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Lenguas indígenas en nuestro país están condenadas a morir

El Editor | 18 de Noviembre 2007

• Las habla un 0,7% de la población costarricense • De los seis idiomas existentes, solo tres tienen posibilidades de sobrevivir • Se extinguen por su poca utilidad, el progreso comunal y avance del español

Por Doriam Díaz

Las lenguas indígenas en Costa Rica están condenadas a morir: los idiomas de nuestros ancestros se van extinguiendo ante la progresiva pérdida de sus verdaderos hablantes.

En el siglo XVIII desaparecieron en el país las lenguas chorotega y huetar y en la primera mitad del siglo XX se extinguió el rama o voto. Las que lograron sobrevivir hasta finales del siglo XX fueron el bribri, el cabécar, el boruca, el guatuso o maleku, el guaimí y también el térraba.

En la actualidad su estado “de salud” es preocupante, ya que ninguna de ellas está floreciente sino que están agonizando.

El térraba está extinto; el boruca perdió a casi todos sus hablantes y unos dicen que está extinto y otros que solamente está obsoleto; el guaimí se halla en estado de resistencia gracias a la influencia de indígenas panameños, y el bribri, el cabécar y el maleku se encuentran en franca declinación, según detallan diversos especialistas nacionales.

¿Qué provoca su extinción?

Los principales factores que contribuyen a la extinción de estas lenguas indígenas son el uso predominante del español, la poca utilidad que se le da a los idiomas propios y el desarrollo de las comunidades indígenas.

El prestigioso lingüista costarricense Adolfo Constenla explicó que los hablantes de las lenguas indígenas representan un 0,7% de la población costarricense. Es decir, los indígenas conviven diariamente con gente que habla español y que les lleva una ventaja numérica muy grande.

“Al paso que vamos, los indígenas van a hablar solo castellano en cosa de unos 50 años”, comentó Constenla, mientras el filólogo y lingüista Enrique Margery señaló que los indígenas sienten que el español es útil y su lengua inútil.

“El 60% de la población indígena tiene menos de 18 años y ellos no le ven utilidad al idioma. Las condiciones económicas los hacen aprender otras cosas y buscar otras opciones”, explicó Dónald Rojas, presidente de la Mesa Indígena. El español sirve para comunicarse con otros en la vida cotidiana, para buscar trabajo, para aspirar a puestos públicos y hasta para ver televisión, escuchar radio e ingresar a Internet.

“Sus lenguas no les dan ninguna ventaja ni en actividades propias de su etnia. El problema es que los hablantes indígenas son una minoría con poco poder político”, agregó Constenla.

Por otra parte, el aislamiento y la situación de precariedad en que viven algunos pueblos indígenas han protegido sus lenguas. “En Alto y Bajo Chirripó se vive en condiciones tan precarias e inhóspitas que uno puede encontrar a indígenas monolingües: solo hablan su lengua nativa”, detalló Juan Carlos Santacruz, asesor nacional de educación indígena.

Sin embargo, el aislamiento no será para siempre, dijo Constenla.

“A más progreso, se acelera la pérdida. La gente enfatiza el aprendizaje de la cultura que ve como más avanzada”, manifestó la antropóloga María Eugenia Bozzoli.

Lucha sin garantías

El Ministerio de Educación trata de defender estas lenguas enseñándolas en los centros educativos. Actualmente tiene 120 docentes en esta materia en los 21 territorios indígenas del país.

Sin embargo, falta mucho por avanzar. “Es cierto que hay unas en vías de extinción, pero hay otras en mejor condición que requieren una mayor inyección de innovaciones”, aseguró Santacruz.

Para Constenla, las circunstancias y nosotros mismos estamos condenando a las lenguas indígenas a desaparecer. “Para que se conserven, la sociedad debe hacer un esfuerzo muy grande, que implica una enorme inversión de recursos económicos”, señaló.

Bozzoli es optimista y cree que con buenas ideas y más recursos se podrían revitalizar estas lenguas. No obstante, para Margery el proceso es imparable. “Si se invierte más en educación, quizá se pueda demorar su extinción”, dijo.

BORUCA TRATA DE ENSEÑAR A LOS NIÑOS SU LENGUA PERDIDA

Por Doriam Díaz

Boruca, Buenos Aires. Cuando era un niño, Óscar Leiva Morales iba a visitar a su abuelita, Santa Carmela Morales, y ella le hablaba en una lengua desconocida: el boruca.

