Este era el nombre de una película famosa de Los Tres Chiflados en la época de los 60, que pasó a ser una expresión muy significativa del idioma (l´americain). Se refería a alguien que por tener un cohete “la había hecho toda”. Recuerdo que se la aplicaban a un tipo de técnico que andaba por todo lado repitiendo la misma plática con un “carrrousel”: un proyector de transparencias. Pero la expresión le aplica a todo tipo de personas que se enamoran de su herramienta, y son modificados por ella, lo que suele ser muy común. Cuando yo era un niño todos los campesinos estaban contrahechos por el machete de suelo, igual que lo estaban los campesinos salvadoreños (los choleros) por la cuma: un fierro de desyerbar que ellos no abandonarían por nada del mundo; a pesar de ser mucho mejor el azadón. Y una vez que me ofrecí de voluntario, andaba yo torcido todo el santo día cargando un fusil de 30 libras –un tercio de mi peso–. Ya me imagino lo que pesarán esos enormes mosquetones que cargan ahora our troops imponiendo la democracia en el Irak, hasta con su computadora para guiar las balas; sin cuya precisión se habrían apeado un millón de irakies en vez de solo 200 mil. ¡Puña punta tiene la tecnología de punta!
El oficio modifica a las personas que lo practican, al extremo de que se les puede identificar, como hacía Sherlock Holmes con sólo ver a una persona: maestra de escuela, contador, marinero, etc. Las armas modificaban radicalmente a los hombres: la espada, el arcabuz, la pica, hacían espadachines, arcabuceros y piqueros. A veces el oficio era reconocible por sus efectos destructivos, como en el caso del machete de suelo y la cuma, pero también se podía reconocer a los telegrafistas, los fabricantes de baterías, los escribientes, las mecanógrafas; ¡diablos, cómo ha pasado el tiempo! Ya no hay ninguno de esos oficios.
Pero ahora se puede reconocer a “los intelectuales” porque andan echados de medio lado acarreando su lap-top y hablando por celular: a menudo continúan gesticulando después de la conversación, pues como siempre están hablando conservan la actitud. La actitud sicológica es sin embargo anterior: si quieres progreso tienes que andar con esas máquinas, y progreso significa plata.
La lap-top y el celular tienen un efecto modificador enorme porque sus adictos los usan todo el tiempo. Yo no sé cómo pueden poner atención los nerds si se lo pasan pegados de su computadora, pues esta es una máquina que interactúa, te habla, te distrae. Yo sugiero que el problema de incomunicación que padecemos se debe a esta constante distracción. Esa gente no te oye. No te puede oír. Pero no te oye ni el capitalista que reconoce sus métodos con franqueza, ni el socialista que dice una cosa y hace otra; una muy parecida a la del capitalista.
Un día de estos me tocó estar ensanguchado entre dos autistas de la lap-top. Me pasé todo el día echando miradas subrepticias a sus pantallas, y puedo asegurar que ambos estaban en otra cosa. Solo que como allí “hablamos de muchas cosas / que el viento se las llevó”, de nada valdría haberles hecho un examen a ver si habían puesto atención: de todos modos no lo habría pasado nadie, aunque no tuviera lap-top. Pero esa confusión puede ser una consecuencia del progreso de las comunicaciones: hay tanta información que no la podemos procesar. Ni siquiera podemos separar la paja del grano.
Se me hace que yo estoy empezando a comprender cuál es el problema de la humanidad, ahora más que nunca. Es que todos andamos en lo mismo. Estamos ensimismados porque estamos mismados. Por eso es que cada vez que alguien pide la palabra se vuelve a echar el mismo discurso, sin ningún beneficio del discurso de los demás. Y algo parecido ocurre con el celular: le vas a decir algo a tu mujer, y está hablando con alguien. De nada te vale esperar a que termine, porque de inmediato empezará otra conversación: ella llama a alguien, o alguien la llama. El chaucito de despedida es solo un punto entre dos conversaciones. Está planchando y se le quema la ropa. Esta cocinando y se le quema la sopa. Una conversación debería rumiarse un poco antes de comerse la otra, porque el efecto es mantenernos incapaces de pensar.
Leí un cuento de ciencia ficción en que se descubre por qué los científicos se lo pasan en conferencias revelando lo que han hecho: era una conspiración de los marcianos para mantener a los terrícolas distraídos y atrasados. Solo que como los científicos hacen esa revelación después de haberla registrado como “información no divulgada” y patentable, nos mantienen atrasados a todos, pues como decía muy bien Veblen, el propósito de los capitanes de la industria es limitar la distribución de los bienes para poder subirles el precio: ¡“lógico”! La oferta y la demanda si existen; lo que no existe es el mercado.
Uno puede alegar que por lo menos los artefactos de la comunicación se podrían usar constructivamente, si no fueran tan adictivos y overpowering. Peor están los chavalos con su i-pod. Y entre más ricos, más incomunicados, porque pueden “bajar” más canciones. A mi me sirven de consuelo porque soy algo sordo y eso me incomunica, pero esos están completamente incomunicados, y ¡con esa música! Pobrecitos. Están completamente ensimismados. Para lograr eso pagan los papás todos los años un capital para el nuevo i-pod, que les permita bajar más canciones: ya van por los miles. Y se les nota. ¿Qué es eso que les chorrea de la boca?
Cuando oigo hablar de los grandes peligros que nos acechan por la ingeniería genética, que se podría hacer cargo de la evolución orgánica sin saber lo que estamos haciendo, o pretendiendo que lo sabemos -que es peor- me pongo a pensar que como el hombre ha estado evolucionando por decenas de miles de años con las herramientas como extensiones de su cuerpo, aquí hay un peligro gravísimo de evolución por medio de lap-tops, celulares, y i-pods. Este puede ser un callejón evolutivo sin salida. El “sudor del cerebro” que tanto alaba el señor Sasso puede ser la manera arcana como la sabia naturaleza está resolviendo el problema de una especie tan depredadora. Puede llegar el día en que la torre de Babel sea una figura obsoleta de ineficiencia para confundir a la especie que ella quiere perder: mucho más eficaz es tener a todo el mundo enfrascado en sí mismo, masturbándose estérilmente con su lap-top, su celular, o su i-pod: ¿QUE QUÉ?
La evolución extra corporal produce varios tipos de subespecie. La de la globalización está digitalizada, y para que vea usted cuán lejos se encuentra de alcanzar su declarado objetivo de mercado para todos, tenga en cuenta que solo una sexta parte de la humanidad puede comprar computadora: los demás con dificultad compran la comida. Y con la desigualdad creciente de la distribución del producto que padece el paradigma global, no se digitalizarán nunca. Pero es necesario advertir para rechazar el fariseísmo, que esta desigualdad no es solo característica del capitalismo, sino común al socialismo: es la característica del mundo industrial, donde con dificultad se exceptúan los cuáquereos y los menonitas. El “hombre de hierro” se apodera del de carne y hueso que lo inventó.
Yo no estoy entonces nada seguro de que el maquinismo conduce a la sobrevivencia, y sospecho que más bien nos puede llevar a la extinción. De repente el sudor del cuerpo es necesario para la salud física y mental.
José Calvo | 25 de Diciembre 2007


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