No hay duda de que el comercio genera riqueza, aunque se puede ver de otro modo: el crecimiento de la población y su agrupación en ciudades hace el comercio inevitable. También hace inevitable el monopolio, y este confiere el poder, aunque cuando se tiene poder también se logra el monopolio. Este es el paradigma actual que empezó en las ciudades italianas a finales de la Edad Media, cuando estas se enriquecieron intermediando las necesidades de las cruzadas; aunque se remachó con la revolución científico-industrial que empezó con Galileo y continuó con Newton. Si parece que esta es una conspiración imparable (relentless), es porque se trata del giro de un péndulo, que tiene que parar.
Había millonarios en Roma, donde Julian y Sulpiciano podían pujar en la subasta del trono que hacía la guardia pretoriana, pero no podían conservar el poder. Aquello era otro paradigma que colapsó, pues como dice Gibbons: “el auge de una ciudad que se hincha para formar un imperio puede merecer el nombre de prodigio singular, pero la caída de Roma fue el efecto natural e inevitable de la grandeza inmoderada”. Así será ahora, cuando el poder está tan estrechamente ligado a la riqueza —“es hermoso ser rico” decía Teng— y la sociedad científica-industrial se ha hinchado de una arrogancia que desafía el límite ambiental y se quiere hacer global. Pero la adquisición de cada chunche nuevo nos aleja más de la naturaleza y nos hace más infelices; todos corriendo en la misma carrera de ratas.
La edad media, con la mente en la vida perdurable, la desaprobación de la competencia, y el señor feudal brindando a la gleba el patrocinium y el comitatus de un techo con goteras y un bocado alastre pero garantizado, era otro paradigma todavía. Uno que duró hasta el siglo XIII, cuando un monje como Baskerville podía decir a otro como Adso, (El Nombre de la Rosa) “en tu país y el mío, la gente busca plata para comprar bienes, pero en las ciudades italianas la gente produce bienes para conseguir plata”. La herejía de los fraticelli, los waldenses o los albigenses consistía en abrazar la pobreza de Cristo frente a la opulencia de las ciudades y sus obispos. Y los pleitos de los obispos franciscanos y dominicanos que la historia de Eco describe, eran para justificar la opulencia, de que los primeros eran propietarios y los segundos tenían “solo en uso”.
Se puede decir que el péndulo giró de la competencia de si vis pacem para bellum y ojo por ojo diente por diente, al paternalismo feudal, y otra vez a la competencia como valor máximo, con su “es hermoso ser rico”, su “competir o morir”, y su “sobrevivencia del más apto”. Y se puede decir que desde la Edad Media este paradigma viene adquiriendo más y más poder de forma imparable, y que lo de ahora es la locura total. Como tiene la acumulación de riqueza tanto de latrocinio, Shaw decía que la civilización occidental (la del capitalismo) no siguió a Cristo sino a Barrabas, sólo que con el nombre de Cristo.
Yo hago esta reflexión porque el historiador americano Erick Thompson dice en At The Edge of History (Harper and Row l972), que el fenómeno del capitalismo liberal se debe a la reforma que empezó con Locke, y que le quitó el poder al trono y al altar, y los reemplazó: “el chilianismo, el segundo advenimiento, el final de la historia, la razón de ser del hombre, pertenecían al campo de la religión, y ahora el liberalismo se siente suficientemente grande para coger el futuro de la humanidad y anunciar que se basta para llenar el vacío que creó. Habiendo derrotado completamente al viejo punto de vista feudal-religioso, está por tomar las características del antiguo amo”.
Thompson hace en su libro otras observaciones excelentes: “Que el problema con la imaginación liberal es estar tan poseída del mito del progreso que no puede pensar en el futuro excepto como más de lo mismo. Que el milenio es la tierra tecnológica prometida. Que el punto de vista global industrial liberal no cesará hasta que todos los países subdesarrollados estén bajo un cielo contaminado. Que asumen una progresión lineal de las cosas presentes. Que todavía es posible que el terminus del proceso sea inconsistente con cualquier cosa que miremos como libertad o dignidad, o como humano. Que la sobrevivencia del más apto, (the fittest), puede tener que ser reemplazada con la adaptación de los sobrevivientes (their fitting). Que para los neoliberales el propósito de la existencia humana es el aumento del PIB. Que ven cualquier oposición como una revuelta nativista irracional. Que todo movimiento revitalizador es una amenaza para el imperio.” También decía que al paradigma neoliberal le falta un concepto del terror, y esto se ve no solo en el planeamiento optimista de la guerra nuclear en aquella época, sino en la insistencia de ignorar el límite ambiental — en la sinergia. Thompson no era un socialista, era simplemente un observador.
