Vi el artículo de don José Luis Amador sobre “el discurso que no cerró” donde hace ver cómo se dejó en el aire la oposición al TLC ante el fraude del referéndum, “sin un cierre simbólico y conceptual que hubiera permitido reelaborar la derrota electoral y convertirla en un triunfo político y moral que permitiera nuevas acciones”. Estoy de acuerdo, sobre todo porque eso no fue una derrota, sino un fraude mondo y lirondo, y lo primero que se debería haber hecho era repudiarlo en vez de correr a arrogarse la representación del NO para admitir que el tal referéndum era ya ley de la república, cuando tenemos todos una obligación de cuidar la forma en que se hacen las leyes, y no debemos ser cómplices del fraude aceptándolo como procedimiento legal.
Lo que esto demuestra es la carencia de líderes nacionales que se levanten ante las circunstancias y asuman la dirección, sin estar cuidándose de recibir una buena nota del sistema, y sin esperar que alguien les de un nombramiento. A Hitler le podemos censurar sus procedimientos criminales, pero el tipo era un líder indudable, y cuando en el juicio de Munich le preguntaron quién lo había llamado a él para acaudillar la revuelta, contestó indignado que cuando un hombre se siente llamado por el destino para dirigir una causa, él no espera que nadie lo llame, sino que da un paso al frente y la acaudilla. Tal vez deberíamos decir una persona, porque yo no creo que alguien nombrara a Juana de Arco; su mandato venía de más arriba. Fue su arrojo lo que les dio el apoyo casi unánime del pueblo, la propuesta la tenían ellos.
Bismarck es otro ejemplo pertinente. Estaba convencido de que la existencia de esos centenares de reinitos alemanes tenía que cambiarse a un país unido y fuerte que pudiera sostener su posición contra las otras potencias europeas, y menospreciaba la oratoria de los quinientos delegados a los congresos donde se buscaba la unión bajo el absurdo principio de que las decisiones fueran unánimes, por lo que no se llegaba a nada. Procedió entonces a acaudillar el proceso con audacia, creando un ejército para Prusia y provocando una guerra que le permitió anexar a los reinitos que se aliaron con el perdedor. Solo eso bastaba para ganarse la adhesión de los demás. Y nosotros tuvimos a don Juanito Mora, en otra emergencia.
Pero ahora no tenemos líderes nacionales, aunque ese parece ser un mal de toda la oposición al ímpetu monopolístico del paradigma corporativo global de “libre mercado”. Quince partidos de la izquierda francesa no fueron capaces de unirse tras de la Royale, y prefirieron que ganara Sarkozy, hasta con el apoyo de los partidarios de Le Pen. En otra ocasión he contado cómo asistí a un intento de conciliación de los 15 partiditos de la izquierda tica, que terminó en otras tantas recriminaciones por majaderías, absurdas ante el peligro del reto. Y es un hecho que se permitió irresponsablemente la llegada de don Abel, y que no pudimos hacer una convergencia para impedir la del padrino.
Un líder que hubiera salido a repudiar el referéndum —aunque no tuviera el permiso escrito y sellado de los muchos grupos anárquicos de la oposición, que también pretenden tomar los acuerdos por unanimidad—, se hubiera llevado fácilmente el apoyo de la mitad del electorado, por encima de pe-ele-enes, puscs, libertarios, pacs y turecas, todos los cuales hubieran quedado relegados como entidades innecesarias en las cuales están pensando todavía, y de los cuales habría que apartarse para poder acaudillar el descontento popular y ayudar a formar la sociedad civil que es posible en Costa Rica, y que también tiene muchos cercos qué reparar, como discutiremos aparte porque se justifica.
Pero no solo no salió ningún líder capaz de hacer todo eso, aunque si hubo uno que lo dijo sin pelos en la lengua, pero no tiene apoyo nacional porque es extranjero y porque era comunista, como si eso tuviera ahora alguna significación. Y en los Comités Patrióticos se sintió el enfrenamiento de un partido político de oposición que no permitió declarar el referéndum fraudulento, insistiendo en la unanimidad: la misma incapacidad de alianza estratégica que le dio el triunfo a don Abel y al padrino: divide y nos vencerán.
Pero la ausencia de líderes es un mal mundial. Don Oscar mismo no se puede sentir muy ufano de su discutible triunfo, porque antes de él hemos elegido payasos y ladrones, y en ningún caso hubo una plataforma para votar. Lo que se nos ha impuesto ahora es una conspiración corporativa de la que el presidente es miembro bona fide, además de medallón de proa, como dice don Luis Amador.