A él le daba tanta curiosidad saber qué le estaba diciendo aquella viejita que apuntaba en un papel lo que le decía e iba ante su papá para que se lo tradujera al español.

Su abuela y su padre vieron que tenía tanto interés en aquella lengua que le enseñaron lo que pudieron. Después él conversaba un poco con adultos que aún conservaban su idioma indígena.

Actualmente Leiva tiene 43 años y es maestro de idioma y cultura en la escuela de Boruca y en un poblado llamado Las Moras.

Él es una excepción entre los adultos borucas quienes nunca aprendieron a hablar su lengua. “A nosotros nos enseñaron el español y si alguien en la escuela se atrevía a decir algo en nuestro idioma era castigado. Varias generaciones en Boruca no aprendieron la lengua o aprendieron a olvidarla”, explica.

Afirma que solo unos poquísimos ancianos hablan boruca; de hecho, el boruca es considerada una lengua extinta u obsoleta.

Lucha difícil

Leiva está enfrascado en una lucha para mantener el idioma de sus ancestros y sabe que no es una tarea fácil: tiene que enseñarle a los niños el boruca “desde cero”, tal y como se hace con un idioma extranjero.

Cada estudiante dispone apenas de tres lecciones semanales para aprender una lengua que tiene ocho tiempos verbales. Eso sí, los niños aprenderán todo lo que puedan mientras estén en la escuela, ya que en el colegio no se dan clases de boruca.

“Es una tarea difícil y siento que vamos avanzando poco a poco”, dice el maestro.

Su lucha tiene sus réditos: una alumna suya, Mailen Mora Leiva, se interesó tanto en la lengua que siguió aprendiendo y ahora, a sus 21 años, es maestra de boruca en tres comunidades indígenas.

“Nuestra tarea es muy difícil porque a los muchachos no les gusta hablar el idioma, les da vergüenza. Creen que se está rescatando algo que es solo de viejillos; además, no tienen con quien practicar en sus casas”, comenta ella.

No obstante, Mora espera que otras personas se enamoren del boruca, como ella lo hizo.

JÓVENES NO QUIEREN APRENDER A HABLAR BRIBRI

Por Alejandra Vargas M.

Suretka, Talamanca. Aprender a usar computadoras e Internet, comunicarse en inglés y pasar la escuela con buenas calificaciones: esas son las aspiraciones de los niños y jóvenes de Suretka. Desgraciadamente, hablar bribri ya no es una de ellas.

A pesar del esfuerzo de los profesores de la zona y de que las paredes de la escuela están “forradas” de trazos y palabras en este lenguaje, los niños de Talamanca no quieren aprender a hablar el idioma de sus ancestros porque les resulta innecesario: ellos se comunican diariamente en español, leen y ven televisión en español.

Además, sus padres –que conocen y hablan el bribri– tienen la extraña idea de que para que sus hijos sean ‘civilizados’ deben hablar solo español y por eso no les hablan en bribri ni los motivan a aprender vocablos indígenas.

Genaro Pereira, profesor de Lenguas de la escuela de Suretka, asegura que hay unos pocos jóvenes que hablan este idioma y mucho temor de que se olvide por completo. Sin embargo, él es optimista y dice que hay pocos pero muy comprometidos con sus tradiciones.

“Algunos chiquillos sí hablan, pero porque ya tienen 14 años, pero nosotros todavía no aprendemos”, explicó la niña Karla Vanessa Páez, de 12 años. Mientras juega con sus manos y evade la mirada, la niña Mayda Gallardo se justifica diciendo que el bribri es un idioma muy difícil. “Es muy complicado de pronunciar porque tiene muchas cosas que no tiene el español. Lo que más cuesta es aprender a escribirlo porque nadie se pone de acuerdo”, dijo.

Idiomas como el bribri y el cabécar son primordialmente tradiciones orales que la gente antes escribía como las oía. La escritura de estas lenguas es bastante reciente.

Nayubel Smith –profesora de segundo ciclo– y Patricia Delgado Morales –profesora de cultura– de Talamanca coinciden en que el panorama para el idioma bribri es desalentador. Ambas aseguran que desde las escuelas se está haciendo un esfuerzo por no dejar morir esta herencia indígena.

(La Nación)

El Editor | 18 de Noviembre 2007

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