Lo que el capitalismo ha demostrado es una gran capacidad de adaptación. Se quedaron con el trono y el altar, y luego se quedaron con el New Deal. Y ahora se quedan con “el mercado” que monopolizan. Y siguen imparables con su OMC, su OMPI, sus TLC, y sus agendas complementarias, que el fascismo local endurece. Es una conspiración que crece como una bola de nieve. El CEO, y la junta de control son típicas organizaciones gubernamentales, como la nueva corporación, que a diferencia de la antigua protege sólo a un grupito.
Cooptar es el talento del capitalismo, lo mismo cuando “se adueñó del trono y el altar”, que cuando adoptó la organización burocrática del New Deal y se hizo socio del gobierno, o cuando financió al nazismo. La idea es que el capitalismo adoptó hasta la colectivización para sobrevivir e imponerse. Esa es la forma de propiedad accionaria que da common ownership a un grupo, pero no da distribución.
En Alemania el Nationalsocialistiche Arbeiterpartei no era ni socialista ni de los trabajadores. Era de los junkers prusianos y de los grandes comerciantes, que andaban todos con la esvástica en el brazo. Como les falta poco por hacer a los que aquí se ponen el uniforme del Comex, sin importar lo que hayan dicho antes, pues lo que cuenta es estar en la plata. Y así tenemos a ministros que toda la vida fueron socialistas y ahora están empujando el TLC y la agenda complementaria ampliada, para entregarle todo el poder a la casta empresarial, de la que don Oscar no es solo medallón de proa, como dice Don José Luis Amador en su justificada protesta por la falta de un liderazgo de contrapartida, sino uno de sus miembros bona fide. Lo que identifica a un hombre no es su civismo, ni su récord por la paz, ni su pretendido espíritu social, sino su dinero, la clase a la que pertenece. Don Oscar no puede actuar de otra manera; la fuerza inercial de su clase es demasiado fuerte para dejarlo.
Pero en el flirteo con el paradigma del mercado no se diferencian los que podrían acaudillar el descontento del NO, porque estos líderes nuestros son todos muy modositos y están dentro del sistema, que está podrido, y en manos de la delincuencia; solo que la de arriba se llama corrupción: “Ese punto no se toca”, le dicen al supervisor de la carretera a Caldera cuando hace ver que se alteró la concesión a favor del contratista. Igual es con Riteve. Igual es con Alterra: están todos untaos. ¿Se puede usted imaginar que esto se resuelva “con más democracia”? ¿Qué significa “más”? ¿Dónde está el suplemento?
El hecho de que la ideología tradicional nada tiene que ver con el paradigma moderno lo demuestra el acercamiento a China comunista, que adoptó también el nuevo uniforme desde que Teng Siao Ping impuso la divisa de que “es hermoso ser rico” (lo que no es posible si sos un agricultor de los que libraron a la China de sus hambrunas periódicas). Y más prueba de que ahora hay un solo paradigma la da el hecho de que los comisarios soviéticos terminaron como dueños de todas las empresas estatales.
Yo era liberal cuando leí el libro de Thompson en 1972, pero subrayé lo que cito por concordancia, aunque difiero de Thompson en el origen del fenómeno, porque ya existía antes de 1680. Se llama monopolio, y hay que moderarlo, porque es característica inevitable de la naturaleza humana. Los financistas plebeyos o burgueses sí podían aprovecharse de las deudas del rey para imponerle condiciones cuando los tuvo que invitar a sus conciliábulos aunque fuera como snobs (sine nobilitate), pero esto venía ocurriendo desde antes de los Medicci, los Frugger, o los Vanderbilts.
Una señal de que se avecina un cambio es que la hinchazón del paradigma capitalista ha dado al traste con la democracia. Que ya la elección no significa nada, y la gente se da cuenta de que es una burla; solo que el cambio puede ser hacia la dictadura. El problema de haber manoseado una evolución tan buena como las elecciones, es que la única manera de salir de allí sea la dictadura., como ha sido a través de nuestra historia. Se puede usted imaginar una guerra porque a un tipo le robaron la esposa, o por la sucesión española, o porque el país entero le tocó a otro país como dote? Pues ahora es porque a la familia de Bush se le acaba el petróleo. Y se colabora porque la de Arias quiere vender más azúcar o alcohol.
Yo creo que el péndulo de la historia está a punto de devolverse, y prefiero que sea con responsabilidad social como el de la Edad Media: la pernada era solo simbólica, mientras que a pesar de toda la retórica, el precio del ascenso femenino es a menudo real; y el del masculino, porque la especie sigue siendo hermafrodita, y hay mucho sinvergüenza.
José Calvo | 4 de Diciembre 2007


0 Comentarios