¿SE REQUIEREN LIDERAZGOS Y ESTRUCTURAS ORGANIZATIVAS?
Intentar una aproximación al problema que esta pregunta plantea, requiere, quizá, diferenciar dos ámbitos. Diferenciarlos, sí, pero sin perder de vista su estrecha vinculación. Uno de estos ámbitos es el propiamente cívico, es decir, el de la acción autónoma de la ciudadanía. El otro es el propiamente político, o sea, el de las organizaciones partidarias –o que intentan ser tales- las cuales aspiran a lograr posiciones dentro del sistema político-institucional de poder.
El ámbito de la organización cívica
Aquí se incluye toda una plétora de organizaciones ciudadanas: comités patrióticos, organizaciones juveniles, sindicales, ambientalistas, de mujeres, campesinas, académicas…y tantas otras más. Son estas instancias organizativas las que constituyeron el Movimiento del No. Lo hicieron crecer; le dieron dinamismo, creatividad y le insuflaron su enorme capacidad creativa. Maduraron y se fortalecieron a lo largo de la lucha contra el TLC y para ello jamás requirieron de estructuras organizativas centralizadas como tampoco de ningún líder carismático.
He dicho que, a mi juicio, es incorrecto evaluar los logros de este Movimiento del No con referencia al resultado del referendo. En cambio, me parece más importante aquilatar el significado y alcances de este proceso de maduración cívica, de enriquecimiento político, organizativo y de participación ciudadana. Desde ese punto de vista, el Movimiento resultó un éxito rotundo. Entonces cabe preguntarse: ¿Por qué se insiste en construir estructuras organizacionales más o menos rígidas y piramidales? Si el Movimiento creció como una enorme red descentralizada que se coordinaba por vías informales, laxas y flexibles, ¿por qué no trabajar a fin de profundizar y perfeccionar tales características en vez de buscar formalizar estructuralmente algo que funcionó muy bien desde su relativa informalidad y laxitud sistémica?
Son loables los esfuerzos que han sido emprendidos en ese sentido, pero creo que se ha evidenciado las tremendas dificultades que enfrentan. La razón me parece que esta inscrita a profundidad en nuestra realidad social: estamos hablando de un movimiento extremadamente complejo, diverso y plural. Y una realidad de ese tipo se coordina mejor cuando se coordina descentralizadamente. Suena paradójico pero es algo que, me parece, se desprende de la complejidad misma del proceso social en marcha.
Dicho de otra forma, diría que en relación con este Movimiento Ciudadano lo que se plantean son principalmente tres retos: mantener el entusiasmo y la mística; perfeccionar la organización de base; y perfeccionar el funcionamiento de esas redes descentralizadas, laxas y flexibles. Esencialmente esto demanda –como insumo de primordial importancia- perfeccionar los canales de información y la calidad de esa información. Que ésta sea abundante y fidedigna, que fluya con rapidez y llegue hasta los últimos rincones y que promueva la interrelación y retroalimentación continuas. En el proceso, se irán creando y recreando lazos de coordinación y consensos dinámicos.
El ámbito político-partidario
Este ámbito tiene otras particularidades y exigencias. Ahí sí se requiere cierta formalidad organizativa, cierta estructura y, sin duda, cierto liderazgo. Sin embargo, es preciso constatar, primero que nada, que, en materia de organización partidaria, el campo de las fuerzas que se oponen al neoliberalismo está fragmentado, e incluso disperso. Evidentemente el PAC es, con ventaja, el partido más grande y el mejor estructurado. Pero, por su parte, la gente del PAC deberían admitir que, librados a sus propias fuerzas, triunfar frente a los partidos del neoliberalismo es cosa improbable.
Otras expresiones políticas, menos estructuradas que el PAC, se sitúan indudablemente a la izquierda de éste. En ese sentido, es seguramente cierto que el PAC constituye algo así como un partido de centro, algo inclinado a la izquierda en temas económicos y sociales, pero que oscila a la derecha en temas morales. Ello quizá refleja los liderazgos dominantes a su interior y podría cambiar –incluso bascular más claramente a la izquierda- si otros liderazgos lograran adquirir mayor peso.
Ese es, muy a grandes rasgos, el panorama político-partidario con el que contamos: un partido relativamente fuerte y consolidado, pero no lo suficiente para derrotar a los partidos neoliberales, y diversos intentos –el Frente Amplio y el PASE algo más definidas- por construir otras opciones partidarias. Éstas en general se sitúan a la izquierda del PAC. Tal es el complejo de potenciales fuerzas partidarias que podrían dar base, desde lo político-institucional, a la construcción de alternativas políticas viables. Muy probablemente la izquierda más extrema se autoexcluiría de este proceso, en virtud de su renuencia a dialogar y transigir.
Así las cosas, y en lo que al ámbito partidario se refiere, ¿de qué espacio de acción disponemos? Me parece que solo hay una opción: construir una coalición amplia y plural. Admitamos que no es cosa fácil de concretar. Primero que nada, ello demanda tremenda generosidad y humildad. El PAC tendría que admitir sus propias limitaciones como fuerza política y desechar cualquier actitud hegemonista. Las demás fuerzas partidarias tendrían que aceptar el peso particular que el PAC ha adquirido. Y unos y otros tendrían que reconocer, con honestidad y transparencia, que la coalición debe montarse sobre un programa mínimo, no sobre la repartición y piñata de puestos. Esto último es lo que típicamente harían los partidos del neoliberalismo, pero jamás una organización política que pretenda representar dignamente a ese riquísimo Movimiento Ciudadano surgido en la lucha contra el TLC.
Pero si la base esencial es ese programa mínimo, inevitablemente debe reconocerse que no es algo que surja del aire ni se concierte con facilidad. Vuelvo entonces sobre mi reiterada cantinela: la importancia insustituible del diálogo respetuoso. Ya esto resulta tremendamente exigente, pero no lo son menos los sucesivos requisitos éticos y políticos que habría que satisfacer, sobre todo en la forma de una tremenda generosidad para ceder y buscar acuerdos y, asimismo, un total desprendimiento para anteponer los objetivos políticos fundamentales a las aspiraciones y vanidades personales.
La pregunta siguiente es: ¿y cómo se articulan el ámbito civil con el político?
Luis Paulino Vargas Solís | 19 de Enero 2008


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