La derrota de Chávez puede tener consecuencias nocivas para Costa Rica, por sus efectos sobre Daniel Ortega y el gobierno de la piñata.
Algunos pensaron que en su segunda gestión, por realismo, Ortega tendría más prudencia y responsabilidad, pues la economía está hundida, la URSS desapareció, Cuba está debilitada y el belicismo en los EE. UU. se ha agudizado por el ataque terrorista. Pero Ortega no rectifica. Su impermeabilidad mental solo le cambió su dependencia, la retórica y el modelo que copia. Genuflexo ante Chávez –poderoso caballero es don petróleo–, la derrota chavista no mejorará sus actitudes, menos hacia Costa Rica. Tenderá más al autoritarismo, a gobernar por decreto, a menospreciar la oposición, la prensa y al Poder Legislativo, a imponer de facto los Consejos de Poder Ciudadano (CPC) y a usar a su gusto el Poder Judicial que controla.
Sus acciones y fines tienen ahora un interés personal y familiar. De ahí surgió la piñata, los pactos con Alemán, el reparto de tribunales y órganos electorales, la concentración de poder y la ubicación de su esposa, Rosario –mujer notable por su espíritu maternal hacia su violada hija Zoila América–, como poder detrás del trono.
Esto es lo que subyace en el desastre actual de Nicaragua. Su peor ridículo fue el de la Cumbre de Chile –la del famoso “¿por qué no te callas?” del Rey–. En una sesión convocada exclusivamente para los presidentes en ejercicio, Ortega impuso la presencia y sentó a la mesa a su Rosarito, como si fuera un mandatario más. Ella es la jefa suprema de los ilegales CPC, aprobados por decreto contra la ley y la Asamblea, gracias a que Ortega controla el Poder Judicial.
Es de esperar que, con estilo somocista, se invente nuevos conflictos con Costa Rica para engañar a su pueblo. Nuestro Gobierno no debe caer en sus provocaciones y menos creerle sus promesas y carantoñas, aunque esté de por medio el cardenal Obando, el cual se le suma a sus planes cada vez que le conviene. Junto con Alemán, forman una troika donde, a falta de vergüenza, la hipocresía se suma a la mentira.
Mientras Ortega nos lloriqueaba aquí para evadir el pago de lo que deben a Costa Rica, el jefe de su Ejército gestionaba una gran compra de armas en Rusia. En vez de bienes para producir, compran armas para oprimir a su pueblo e iniciar una absurda carrera armamentista en el istmo.
Byas, uno de los siete sabios de Grecia, dijo: “El poder revela al hombre”. En esta segunda presidencia, Ortega, su mujer y su partido se han revelado de cuerpo entero.
(La Nación)
Rodolfo Cerdas Cruz | 9 de Diciembre 2007


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