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La carta China

Alfonso Chase | 5 de Noviembre 2007

Indudablemente que el Oráculo Manual, adaptado por Ofelia Corrales, en sus diferentes versiones para Costa Rica en los años veinte, tiene visos de realidad, para los pocos costarricenses que lo hemos visto o consultado alguna vez. Traza un proceso de cambio en Costa Rica que se refiere primero a la ira de la naturaleza, la violencia, malignidad lo llama ella, campeando por todo el país, hasta convertir el mito de Caín y Abel en una simple parodia, más una catástrofe tectónica en 2012, que para ella era 2008, por cambio de dirección que nos empuja al Oriente, en un proceso que tornará en furia lo que antes era solo indiferencia de la potencia central, al menos todo visto en 1918, de donde parten las coordenadas que se prolongan en casi un siglo.

Podría ser que la vidente estuviera perturbada por lo que sucedió en Costa Rica en esos años, o que el símbolo del 8 sea consustancial al destino del país, culminando un primer proceso en 1948, y un supuesto embrollo para 2008, en que muchas cosas se podrán empezar a definir, a 60 años de la fundación de la Segunda República, en que ella ve al país dividido en dos polos, siendo una trastrocación de los signos cardinales o el comienzo de la Carta China. El Oráculo Manual, de Ofelia Corrales, ha sido inventado y reinventado, en su versión original, hasta ser incluido, o citado, en varias obras de ficción, pero es fascinante en lo que se refiere a esos días que ella llama, elípticamente, como “los recuerdos del futuro”. En una conferencia que fue impartida en una Logia, por estos días, se trató de analizar el citado manuscrito, propiedad de un conocido amigo de su familia, que lo heredó, se supone que es el original, por gesto de desprendimiento del poeta don José Basileo Acuña, que lo conservó por luengos años, como parte de su trabajo como líder, oculto, de la Iglesia Católica Liberal, de tanta importancia en la historia esotérica y política de nuestro país.

Todo para hablar de lo que puede llamarse la Carta China. Nada hay de extraordinario en lo que cita la extraña dama, considerada la más alta cima del esoterismo nacional, pero se hace importante lo que allí dice, sobre el encuentro de nuestro país con el Oriente, asunto que tiene importancia por los sucesos que estamos viviendo, con el acercamiento de nuestro país a la República Popular China y la visita de nuestro Primer Mandatario por esas tierras, para arreglar negocios, intercambiar opiniones o darle a las relaciones internacionales un vuelco definitivo.

Nuestro país ha sido, durante más de cien años, empezando en 1888, un esclavo de enclaves, dependiendo de la venta de sus productos, producidos en esos territorios, que se refieren siempre al cacao, el café, la producción bananera, la caña de azúcar, la floricultura, más reciente y casi en este instante a los productos tecnológicos, sin dejar de tomar en cuenta la ganadería. Todos ellos productos relacionados con la tierra, a excepción de la rápida conversión de la nación en un país maquila, con la consabida transformación en una extensión de enclaves al servicio, o a los deseos, de las naciones más poderosas y en un modelo de desarrollo que bien merece un referendo, que también fue visto, y escrito, por creadores de la talla de Máximo Soto Hall o don Carlos Gagini, que lo observaron como un problema a resolver en el futuro.

¿Nos convertirá la Carta China en una especie de enclave chino en Costa Rica? Esa es la pregunta que nuestro Presidente-Canciller ha logrado entrever en variopintos declaraciones y conversaciones con periodistas o solo sería a una posibilidad que nos muestre un cambio total en nuestras relaciones internacionales, ahora que somos la Tercera Frontera del Imperio, luego de que una mayoría de costarricenses aprobaron el Acuerdo de Libre Comercio, por irrisorio margen y la aprobación de las leyes, y reglamentos complementarios, sean, en verdad, casi una reforma constitucional total de nuestro país, y la transformación de la Costa Rica de antes en la república del porvenir, prevista en los desvaríos de la señora Corrales, hace casi 80 años? Según los apuntes, la citada carta no es otra que la del I Ching, número 18 o Kú, que cualquiera puede consultar en algún perdido ejemplar de biblioteca. Para la señora Corrales existían tres historias: la oficial, la marginal y la oculta (o esotérica) que ella utilizó para nuestro país y que aplicó a las diferentes situaciones en el siglo XX, desde su trabajo en la logia, a la cual perteneció por muchos años, hasta su muerte.

Cotizarse como base regional para un enclave chino en Centroamérica puede ser tan peligroso, o afortunado, según lo que se puede entender en la carta escogida para darnos una idea de lo que sería nuestro país a partir de 2008, fecha que tiene su inicio precisamente en este año.

Como dijeron los diarios: “la nueva relación convierte a Costa Rica en la cabeza de playa de la ambición china en Centroamérica”, asunto complejo y peligroso en las relaciones con Estados Unidos, debido a su visión de ese país, y la carencia de derechos políticos, culturales y de información de sus ciudadanos, como lo expresa el discurso presidencial y el de los líderes del Senado al otorgarse la Medalla de la Libertad al Dalai Lama. Es evidente en que en todo hay malentendidos que luego han de aclararse solos, según se interprete el significado del préstamo por $250 millones de dólares, o los $48 millones de dólares como donación: ¡para construir un estadio!, más las declaraciones del Mandatario, ¡alucinantes!: “Vengan a conocer Costa Rica (sic). Nuestros ojos estarán siempre abiertos, hasta no ver en el horizonte la hermosa bandera que llega por el oriente a explorar nuestras tierras (sic)”, y la idea, un poco a nuestros ojos excéntrica, de “convertir el territorio nacional en trampolín (sic) para sortear las barreras que mercados como Estados Unidos y la Unión Europea han establecido a productos chinos, por temas (sic) como la propiedad intelectual”. Así que la Carta China se anticipa a convertir a nuestro país en una nueva provincia del inmenso país-continente, al igual que la infortunada Taiwán. La amplia comitiva de viajeros recorrió las ciudades en reuniones de trabajo, protocolo, turismo y compras, no sin antes advertir, el Primer Mandatario, que tanta fanfarria y agasajo le fue otorgado “seguramente por ser Premio Nóbel de la Paz” y no el humilde presidente de una república que se está jugando todo a la Carta China, la famosa KV (18), con la sonrisa abierta de Wen, Hu y Wu, más los beneplácitos del Clan de Shanghai, los 73 millones de miembros del Partido Comunista del cual 19% son mujeres, y las casi 4 millones de organizaciones de base.

Nada que no hubiera previsto la vidente Ofelia Corrales, hace exactamente 80 años, en medio de excepticismo de su generación de positivistas liberales.

No nos queda más que estudiar mandarín, ingresar en el Instituto Confucio, creía que todavía estaba prohibido, e invitar al deportista Yao Ming para impartir unas clases a nuestros basquetbolistas.

(La Prensa Libre)

Alfonso Chase | 5 de Noviembre 2007

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