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“El evangelio de Don Florencio”: uno de los mejores libros del año

Alfonso Chase | 13 de Diciembre 2007

El evangelio de don Florencio Armando Vargas Araya Editorial Juricentro, 2007

Armando Vargas Araya, en la plenitud de su trabajo intelectual, ha venido descubriendo otras vertientes en el significado, la obra y la personalidad de ilustres costarricenses, ocultos bajo la penumbra de un presunto olvido o la superficialidad con la cual se les ha analizado antes. Ahora le ha tocado el turno a don Florencio del Castillo (1778-1834), la más ilustre personalidad colonial de nuestra historia, junto al padre Liendo y Goicoechea, y podría ser que también al lado del ciudadano Pablo de Alvarado.

Si lo del evangelio de don Florencio del Castillo es real, el libro de Armando Vargas es un breviario sólidamente construido, para rescatar, fijar y dar esplendor a la herencia de Castillo, tal como el autor hace al ingresar a la Academia Costarricense de la Lengua, con un discurso sobre el meritísimo clérigo, cuya vida en Costa Rica, breve, su presencia en España y su larga influencia en tierras de México nos permite, por este hermoso libro y más bella edición, penetrar en los resquicios del pensamiento de don Florencio, hombre de síntesis, notable sacerdote y maestro de generaciones en Oaxaca, donde se le recuerda con aprecio y admiración.

La visión ecuménica, el talento, la sobriedad de sus opiniones, la solidez de su importancia histórica se hacen presentes en todo el libro que es también el discurso, muy conciso y sabio, de ingreso a la Academia, con generosidad para quienes se han referido, antes que él, a la figura de Del Castillo, más los detalles que son características de Armando Vargas Araya, notas al pie que uno va leyendo como si fueran parte del texto principal. La trayectoria de sus estudios queda muy bien definida en el muchacho, más las influencias que pudo recibir de las tendencias pedagógicas de la época, por lo cual asistimos a la formación de una personalidad, de un intelecto o de un espíritu, sobre el cual el concepto de ágape, comunión con los otros, capacidad para entenderse y entender el medio lo convierten en una figura clave en el desarrollo de las ideas en América Central. El libro, o el discurso como tal, es una continua muestra de las virtudes esenciales del presbítero, que la investigación de Vargas hace que sea, a la vez que un itinerario, una especie de ideario en el cual podemos comprender el caudal de sabiduría de don Florencio.

La presencia de la providencia divina, efecto muy acertadamente usado por el autor, para dar forma a la importancia en destino del biografiado, nos permite ir entendiendo las diferentes fases de la vida de don Florencio, hábilmente demarcadas en espacios cronológicos, donde quedan explícitas las acciones y efectos de su trayectoria en la historia de su tiempo y no solo la idea que teníamos de su actuación en las Cortes de Cádiz, más las posteriores subidas e infortunios, según fuera cambiando el espectro de los sucesos en México. No siendo una biografía novelada, sino un conciso discurso, todo está narrado con sujeción a los hechos sociales, religiosos y de importancia política, con esas notas que ya reseñamos, que nos permiten entender inclusive las variantes semánticas del discurso de Del Castillo. La transcripción de las Actas del Congreso imperial del cual es miembro en representación de Costa Rica y eje mayor don Agustín de Iturbide, nos permite conocer las ideas, la capacidad negociadora del prelado y la idea prevaleciente de convertir a Costa Rica en una provincia del imperio. El aparte 9 nos muestra la identidad de don Florencio, entre catolicismo y liberalismo, y su influencia temprana en el prócer don Benito Juárez, para lo cual el autor de la obra hace uso de documentación privilegiada y una erudición vasta. La vida y vicisitudes del sacerdote en la historia mexicana son rescatadas hasta convertirlas en testimonios de hondo contenido humano, eclesial y político, así como otros detalles sobre la vida de su hermano Demetrio y su sobrino, don Florencio del Castillo Velasco, para así darnos un panorama completo sobre la vida y el pensamiento del biografiado. Una somera antología de su obra nos hace conocer cómo pensaba y cómo actuaba don Florencio. Un libro para leer primero rápidamente y luego despacio. Un retrato de don Florencio, de don José María Junco, nos lo presenta hermoseado hasta concebirlo apuesto, tal como se nos manifiesta en este libro su personalidad, su inteligencia y su espíritu. Uno de los mejores libros del año, del flamante y merecido nuevo académico de la lengua.

(La Prensa Libre)

Alfonso Chase | 13 de Diciembre 2007

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