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China y el mercado de la corrupción

Pablo Barahona Krüger | 16 de Noviembre 2007

Pensar en China es pensar en inmensidad, en lo inconmensurable de la existencia humana, en fin: en la diversidad sin confines.

Hoy, saber de China es conocer el futuro y, en el caso de Costa Rica, saber a qué atenerse. Han decidido nuestros políticos –mas no nosotros- venderse ahora a los continentales y darle la espalda a sus exsocios insulares, esos que financiaban campañas electorales de un color y de otro, según varias investigaciones muy serias han testimoniado, ni hablar de consultorías y “becas” afines.

Tal hecho no puede escapar al análisis ahora que se proyectan negociaciones comerciales y con ello, como una inevitabilidad, la potenciación de las inversiones y migraciones Chinas a este pequeño país que, como muestra capital de subdesarrollo, evita la anticipación de sus males y suele anteponer, como buen ciego que se rebela a su lazarillo, la carreta a los bueyes.

China se acredita conquistas históricas de originalidad muy importantes aún cuando no siempre positivas. La pólvora, la cerveza e incluso ciertos órdenes del pensamiento lógico, se le deben a la creatividad de ese país/continente. Pero también han sido los fundadores de otras iniciativas no tan prestigiadas, hoy me referiré a una de ellas: el crimen organizado o la mafia.

Las Tríadas, que es el nombre propio con el que se distingue a los grupos organizados para delinquir, cuentan con estructuras jerárquicas muy claras y suelen estar dominadas, en la cúspide de la cadena alimenticia, por tres líderes, de ahí su nombre. Estos jefes cumplen la función de administradores y el rol de cuidadores de sus soldados. Así, las Triadas chinas constituyen, con más de 300 años de vigencia, la más extendida organización criminal sobre el planeta.

Una parte de los más de 60 millones de Chinos regados por el mundo sirven para extender su alcance y presencia.

Su ámbito de acción va desde el narcotráfico y el comercio ilegal de esclavos, hasta la producción y venta de armas y reactivos nucleares. Todos sus frutos, por lo general, van a parar al mercado de la construcción (bienes raíces) visto que desconfían, seriamente y por razones históricas que no alcanzo explicar aquí, de los bancos.

Sus redes desde luego, impregnan todo el sistema. La filtración en las esferas del poder es prioridad. De hecho, la gran mayoría de los acusados por casos de corrupción son miembros del Partido Comunista –léase: del gobierno- y las fuerzas armadas, no delincuentes comunes como el imaginario colectivo presupondría.

Los negocios con China vendrán, los estamos buscando como pareciera lógico e irremediable según nos dicen los “progresistas”. Eso no esta mal. No hemos querido decir aquí, siquiera por asomo, que ya sería de por sí un exceso insultante, que todos los chinos son unos corruptos, mucho menos que su cultura lo es. Reseñamos aquí lo lógico para advertir lo que en consecuencia parece obvio: con los grandes negocios viene la gran corrupción. Es algo así como la sombra que sigue al cuerpo.

Una Fiscalía General de la República desbordada, una Contraloría General de la República nula y una Corte Suprema de Justicia politizada, es el perfecto caldo de cultivo para que suceda aquí, lo que ya ha ocurrido en otras latitudes: que la sombra asesine al cuerpo y, además, por la espalda.

El aviso lo dejamos hecho. Corresponde a otros presionar y también a otros decidir. Si no lo hacen, ya sabemos también las causas de su omisión.

Pablo Barahona Krüger | 16 de Noviembre 2007

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