Francia, acorralada por un paro que no cede

• Pese a que algunos sindicatos de Francia decidieron retomar el trabajo, la adhesión a una masiva huelga aún es alta y los medios de transporte están colapsados

PARIS – El caos en Francia no cede y lo que era la primera gran prueba para el gobierno de Sarkozy se convirtió en una bomba de tiempo. Esta mañana, Francia continuaba paralizada por una masiva huelga organizada por los candidatos para oponerse a la reforma de los regímenes especiales de jubilación que impulsa el Estado.

Si bien algunos grupos depusieron su actitud y retomaron sus tareas habituales, la tensión aún es muy alta. Esta mañana transitaban más trenes, buses y trenes subterráneos que en el inicio de la protesta, pero también había más gente que quería movilizarse.

Ayer, muchos franceses se tomaron el día libre y no intentaron ir a sus trabajos, pero hoy resolvieron movilizarse y por eso las plataformas de los trenes subterráneos y las autopistas estaban colapsadas.

Se trata de la primera huelga contra las reformas económicas impulsadas por Sarkozy y la mayor en el país en los últimos 12 años.

La medida de fuerza, que estuvo acompañada por una serie de protestas en todo el país ayer, dejó en claro que no será fácil concretar la iniciativa del presidente de recortar las protecciones a los trabajadores para estimular así con su reforma la tercera economía más grande de Europa.

Pese a las diferencias, sin embargo, numerosos gremios aceptaron volver a sus trabajos a partir de hoy, y los sondeos indicaron que existía un apoyo limitado de la población a la huelga, pero lo cierto es que se convirtió en una odisea trasladarse en la capital del país galo.

En tanto, el grueso de los trabajadores del sistema de tránsito de París continuaron con la huelga por segundo día consecutivo. Sólo un tercio de los subterráneos, buses y tranvías funcionaban en las horas pico. Los habitantes llegaban a la ciudad en bicicletas, taxis o motocicletas.

CONFIRMARON EL DIVORCIO DE SARKOZY

• Después de Napoleón, es el primer jefe de Estado francés en funciones que se separa

PARIS – Cinco meses después de llegar al poder, el presidente Nicolas Sarkozy se divorció de su esposa Cécilia y se convirtió en el primer jefe de Estado de la historia de Francia, después de Napoleón, que rompe su vínculo matrimonial en ejercicio de sus funciones.

Bonaparte repudió a su mujer Josefina y se divorció en 1809. Desde entonces, ningún otro monarca o presidente de Francia había quebrado sus relaciones conyugales mientras estaba en el poder.

Un lacónico comunicado de 15 palabras del Palacio del Elíseo anunció ayer lo que Francia esperaba y el mundo sabía desde hace meses: “Cécilia y Nicolas Sarkozy anuncian su divorcio de mutuo acuerdo”.

“Un juez pronunció el divorcio. Todo sucedió de la mejor manera”, confirmó después la abogada de ambos, Michèle Cahen.

La sentencia de divorcio demuestra que el procedimiento había sido iniciado algún tiempo atrás, lo cual desmintió los rumores de los últimos días sobre la eventual apertura de una instancia de separación.

La información puso fin a meses de especulaciones e informaciones de prensa sobre la separación de la pareja presidencial, tras once años de matrimonio y 20 de vida en común.

Para ambos se trata del segundo divorcio. Sarkozy tiene dos hijos de un primer matrimonio, y Cécilia, dos hijas de su casamiento con Jacques Martin, célebre presentador de televisión recientemente fallecido. Nicolas y Cécilia tienen un hijo en común, Louis, de 9 años, cuya tenencia fue otorgada a su madre.

La pareja, cuyas turbulentas relaciones alimentan desde hace años las portadas de la prensa del corazón, vivieron una grave crisis en 2005, cuando Cécilia abandonó el domicilio conyugal y se instaló en Nueva York con su amante, el publicista Richard Attias.

Cécilia volvió un año después, muchos dicen que forzada por su esposo, que viajó a Estados Unidos y recuperó al pequeño Louis por la fuerza.

La reconciliación, una cuidadosa puesta en escena, culminó con un publicitado paseo en piragua en la Guayana Francesa, pero no consiguió ocultar que Cécilia había cambiado. Desde ese momento, sus ausencias, así como sus gestos de hastío, se multiplicaron en público. Locamente enamorado de su mujer, según sus allegados, Sarkozy hizo todos los esfuerzos posibles para retenerla.

“En el fondo, mi única preocupación es Cécilia”, confió a un puñado de periodistas durante las celebraciones de la fiesta nacional, el 14 de julio. Momentos antes, en su discurso oficial en el garden party del Elíseo, le había rendido homenaje ante la asistencia:

-Quiero decirle que es maravillosamente bella – dijo.

-¡A mí qué me importa! – se le oyó murmurar.

