El 17 de agosto de 1943, el Presidente de la República, doctor Rafael Ángel Calderón Guardia se presentó ante el Congreso Constitucional de la Republica, y dijo:
“He estado meditando si venía personalmente ante vosotros a ratificar mi criterio decidido, en cuanto he podido observar a todo el país inclinado en forma favorable al Código de Trabajo. Me he decidido por fin hacerlo, porque es ley definida, en mi vida, realizar mi deber por arduo que sea, sin vacilación, sin ocultamientos, fija mi mente y mi corazón, en el mayor bien de la Republica.” A renglón seguido agregó: “En estos momentos comenzaréis a decidir, conforme vuestra conciencia, si los supremos intereses de Costa Rica, deben ceder definitivamente ante el egoísmo o la incomprensión de unos cuantos, o si con el examen desapasionado y sereno de esa vasta obra legislativa, estáis dispuestos a ganar para nuestro la batalla cívica del progreso y de la libertad.”
Así respondió el Gobernante social cristiano, a toda la propaganda teñida de miedos, de mentiras y de cizaña, promovida por las fuerzas oligárquicas egoístas; esas fuerzas que amenazaban con la pérdida de empleos si se aprobaba la Reforma Social; son las mismas que, con distintos ropajes se presentan siempre para conservar sus privilegios económicos. Amenazaron con despidos de trabajadores, si a éstos les daban más salarios, pues las cargas sociales eran inéditas en la Costa Rica liberal. Pretendieron llevar a sus trabajadores a votar contra la obra que los colocaba con mejoras salariales, derechos a asistencia médica, reconocimiento de vacaciones pagadas y cesantía.
La oligarquía económica cerró filas contra el Código de Trabajo; se comprometieron a una lucha sin cuartel contra las Garantías Sociales y no cejaron en su lucha hasta que, triunfante la Revolución de 1948, don José Figueres, vencedor de la guerra civil, se negó a las peticiones de sus amanuenses para derogar las leyes de la Reforma Social. Figueres hizo algo inaudito a nivel mundial: abolió el ejército, fuente de golpes de estado, de presiones castrenses. Por encima de las diferencias insalvables de Calderón y Figueres, se impuso el interés nacional, con ello se conservó la solidaridad costarricense, nacida de aquellas leyes, y tuvimos entonces, un proceso destacado de reivindicaciones populares.
Cuando al cabo de los años esas fuerzas se combinan para imponer por medio de un tratado de comercio – de comercio libre tiene poco- y romper la armonía y la solidaridad de nuestro estado social de derecho, tenemos toda la razón para oponernos a esa entrega de las mejores tradiciones que recibimos de nuestros mayores. Por ese motivo, debemos votar NO el próximo domingo en el referendo que deja por fuera muchos de esos derechos sociales; luego se renegociarán los términos del Tratado, como lo han realizado otros países latinoamericanos.
Las oligarquías defienden su privilegiado estamento siempre. Para ello utilizan todos los medios posibles. En 1859 sobornaron a los generales Lorenzo Salazar y Máximo Blanco para derrocar a Juan Rafael Mora, nuestro héroe nacional, temerosos, entre otras cosas, que sus prestamos agiotistas tuvieran freno con un Banco público; luego escribieron una historia adulterada. En 1917 provocaron la traición del Secretario de Guerra Federico Tinoco, para derrocar a Alfredo González Flores, temerosos de pagar más impuestos. Nunca descansan para dar sus zarpazos. Solo la convicción popular les pone freno, y a pesar de ello, siempre tratan de volver.
Al repasar esta parte de nuestra historia, aunque sean otros los actores, llegamos a esta conclusión: los de siempre repetirán las campañas de miedo, de amenazas, de mentiras, porqué son los de siempre: representantes de una minoría económicamente fuerte, ajena a los intereses de los pobres, de los desposeídos.
Estamos en un momento estelar de nuestra historia, al igual que en el bienio 1856-57. Somos parte de muchos millones de seres marginados; nuestra voz hoy es la voz de ellos. Como dice nuestra patriótica canción.¡Sepamos ser libres, no siervos menguados!
Rogelio Ramos Valverde | 6 de Octubre 2007


1 Comentarios
Excelente descripción la de don Rogelio. Los que apuestan por el TLC son los mismos que le hicieron la vida imposible a don Rafael Ángel Calderón Guardia; son los mismos que derrocaron a don Alfredo González Flores; son los mismos que asesinaron al Presidente Mora y al General Cañas. Son los que no le perdonaron nunca a don José Figueres la preservación de gran parte de la obra del Dr. Calderón. Esos son los amigos de la explotación de los trabajadores y de la entrega de la riqueza a sus amigos “faranduleros”. A esos es a los que le estamos diciendo que ya no los soportamos. Gracias, don Rogelio, por rescatar esta lección de historia.