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Espontaneidad

Paúl E. Benavides Vilchez | 4 de Diciembre 2007

La espontaneidad, flor silvestre que crece en el bosque humano, es una fuerza salvaje que no gusta a los dictámenes del poder. Sin que nadie les dijera nada, sin recibir directrices o encomiendas de ningún dirigente a sueldo, muchos costarricenses llegaron a los comités patrióticos y cívicos por propia voluntad para tomar el terreno baldío que la partidocracia tradicional había dejado desértico y arrasado de todo rebrote. La espontaneidad del movimiento del No (en organización y autogestión), no surgió de nostalgias maoístas – ahora que China está de moda – o de las meditaciones poco socráticas en torno al mausoleo de Lenin; fue la libertad como energía que activó la espontaneidad de los comités cívicos y patrióticos; el sacarla del empolillado rincón del relicario y ponerla de nuevo a andar entre la gente como cosa de todos los días. Ahora el sector más derechizado de la alianza del Sí, dice que los comités cívicos y patrióticos son iguales a los comités que Ortega ha creado para proteger “su revolución” en Nicaragua. Asegurar tal cosa no solo es un crimen sino un error, parafraseando al multifacético Abad José Fouché. Una lectura sosegada y despojada del antifaz del prejuicio puede dar cuenta de que la lucha en contra del TLC puso una razón de encuentro y unión en los barrios y comunidades que decidieron unirse al movimiento. Las comunidades recuperaron la espontaneidad que la política electorera - agreste a la autonomía e irrespetuosa de la libre voluntad de las personas - les había arrebatado de cuajo.

Una mirada inteligente y antidogmática puede reconocer que tras años de abatimiento y engaño, un sector amplio de costarricenses sacó tiempo de donde no había para discutir e informarse; hacer un claro en el espeso bosque de la vida cotidiana para conversar sobre el futuro del país. La sociedad costarricense volvió a tejer con hilos de confianza la política y le dio un nuevo contenido ético: el retorno de la capacidad de pensar y reflexionar el bien común, el bien de todos desde el foro local. Los comités patrióticos y cívicos llenaron de palabras e ideas lo que había sido saqueado por dirigentes intoxicados de politiquería, quienes siempre utilizaron las necesidades de las comunidades como trampolín político.

Por la índole espontánea del movimiento del No al TLC, nadie en sus cinco sentidos puede atribuirse su liderazgo o monopolización, a riesgo de quedar como tonto o payaso.

Aunque a más de un intelectual corporativo no le guste - desean una sociedad civil tranquila únicamente como objeto de análisis - los comités cívicos son las señales que apuntan a recuperar el peso de la comunidad en su dimensión crítica, activa, espontánea y libre como motor de la democracia costarricense sin el clientelismo o la intermediación de cuatro caciques acostumbrados a mangonear la comunidades con ofrecimientos de zinc, barrillas, puentes y caminos que llegan diez años después. Su semilla fue sembrada hace mucho tiempo y los responsables son personalidades esenciales como don Florencio del Castillo (1778-1834) con frases como esta: “ un entendimiento cultivado se distingue del inculto, como un diamante pulido del que queda tosco en la mina”; la senda republicana marcada por el Bachiller Osejo (1790-1845); los textos cívicos del siglo XIX como el Mentor Costarricense y el Clarín Patriótico; grupos como la Liga Cívica; el Grupo Germinal y el Centro de Estudios para los Problemas Nacionales; la iglesia progresista; la rebeldía de los vecinos que lucharon en la década de los setentas y ochentas por servicios públicos y en el recuerdo cercano o distante que se tenga de Alcoa. En fin, en el origen de los comités cívicos y patrióticos está el coraje de los ciudadanos costarricenses que a través de su historia han reclamado el derecho a ser espontáneos o lo que es lo mismo, a ser libres.

Paúl E. Benavides Vilchez | 4 de Diciembre 2007

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