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¡Sian tontos!

Alfonso Chase | 29 de Octubre 2007

¿Se dan cuenta qué aburridas resultan las opiniones -escritas- cuando no tienen el ingrediente del humor? Algo perdido frente a la gravedad, falsa, de querer trascender por medio de los vocablos, no de las palabras. Porque más allá de ellas están las ideas, a las cuales antes se les tenía miedo, horror, algo de lo cual dejamos de tener muy recientemente, cuando asumimos que la vida se convierte en animación y, en el tinglado de los asuntos, las cosas suceden como un acto de ficción, en el cual tiene más expresión los animales -de los cómics- que las mismas personas, a las cuales se les obligan a guardar silencio.

Como en la más reciente publicidad, la vida como chanchada, en donde unos chicos con nariz de cerdo nos invitan a degustar lo que queda de los cochinitos, en ese trío que ya no es la santa trinidad sino el jamón, la tocineta, el pepperoni, ¿cuándo habrá de ser perreroni?, donde nariz y orejas los achanchan, olvidando que se puede decir, si usted lo quiere: ¡cómase una deliciosa cochinada!

Pero más allá: los que compran lotería ilegal lo hacen con unos horribles cerdos, ya no cochinitos, que cuentan el dinero producto de la venta escondida que gotea los bolsillos de los pequeños, medianos y grandes cochinotes, especie de imagen horrorosa de un capitalismo porcino para clientes pobres, que aspiran a ganarse la inmediatez de las diversas loterías prohibidas que se juegan en el país. Como que la chanchización del mundo avanza, al menos en Costa Rica, donde dos horribles urracas parlanchinas emiten, en un programa de radio derechizado hasta la médula, sus opiniones sobre los procesos cubano, venezolano, boliviano y hasta ruso, poniendo a la democracia costarricense -¿cuál?- como ejemplo a seguir para elegir candidatos, o inducir a votaciones más allá de todos los límites de las financiaciones, las inversiones, la industria política, sustentada en tanto pongo tanto gano, siendo que en verdad votamos por la dedocracia convertirla en orden, antes que por la clase política en su conjunto, convertidos ya en privilegiados que sueñan en representarnos.

Y como vemos, eso otro que he bautizado, con pecado social incluido, como filantropía de mercado en donde con nuestras contribuciones ¿quién dice no? -se hacen montañas de monedas para ayudar a niños necesitados o a gente pobre, por medio de contribuciones, al borde del pago en caja, llamadas telefónicas, cenas elegantes, sustituyendo los derechos, y deberes, que dimanan del Estado, y su política social, por una especie de caridad ciudadana, en la cual las empresas y sus testaferros salen con un gran billete, ampliado, para así sentirse satisfechos de contribuir con el dinero de los otros y con el cual hacen filantropía corporativa publicitaria.

Lo interesante de todo esto es la visión interna, ya no la más profunda, de lo que expresa el comportamiento de los ciudadanos, arropados y semiconducidos por las grandes firmas de la mercadotecnia y la publicidad, que los tienen casi narcolépticos, como el ser inducidos a celebrar las navidades desde setiembre, con toda la parafernalia que oculta al verdadero significado del nacimiento de Jesús, para dar paso a la natividad del mercado, que ofrece grandes promociones, y a la vuelta de la esquina, la entrega del aguinaldo para devorarlo y que siga su cíclica presencia cada año, que nos atormenta cuatro meses, más los festines del nuevo año, que pareciera sigue igual en el devenir real del tiempo, ya que no hay cambio de año, de almanaque o agenda que ya inundan… el mercado.

El que pierde gana. Debería ser la divisa más importante para el futuro, que ya existe, como también el presente y el pasado, unidos para proyectarse en el devenir, que es solo el empujar la noria de la historia. El signo más claro y definitivo es la existencia de los Comités Patrióticos, que aspiran a convertirse en una especie de contraloría de los ciudadanos, de las calles y alamedas, donde participan los vecinos, empoderados por su propia gestión y de acuerdo a su importancia social, en niveles igualitarios de acuerdo a su modo de pensar, plural y solidario. Esa es la auténtica democracia de la calle como una fuerza de presión para que se cumplan las promesas de gobierno, municipalidades y políticos, que las hicieron para tomar gobierno, que no es lo mismo que gobernar. Si se analizan los resultados del referéndum, por distritos, cantones y provincias, se puede hablar de una nueva manera de hacer ciudadanía pues los comités agrupan a diversas maneras de ser y pensar, tomando en cuenta su propia incumbencia social. Es, o son, un nuevo medio de acción política, con la diferencia de que procedan de una auténtica raíz popular, con los problemas a la mano y las soluciones a la vista de los interesados y no las falsas promesas institucionales.

Convertido el país en espectáculo, la cultura mediática lo permea todo, y ya se puede hacer realidad lo percibido y que funciona dentro y fuera de la pantalla. ¡Claro que con tetas hay paraíso! Para los ingenuos de la audiencia, todos quedan impresionados con el autoasesinato de la voraz Catalina, pero la mayoría evita mirar la realidad: la madre se queda con el novio de su hija, nuevo vástago incluido, y el gánster con la mejor amiga de la occisa, tetas incluidas, que seguirán viajando por el mundo, mientras la protagonista, como una heroína de nuestro tiempo, posiblemente sea enterrada en un sitio sin nombre o gracias a las generosidades de sus amigas, del prostíbulo cantinero, para así acceder al antiguo paradiso, el de allá arriba, que según Su Santidad Juan Pablo II no existe realmente. Más la cara asombrada de nuestra primera vicepresidenta, haciendo el epílogo de la miniserie, mientras detrás de su presencia televisiva, una lluvia de significantes palabrejas da fin a la moralina, subliminal y telemática, en donde todos salen ganando.

Pero algo concreto nos salva de todas estas tonteras. La presencia y la acción de los muchachos que fueron a las Olimpíadas Especiales a China, sujetos a veces de manipulación mediática o gestos políticos, desabridos por lo absurdos. Lo más hermoso de la imagen, además de su esfuerzo y valor, la de sus padres, entrenadores, técnicos y allegados dándoles fuerza para competir, primero consigo mismos y luego en la disciplina que les correspondía. Es la primera contribución costarricense para romper el gélido orden de los chinos, un estereotipo más. Ha sido la primera avanzada del ser costarricense, en su debe y haber, antes de que llegaran por allá los políticos y los comerciantes. Superaron las barreras del idioma, los horarios, el cansancio, los letreros indicativos, sus propias limitaciones. En el heroísmo cotidiano fueron por su propio honor y por el de todos los nacionales. Una foto, del grupo de natación, recorre el mundo y dice más de Costa Rica que todas las palabras hasta ahora escritas sobre el tema.

(La Prensa Libre)

Alfonso Chase | 29 de Octubre 2007

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