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Punto y coma

Alfonso Chase | 22 de Octubre 2007

Aunque todo el proceso que hemos vivido no haya acabado todavía, es necesario ponerle punto para luego seguir con la coma, que sólo es una inflexión de lectura para tomar aire.

Aprobado el Sí, es necesario tirarle la bola a los actores políticos que deben darle contenido a las leyes complementarias, que es lo que realmente les ha interesado a los que apoyaron ese acuerdo. Importa el análisis de los prolegómenos de todo el proceso y la acción espuria que da origen, en la Costa Rica contemporánea, a toda la acción política de quienes nos gobiernan. Hablar de democracia resulta ridículo y solo sirve para la retórica política de viejo cuño, como sostén a un régimen, no de un gobierno, que pretende establecerse con delfines y discípulos, para engatusarlos y que no salte a la vista lo espurio de lo espurio, cuando se empieza a hablar de prolongar un mandato, para evitar perder las elecciones de 2010, como es ya costumbre en otros países del globo, en ese proceso de disolución de los conceptos políticos que hemos tenido por tradicionales, y que limitan los mandatos a cuatro o cinco años y no a perpetuidad, sea cual sea el gobernante.

Todo este proceso debe estar enmarcado en un análisis real de lo que ocurrió antes, en y después del referéndum del 7 de octubre, para lo cual sobran analistas titulados, y no un pobre poeta poniendo el punto y la coma, para poder seguir escribiendo de estas cosas. Primero: el papel de los partidos políticos, los núcleos electorales, las provincias y regiones, en el caudal del voto afirmativo o contrario, no solo son las estadísticas, frías e inmóviles, sino en verdad en lo que representan, y son, en el movimiento electoral, más el abstencionismo en un asunto tan importante, que pareciera ser más relevante de lo que parece.

Aunque el acto, la comedia del arte que vimos representada, presente por primera vez algo turbador, en lo que se refiere a los partidos políticos y a los diferentes estratos generacionales etarios, de género, de localidad geográfica, que se decidieron depositar su voto respecto a las elecciones del 2006, y que muestran el grado de fragilidad de las lealtades partidarias, viejas y nuevas.

Todo esto relacionado lo que se estaba definiendo: dos visiones de país en sus relaciones políticas, financieras, de comercio, de educación o cultura, que no pueden ser conducidas por la lógica de quienes gastaron más, y recibieron apenas un poquito, a darse abrazos y besitos y que todo siga igual de chirrisquitico y amable, como si no se está dando, de continuo, un golpe de estado técnico en las mismas del memorando y en las lecturas, nocturnas de Curzio Malaparte o don Nicolás Maquiavelo. Por primera vez en nuestra historia, a casi sesenta años de las transformaciones definidas a partir de 1948, un grupo social sabía que esta era su última oportunidad de seguir vigente o precipitarse, con el triunfo del No, en las profundidades oscuras de la historia. Basta con ver la lista de diputados que votaron el Combo, en años recientes, para darnos cuenta de lo que significó el 7 de octubre en el desarrollo electoral, social e ideológico de nuestro país.

Las formas modernas de la dominación política pasan por todos los estratos de la institucionalidad nacional, y se alimentan de los dineros puestos a su servicio por parte de las clases dominantes, que por primera vez tienen mayoría, como empresarios que son, en casi todos los ámbitos del gobierno, que lentamente se va transformando en régimen, con todos los Aparatos Ideológicos del Estado, y de la esfera privada, a su servicio.

Es por eso que el referéndum no tuvo ayuda financiera del Estado para su desarrollo y la regulación de los aportes privados fueron ínfimos, porque la lucha era entre burro amarrado y tigre suelto, según el guión, que hasta obviaba la recolecta de firmas para despertar a la ciudadanía y para hacerlo más expedito, a partir de un decreto del ejecutivo.

La composición de quienes defendimos el No es heterogénea, como debe ser, pues por primera vez en la historia una multitud de costarricenses se unieron para luchar electoralmente contra otro sector, con todos los elementos del poder a su servicio, más el apoyo del Partido Mediático, con múltiples disfraces y máscaras, desde cuando en 1948 le pidieron al presidente Figueres Ferrer variar toda la política social y convertir, el diario a quien servían, en un nuevo partido político, para sostener los restos de una oligarquía en búsqueda de restauración inmediata.

La heterogenidad es vasta y clara y nunca ha ocultado lo que piensa. Está la democracia de la calle, real y sustancial en las luchas sociales. Los sectores de los partidos políticos: PAC y Frente Amplio, cuya labor se da en la esfera parlamentaria, donde se discutirán las leyes complementarias y ya no creen en los embelecos del Gobierno en el diálogo de sordos que propicia. Hay intelectuales de primera categoría que podrían encabezar, con los representantes sindicales, las listas electorales para las elecciones del 2010, con grandes posibilidades de ser electos y un sector no definido a los cuales les exigimos, en ambas manifestaciones, quitarse los pasamontañas para dar la cara en un proceso mayoritariamente popular, en donde cualquier exhibición de este tipo pertenece al ámbito de los provocadores, los infiltrados o de los jóvenes con ideas vagas y radicales, idealistas a la antigua, carne de tortura o eliminación, por parte de los aparatos de la seguridad del estado, con tentáculos con los ejércitos actuales de Centroamérica, o con las escuelas de asesinos y torturadores más allá de nuestras fronteras. Pues todo es posible ahora, en un mundo que ruge contra toda forma de imposición política.

Existen los Comités Patrióticos, que sobrepasan su propio concepto de organización ciudadana, que no deben, pueden o aspiran a ser cooptados por algún partido político, o utilizados en resucitar la mortual de algunos de ellos. Cualquier diferencia interna es natural, necesaria y real, pues nadie merece ser escalera política, para quienes sólo desean ocupar puestos o saludar desde las tarimas. La historia reciente, en casi todas las partes del mundo, desde Burma a San José, muestra que solo la organización popular, la democracia de la calle y la unidad de los diferentes estratos sociales, convergentes en una idea de proyecto histórico social, pueden hacer girar hacia el futuro la rueda de la historia. La retórica estatal y patriotera quedó fracturada este 7 de octubre y todos sabemos, por suerte, cuál es nuestra democracia y cuál la de ellos, en el punto y seguido de nuestra historia actual. ¡Qué debe dar paso a otros objetivos y estrategias semánticas!

(La Prensa Libre)

Alfonso Chase | 22 de Octubre 2007

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