Hace varias semanas (02/08/2007) escribí sobre la candidatura costarricense a un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas. En esa ocasión hablé, con tono escéptico, sobre las dificultades que enfrentaba esa candidatura. Hoy debo comerme ese escepticismo con todo y papas fritas. Ayer, Costa Rica quedó electa al Consejo para el período 2008-2010 junto con Libia, Vietnam, Burkina Faso y Croacia.
Tomó tres rondas de votación pues en las dos primeras no se logró el número mínimo de votos requeridos (120). Sin embargo, desde el inicio fue clara la ventaja sobre el rival, República Dominicana, y lo poquito que faltaba para lograr el umbral mínimo. Finalmente, quedamos electos con 178 de los 189 votos de la Asamblea General.
Esta elección es un éxito de la Cancillería costarricense y de la Embajada ante la ONU. Nuestra candidatura no gozaba de buen ambiente en América Latina y había el antecedente de la división dentro del grupo latinoamericano que impidió a la Asamblea General en el 2006, por cerca de 40 días, elegir a un miembro del Consejo. Pareciera que surtieron efecto los esfuerzos de la Cancillería por atraer los votos de África y Asia.
¿Qué importancia tiene esta designación? Para empezar, repara el daño provocado a nuestra reputación internacional por el apoyo que Costa Rica dio a la invasión de EE. UU. a Iraq en el 2003, cuando ayudamos a una acción violatoria del derecho internacional, a pesar de que dependemos de este para nuestra seguridad.
Por otra parte, como somos uno de los líderes del movimiento de pequeños países que promueven la reforma de las Naciones Unidas, el puesto obtenido nos da una oportunidad para apalancar este movimiento. Además, ser miembros del Consejo nos ofrece una buena plataforma para impulsar iniciativas como el Consenso de Costa Rica y la Paz con la Naturaleza, que traerían recursos de cooperación internacional. Finalmente, ahora que iniciamos nuestras relaciones con China (miembro permanente del Consejo), nos convertimos en un socio interesante.
Hay que estar claros, sin embargo, en que esta elección no resuelve nuestra difícil situación política en el entorno regional inmediato. Siguen abiertos los clavos con Venezuela y Cuba, y en Centroamérica estamos bastante aislados. Habrá que ver si quedaron secuelas del enfrentamiento del Gobierno con líderes congresionales del partido demócrata de EE. UU., a propósito del referéndum, y si hemos logrado un mayor acercamiento con los grandes de América del Sur. Resolver estos problemas son tareas pendientes de la diplomacia tica.
(La Nación)
Jorge Vargas Cullel | 18 de Octubre 2007


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