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El desafío costarricense en el “día después”

Luis Guillermo Solís R. | 2 de Octubre 2007

El lunes 8 de octubre Costa Rica amanecerá como siempre, pero habrá cambiado como nunca en su historia reciente. Ya para entonces empezará a perfilarse un ganador en las urnas y, con más margen o menos, se habrá dirimido –en un sentido formal y jurídico, que no necesariamente político– uno de los asuntos más álgidos y divisivos en la experiencia política nacional del último medio siglo.

Se inaugurará entonces una fase decisiva –la de la negociación– tras un proceso en donde la polarización fue la norma.

En efecto, el oficialismo ha colmado a los opositores del TLC de todos los epítetos imaginables. También ha “ninguneado” al Partido Acción Ciudadana, el mayor bloque opositor en la Asamblea Legislativa, y ha utilizado los recursos públicos a discreción para favorecer la aprobación del Tratado.

Se ha hablado de “torcer brazos” (todos los necesarios), de chantajear a funcionarios públicos (los alcaldes y regidores municipales), de atemorizar a la ciudadanía y se han invertido multimillonarios recursos en una campaña publicitaria de una ostentación pocas veces vista en los procesos políticos del país.

Ello, sin reparar ni en las formas (¡cuán importantes son las formas en política!) ni en dos asuntos de interés inmediato para el Poder Ejecutivo: el trámite de la llamada “agenda de implementación” del TLC y, después, los 26 meses de gobierno que le restarán a la administración Arias en marzo del 2008 y para cuya exitosa culminación el gobierno difícilmente contará con el concurso sus actuales compañeros de viaje.

Pocos dudan que la palabra “negociación” aparecerá una y otra vez en la retórica de la Costa Rica post-referéndum. Se la invocará en Zapote, en Cuesta de Moras y en todos los espacios en donde hoy lo único que se escucha son estrategias de “tierra arrasada”.

Tendrá que ser así porque no habrá alternativa al diálogo político que no sea la indeseable convocatoria a las soluciones de fuerza, ya sea en la calle o desde la prepotente gestión del Estado. Se hablará de diálogo aunque éste no se convoque; y se pedirá diálogo aunque éste haya sido –y continúe siendo– un concepto que se entienda válido para la Centroamérica de los años ochenta pero no se aplique en la Costa Rica del siglo XXI.

Por esa razón, hay que preparar las condiciones para que los puentes dinamitados puedan ser nuevamente reconstruidos. Es obligatorio que se pase de las posiciones auto-referentes de estos últimos meses, a los entendimientos pluralistas y respetuosos sin los cuales ninguna democracia madura puede ser gobernable. Y esa tarea le corresponderá principalmente al gobierno, al Poder Ejecutivo –independientemente del resultado– pues es el gobierno quien gobierna y por lo tanto el principal responsable de buscar con humildad el camino de la reconciliación con sus oponentes.

El camino de la negociación no será fácil. La Costa Rica de nuestros días está crispada no sólo por el referéndum, el TLC y su circunstancia, sino por la conjunción de una gran cantidad de factores históricos que configuran una transición de su sistema político que empezó hace por lo menos dos décadas.

De allí la importancia de interpretar el proceso en que nos encontramos con perspectiva histórica. Quien no entienda que Costa Rica cambió y que va a seguir cambiando más allá del resultado del 7 de octubre, no podrá imaginarse las soluciones que requerirán los desafíos sin precedentes que enfrenta nuestra democracia.

Si para algo ha servido este referéndum es para revelarnos los déficits y las disfunciones sistémicas de nuestro Estado Nación y la naturaleza cambiante (y también deficitaria y disfuncional) de muchos de los liderazgos políticos que pretenden conducirlo. Eso también tendrá que ser parte del debate del “día después” y en muchos sentidos, lo definirá.

El domingo 7 de octubre el pueblo costarricense va a concurrir a las urnas a escoger entre dos opciones que, sin tenerlo claro del todo, le acercarán o alejarán de un modelo de Estado que, bien que mal, le garantizó estabilidad y paz social durante más de medio siglo.

También enviará una señal poderosa a los del NO y a los del Sí, porque en su inmensa y no siempre bien apreciada sabiduría, las y los costarricenses utilizarán el voto para emitir un mensaje que probablemente sea sorprendente para unos y para otros.

Para mí, que he tomado partido en esta coyuntura, la aceptación de la voluntad popular –si se respeta escrupulosamente el proceso electoral– será obligatoria. Debe serlo para todos y para todas quienes creamos en la democracia por muy imperfecta que ésta sea. El 8 de octubre el pueblo de Costa Rica constatará ante el mundo que más que escoger, gobernar es discernir.

Sin embargo, si algún mensaje enviará el pueblo de Costa Rica es que ha de ser la tolerancia y el respeto al otro –no la prepotencia– la que prevalezca en el “día después”. De ahora en adelante debería quedar claro que, aunque no lo quiera y aunque no lo prefiera, “el águila tendrá que bajar al fango a conversar (que no pelear) con los caracoles”.

(El Financiero)

Luis Guillermo Solís R. | 2 de Octubre 2007

2 Comentarios

* #2556 el 3 de Octubre 2007 a las 11:50 AM Isidro Perera dijo:

Excelente enfoque que transparenta una realidad que está ahí para ser interpretada como lo hace Don Luis Guillermo, quien nos tiene acostumbrados, a esos análisis frontales de la realidad política nacional. Lo felicito. Esa Costa Rica que todos anhelamos se ponga en pie el 8 de octubre y eche a andar por caminos de prosperidad e inclusión para todos los ciudadanos - que la mente de algunos iluminados han mutado en consumidores- es la que ya emergió de manera tumultuosa,desde la entraña misma del pueblo, con una riquísima y sólida base de heterogeneidad. Está por verse si el ego cosmológico de aquellos dos que ya conocemos, lo van a permitir.

* #2558 el 3 de Octubre 2007 a las 06:10 PM Edwin Alfaro dijo:

Si efectivamente como lo señala muy claramente don Luis Guillermo, esto cambió. La experiencia que hemos vivido en este maravillo proceso de canalización de entusiasmo y esfuerzo a través de los Comités Patrióticos, es un enorme caudal que crece y crece alrededor de un ideal de Patria solidaria e inclusiva, nos deja muchas lecciones, pero tal vez la más importante es que la gente rechaza claramente la conducción política partidista tradicional, de ahí la apatía y el desinterés que se manifiesta en esos altos porcentajes de abstencionismo, porque en general se ve en éstos procesos el germen de la corrupción. En cambio en este proceso para el referéndum nos hemos juntado, sin problema, simpatizantes y militantes de los más diversos partidos del abanico nacional: partidos políticos, ONGs, organizaciones comunales, etc. Esta creo es la gran lección de este proceso y es la responsabilidad de los que deseen participar en la política partidista, aprender a leer correctamente el mensaje del pueblo expresada por un sector mayoritario se ha integrado con enorme entusiasmo, principalmente porque no ve un ganador en particular, pero si y a toda la sociedad en general.

El asunto es que si el gobierno quiere salir por la puerta al final de su gobierno, en el 2010, entonces va a tener que sacar don Oscar el plan B que no le quiso decir a doña Pilar, esperamos que lo tenga, porque si no lo tiene: ¡Que pelada!, va a repetir y a desprestigiarse más.

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