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Pescadores y juglares

Rogelio Ramos Valverde | 24 de Diciembre 2007

En el reino del golfo palidece la túnica de verde arropo. El juglar de la montaña esparce sus melódicos tonos; es conjura en la escala musical: trepar por la silueta del sentimiento aherrojado en un ay… largo y lastimero!

Paso lento de la naturaleza; acopio de mar y sus elementos para llegar a la perla. Hubo un tiempo lleno de riqueza, el nácar develado en la fortuna del golfo. Ahora no las hay; ni el aljófar como muestra del rocío. Es el crepúsculo de la cosecha, teñido con el onoto que marca las nubes del acabar. La miseria humana llenó de puerca basura la pureza del río, arteria deslumbrante antaño de bellos colores; hoy es enjambre de lodo putrefacto, y con ello vino la desolación.

Sobre las aguas, el pescador de ostras lamenta su poca fortuna. La congoja le invade, cabizbajo, en momento supremo, busca respuesta a su febril ansiedad; réspice doliente, sólo contempla su rostro demacrado en el espejo de aguas ya corrompidas. Señal taciturna del emblema negativo de la orfandad y la miseria.

¿Cuántas cosas perdidas en la anchura de la naturaleza lozana? Ocurre con nuestra desfachatez en la conservación de las riquezas del mar y de la tierra; del aire y de los bosques, corre pareja con la incuria de la sociedad. Cadena de infortunios labrados por nuestra propia mano. Nos arrastran como marionetas. Nos aceramos, sin remedio, a la propia destrucción del planeta. Damos la espalda a las llamadas de auxilio, las voces con mensajes de aprensión, son desoídas. Valen más los intereses de las corporaciones, amparadas desde el poder insólito de un aparato administrativo y militar. Mofa de la vida armoniosa y del fraterno trato social.

¿Dónde está el tribunal internacional, nacido de clamor de los pueblos y no de los poderes de los más fuertes y brutales; de ese tribunal con potestad para castigar esa delincuencia organizada? ¿Acaso no son tan criminales, abusando de la estabilidad de los ecosistemas, cual otros criminales nacidos de dictaduras militares? ¿Se diferencian de los masacradores de pueblos y de naciones? Son de la misma estirpe; son dictadores económicos, avasalladores con sus mentiras, producto de la visión de talegos del oro corruptor: merecen castigo ejemplar.

El ejemplo del pescador de perlas forma un vergonzoso trance; se repite en otros lugares, escenas y caminos. Es rotura del optimismo en la desventura; alcanza solo un calamitoso sitio. La arena de los días claros, se tornó oscura como el azabache, frágil como la desgracia del andar perdido, con la negación del trabajo fructuoso.

Vencido, el pescador se rinde. Solo escucha el monótono canto del juglar; salterio en lo alto del collado, lo escucha con el ritmo fúnebre de la muerte esperada. El lecho marino sucumbe y la túnica verde palidece en la tarde melancólica.

Rogelio Ramos Valverde | 24 de Diciembre 2007

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