Esta semana, mi ánimo conturbado por un annus horribilis en el que el fracaso de los propósitos se vio agravado por la ingratitud, la envidia, la calumnia y la difamación, recibió una buena noticia: los sindicatos laborales están pensando en la opción política electoral, y los Comités Patrióticos en fundar su propio partido. “¡Vaya!” Exclamamos mi esposa y yo volviéndonos a ver cuando nos enteramos. “Al fin nos cayó la peseta”. Orwell cuenta en Una Taza de Buen Te, que la idea para Granja de Animales le cuajó viendo cómo un niño pequeño maltrataba al enorme caballo de tiro que conducía. Esta es una figura eterna del gobierno de la sociedad humana, todos acaban maltratando a la sociedad civil, y todos terminan cuando ésta toma conciencia de su fuerza y se deshace del tirano.
Cuando yo he visto la intervención de la sociedad civil como una esperanza de salvación, no me refería a su conciencia, o su capacidad de organización, o a su pureza, pues padece muchos de los vicios que critica. Me refería a la combustión espontánea que sobreviene irremediablemente cuando se eleva mucho la temperatura, como ocurre cuando la oligarquía dominante nos provoca continuamente, burlándose de nosotros una y otra vez, e imponiéndonos sus intereses disfrazándolos de bien común.
Cuando yo he participando en los intentos de cohesión de la sociedad civil, como en las deliberaciones de CRISOL, siempre hice referencia repetida a que estaba bien que empezáramos discutiendo solo los puntos de acuerdo común, pero que eventualmente también nosotros tendríamos que poner las cartas sobre la mesa: no es razonable que imitemos a los gobiernos y unos grupos quieran cooptar a otros. Por cierto que CRISOL es la única plataforma política que puede satisfacer ahora a la oposición, y aunque eso no significa que resuelve todos los problemas, sí proporciona una guía de alternativa coherente.
Cincuenta colegios profesionales pueden velar por la idoneidad del ejercicio, pero algunos velan más por su tarifa. Y otros, como el de mi esposa, están en las manos de una argolla que excluye del empleo a sus propios colegas. La “máxima desconcentración” del estado que da a los jefezuelos la discrecionalidad para pasarle por encima a las leyes que protegen al trabajador, hiede a conspiración del Banco Mundial y la AID contra el estado social, pero uno de esos jefezuelos, que está comprometido con la privatización de la Caja, y le da un puesto a un amigote con menor capacidad, reclamando su discrecionalidad, es sociedad civil. Y las instancias de apelación que aceptan mansamente esa discrecionalidad, son sociedad civil; lo mismo que quienes miran estas injusticias indiferentes, como las cebras a la que ha sido víctima del león, sin acatar que una de ellas será la próxima víctima. Las regulaciones de la actividad económica son necesarias, pero algunas se ejercen en beneficio de las grandes transnacionales, como es el caso del registro de agroquímicos y medicinas, y el de las “pruebas de equivalencia”, además de las normas ISO y la “inocuidad alimentaria”. Hasta las concesiones de la convención colectiva y el concepto de “empleo de calidad” hay que someterlos a discusión para no terminar con grupos privilegiados, que es lo que estamos combatiendo. Los agricultores también debemos someter a discusión la supuesta ventaja que el mercado internacional brinda al consumidor, y los conceptos de eficiencia, productividad, y sostenibilidad ambiental.
Pero no cabe duda de que la realización de que necesitamos el poder político es una manera directa e inmediata de acabar con la imposición del paradigma de unos cuantos ricachones, y que la participación en este cambio radical nos deja a todos en mejor posición de que se oigan las objeciones que la élite actual ha rehusado tercamente escuchar; bajo la arrogante presunción de que ellos saben mejor. Podríamos demandar del candidato su compromiso de renegociar los tratados comerciales, y si esta renegociación tiene un castigo de parte de nuestros “socios comerciales” la sociedad exige un cambio de rumbo, y la culpa de las consecuencias de la rectificación es de quienes nos comprometieron despóticamente.
Leí hace años que los negros brasileños no votarían por un candidato negro, y dudo que Rigoberta Menchú haya tenido mucho apoyo entre la mayoría de los guatemaltecos, que son de su raza, y discriminados. Yo recuerdo la gran oposición que despertó en UPANACIONAL la iniciativa de su primer secretario general don Carlos Solís para formar el partido PALA, que buscaba dar representación política a los agricultores campesinos que dividían siempre su voto entre el PLN y el PUSC, los cuales no solo no los representaban, sino que buscaban su desaparición; y alegaban como excusa que el sindicato no podía participar en política electoral ¡“porque lo prohibía el Ministerio de Trabajo”! Y cuando durante la segunda ronda que llevó a don Abel a la presidencia yo hice un spot televisivo a favor de don Rolando Araya, como el único candidato que había prometido renegociar los tratados comerciales y deshacerse de la mafia vitalicia de nuestros negociadores, recibí una carta de amonestación de UPANACIONAL, que me reclamaba deslealtad hacia el PALA -que no había podido elegir un diputado, a pesar de nuestros 15,000 afiliados. Y aunque yo no mencioné a UPANACIONAL en ningún momento en el spot, alegaban que los comprometía por estar muy identificado con esa organización. Y recordemos que los afiliados del PAC no votaron en aquella segunda ronda, con lo cual le aseguraron el triunfo a don Abel, lo que representaba continuar con las negociaciones comerciales que no queríamos, y con el mismo equipo económico de Rodríguez. Los muchos partidos en que está dividida la izquierda prefieren ver triunfando a la derecha que unirse, pero en las últimas elecciones aquí estaban dispuestas a aliarse con el PAC para que Arias no llegara, y no se aceptó su alianza, prefiriendo la derrota. A los partidarios del N0 nos pareció increíble la torpeza de desperdiciar aquella enorme fuerza política, disponible con solo haber rechazado la validez del referéndum, en vez de ir en carrera a validarlo. Pero torpeza es la palabra adecuada para definir nuestra política electoral; incluida la de la oligarquía dominante, que puede perder el poder con su propio juego, por menospreciar la reacción de la sociedad civil.
Pero tal vez estamos a punto de cambiar. Los estamentos de la sociedad civil pueden decir que no quieren ningún intelectual manipulador tratando de acaudillarlos, y su desconfianza tiene buen fundamento, pues la dirigencia socialista tradicional está obviamente aliada con los ricos, y solo derrama lágrimas de cocodrilo por los pobres. Pero entonces deben proponer su propia dirigencia, ya que sin esta el éxito de la oposición se pierde como pasó con el combo, o termina por caer en las manos de algún oportunista. Es mejor planear las cosas y buscar la unión de toda la sociedad civil detrás de algún líder, al que podemos comprometer para hacer los cambios necesarios. Ojalá sea cierto que la sociedad civil va a participar ahora en la campaña electoral con su propio vehículo, en vez de ser utilizada.
José Calvo | 22 de Diciembre 2007


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