Las reiteradas ausencias de la primera dama comenzaron a incomodar a los encargados de protocolo de la presidencia. Cécilia acortó su estadía durante la cumbre del Grupo de los Ocho en Alemania y, de vacaciones en Estados Unidos, se negó a asistir al almuerzo organizado por la familia Bush, con el pretexto de que tenía angina. Tampoco acompañó recientemente a su marido a Bulgaria, donde la esperaban como a una heroína, después de que intervino en la liberación de las enfermeras retenidas por el gobierno libio.

En ese momento, ya era un secreto a voces que la pareja había dejado de vivir bajo el mismo techo. Pero ¿quién podía decirlo públicamente?

“Sarkozy es íntimo amigo de los grandes empresarios de prensa y, para la mayoría de ellos, mientras la información no sea oficial, no existe”, dijo el diario Libération.

Hace unas semanas, la prensa informó que Cécilia visitaba con frecuencia Ginebra, donde se alojaba en lujosos hoteles. “Su presencia en la ciudad ha relanzado las especulaciones sobre una reanudación de su relación amorosa con Attias, residente en Ginebra”, señaló el diario británico The Daily Telegraph.

A juicio de la clase política francesa, la situación se había vuelto intolerable. “El país debe saber con claridad qué hizo y a quién vio [en Ginebra] la primera dama”, dijo una fuente del partido de gobierno UMP al Telegraph.

En París, el micromundo político afirmaba que el divorcio estaba listo desde hacía meses, pero que, a pesar de la insistencia de su esposa, Sarkozy se negaba a firmar. Y sin su consentimiento, nada era posible.

Según la Constitución francesa, el presidente no puede ser citado por la Justicia y nadie puede entablar juicio en su contra durante el ejercicio de sus funciones. Sólo él podía iniciar unilateralmente el procedimiento, o hacerlo de común acuerdo. Eso fue lo que finalmente sucedió.

Los franceses, después de vivir tanto tiempo sometidos a los vaivenes de esa tragicomedia, parecen aliviados.

Cécilia, por su parte, es al fin libre. El 12 de noviembre, esa misteriosa mujer cuya existencia brilló hasta hoy sólo como el reflejo de los hombres de su vida, cumplirá 50 años. Una buena edad para volver a empezar, a condición de no demorar demasiado.

LA NOVELA DE SARKOZY TUVO UN NUEVO CAPÍTULO

• La ex primera dama confesó que un affaire fue el detonante del divorcio, mientras que el presidente de Francia se enfrentó con un periodista

PARIS – La rotura del vínculo matrimonial en el Elíseo está en boca de todos. Tras la confirmación oficial del divorcio del presidente Nicolas Sarkozy y su esposa Cécilia, cinco meses después de llegar al poder, la polémica continuó, al punto de convertirse casi en una cuestión de Estado.

Tan sólo un día después de revelarse la noticia, ambos protagonistas llamaron la atención, cada uno desde su lugar. Cécilia brindó una entrevista a un medio francés, en la que confesó secretos de la pareja, mientras que el mandatario francés se enfrentó con un periodista que lo consultó sobre el divorcio.

La ex mujer de Sarkozy confesó que su divorcio del presidente de Francia se desató hace dos años, tras haber “encontrado alguien” y haberse “enamorado”, abandonando posteriormente el hogar conyugal. Sin embargo subrayó que hizo “todo lo posible” para salvar su matrimonio, pero “no fue posible”.

“Lo que me ha pasado le ocurre a millones de personas: un día no encuentras tu lugar dentro de la pareja. El matrimonio deja de ser la principal cosa de vuestra vida, deja de funcionar”, aseguró la ex primera dama francesa, en una entrevista concedida al diario L´Est Republicain.

Cécilia reconoció también que es una persona a la que “le gusta pasar desapercibida”. “Tenía un marido que era un hombre público, siempre lo supe, y lo acompañé durante 20 años, pero creo que ese no es mi lugar. Ya no es mi lugar”, añadió.

“Cuando te casas con un político, tu vida privada y tu vida pública se mezclan”, manifestó la ex primera dama al diario, y dijo que eso era sólo “el comienzo de los problemas”. “Durante un año, he tratado de comprometerme profesionalmente, personalmente, pero no podía hacerlo todos los días”, añadió Cécilia intentando justificar sus repetidas ausencias en ceremonias nacionales e internacionales.

En tanto, quien escribió otra hoja en la historia del divorcio fue el presidente de Francia, quien se enojó y se quejó de un periodista cuando fue abordado sobre la cuestión de su separación en una conferencia de prensa en Portugal, donde terminaba junto a los líderes de la Unión Europea una cumbre de dos días.

“Mi estado de ánimo es muy simple: Fui elegido por la población francesa para encontrar respuestas a sus problemas. Sin comentarios sobre mi vida privada”, respondió un tajante Sarkozy que evitó referirse directamente al tema.

“La población francesa me eligió para que trabaje, trabaje y trabajar más. Sobre el resto, los franceses me piden que no realice declaraciones”, subrayó. “A ellos les interesa mucho menos que a ustedes, y están en lo correcto, y tal vez, conocen más los modales y tienen más discreción”, concluyó el mandatario.

(La Nación – Buenos Aires)


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