ahora, el libro de don Armando Vargas Araya enciende la luz de ese escenario con el propósito de que podamos ver, con toda claridad y en la prístina secuencia de su valor, al verdadero don Florencio del Castillo. Desde su nacimiento hasta el trayecto forjado a base de estudio, de mirar el porvenir surgiendo de la etapa colonial con esperanzas, con desgarramientos y con errores.

Es el generoso peregrinar por la figura más universal de nuestra época colonial. La voz alzada en la contienda de la separación de España, representante de un pensamiento libre y al mismo tiempo inclusivo, de la identidad hispanoamericana. Coparticipa con los diputados americanos en la representación ante las Cortes estableciendo las responsabilidades de la política peninsular como motivo primordial de la rebelión de las Colonias. Así dicen: “El mal gobierno, la opresión del mal gobierno es la primordial y radical de la Revolución de América; ni puede excogitarse otra por más que se cavile.”

En sus discursos preconiza por darle igualdad donde antes había desigualdad; libertad donde existía opresión; la educación como antídoto de la pobreza; la desaparición del color de la piel en la armonía de la nación. Pinceladas que menciono asaz como sustento de su conocimiento de las instituciones y de los seres humanos.

A mi me recuerda a Andrés Bello, éste luchador por la independencia absoluta pero con alientos más esforzados por mantener el nexo de la armonía más allá de Reyes, Condes y Marqueses, buscando en la identidad forjada en la entraña popular. En el fondo, es el pensamiento de don Florencio.

La admonición de don Armando, al final de su discurso como integrante de la Academia Costarricense de la Lengua no debe caer en terreno infértil: “Maestro de envergadura universal, el señor Canónigo Don Florencio del Castillo es un soberano desconocido en su patria. Se trajeron sus restos pero se ignora su pensamiento. Los costarricenses estamos obligados a saldar una inmensa deuda de gratitud, estudiándolo, honrándolo y haciéndolo nuestro”.

Si hacemos nuestro ese mensaje, lo leemos con cuidado, estaremos prestos a decir, y cuando nos pregunten por don Florencio, no volveremos a contestar: ¿cuál don Florencio?

NOTA DE LOS EDITORES – El autor de El evangelio de Don Florencio tendrá un diálogo con los lectores en la Librería Internacional de Plaza Atlantis, San Rafael de Escazú, mañana jueves 31 de enero a las 7pm, luego del cual se ofrecerá un refrigerio. La invitación de la Librería Internacional es para la Plaza Atlantis, no en Multiplaza.

Rogelio Ramos Valverde | 29 de Enero 2008

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