Y hay que hacer una corrección al cargo de que quienes no aceptamos el resultado del referéndum queremos una revolución. Una revolución es precisamente lo que queremos evitar. Yo solo conocí un líder político que se oponía a la idea del referéndum, y eso porque compartía el temor de muchos opositores del TLC de que los gobiernos tico y americano no eran de fiar, y de que el proceso sería manipulado por la derecha millonaria. Los demás considerábamos el referéndum como una manera de evitar un curso de colisión entre el gobierno de la oligarquía y una sociedad civil peligrosa por estar descoyuntada. Y pensábamos que de todos modos habría un choque inevitable si el gobierno amañaba el referéndum, porque los opositores repudiarían el resultado. En eso último es donde podríamos haber estado equivocados, pero eso todavía no se sabe. Se está viendo claramente la manipulación estratégica de la oligarquía, consistente en endurecer las concesiones del TLC en telefonía y propiedad intelectual para que el gobierno y los camaristas puedan intervenir reclamando que eso excede lo concedido, y obtener así la simpatía popular. Igual rechazan la “mitigación” porque dicen tener una agenda social, cuando están trabados en la “focalización” del Consenso de Washington, igual que los anteriores. ¿Qué dice Yunus que “admira al padrino” de la banca de desarrollo tica al “costo de oportunidad”? ¿Qué dice de la burla al encaje que se puso como condición para privatizar la banca? ¿Por qué no preguntarle también lo que piensa de nuestro famoso referéndum? ¿O también él flirtea con los gringos para ir a las Naciones Unidas como flirteó el otro para ir a la OEA?
La plata dispone de la estrategia “de punta”, lo mismo para el puñetazo en la mesa, que para la caftación, que para sincronizar la declaración de la representante comercial americana, que para endurecer la agenda complementaria y después saltar en nuestra defensa como un chapulín colorado; no todos allí son unos aficionados chambones como Casas y Sánchez. Ellos saben muy bien que no tenemos líderes capaces de cerrar el discurso, y apuestan a que no habrá reacción de la sociedad civil, cuya existencia está en peligro con la ayuda del colaboracionismo, lo que es su crimen mayor.
Es entonces en la sociedad civil donde está la incógnita, y la sociedad civil si existe, aunque sea como un monstruo dormido cuya representación todo el mundo reclama para fortalecer su interés particular. Pero de la sociedad civil solo se puede obtener el apoyo, no la representación. Y el apoyo que da la sociedad civil a un dirigente osado que no pretenda la unanimidad es siempre condicional, porque se lo quitará apenas vea que no representa sus intereses difusos: el mercado local antes que solo el extranjero, la propiedad de los costarricenses, la salud pública, la educación pública, las telecomunicaciones subsidiadas para los más pobres, la seguridad alimentaria (antes que su nutritividad o su inocuidad: características inalcanzables sin los alimentos mismos), la propiedad común contra las pretensiones de propiedad intelectual, el peligro de la normativa importada que favorece solo a las corporaciones extranjeras y es una barrera comercial (incluyendo la inocuidad alimentaria), etc.
Para evitar la reacción violenta, el gobierno y su argolla empresarial van a ir haciéndose nuestros defensores contra los reclamos excesivos que ellos mismos se inventan para su propósito, pero no es probable que la sociedad civil se trague el cuento de que no van a abrir la telefonía de alambres, pues saben que esta depende del subsidio que le da la de los ricos. Y si la sociedad civil no lo advierte, el grupito facsistoide local nos impondrá el endurecimiento de toda la propiedad intelectual.
Pero puede ser que el monstruo dormido se despierte, o que despertándose una parte, arrastre de repente a todos los demás, con resultados imprevisibles que no podría contrarrestar ningún cuerpo policial, aunque estuviera bien entrenado por el ejército americano. Advertir ese peligro no equivale a proponerlo. Son los provocadores quienes lo están proponiendo; y el colaboracionismo les ayuda. Nosotros estamos tratando de evitarlo; aunque es verdad que encontramos preferible esa reacción anárquica provocada, a permitir que el grupito oligárquico nos imponga su voluntad, pues eso a la larga será peor para todos. En síntesis, el discurso todavía se puede cerrar con el despertar de la sociedad civil, y entonces seguro aparece un líder. Cuando en el fragor del combate muere el capitán, el teniente toma su lugar, y si este no tiene comando lo toma el sargento, o algún soldado raso. Eso puede ser indeseable, pero es también inevitable.
Si no fuéramos capaces de ninguna reacción correctiva, solo seremos testigos de la debacle cuando el paradigma del mercado global de el tastazo.
José Calvo | 11 de Diciembre 2007


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