Con esa frase termina el artículo de Haydée Mendiola y Gabriel Bonilla. Documento esclarecedor de dos cosas: el NO iría adelante si se agregaba parte de los indecisos, en proporción de 3 a 1, en un constante empate técnico durante todos los meses anteriores. Tal cosa no se expresaba por las encuestadoras – excluyendo las publicadas por la Universidad de Costa Rica –que siempre dijeron cosa distinta. ¿Por qué esa pertinaz campaña de ocultar el verdadero potencial de ambas alternativas? Por el contrario, salvo una al final, dio un resultado aparentemente sorpresivo: doce puntos de diferencia a favor del NO. Eso deberían explicarlo y con lujo de detalles, las empresas contratadas por medios de comunicación colectiva. Se habla mucho, en nuestro tiempo, de “transparencia”, venida desde el umbral de la liquidación de la Unión Soviética, pero si aquello era bueno para el ganso, debería ser también bueno para la gansa: frase inolvidable de don Ricardo Jiménez. En un sistema democrático, es obligación ineludible de quienes aspiran a crear conciencia pública, dar su versión sobre los hechos. El silencio sobre ello, deja más sombras que luces en la credibilidad de los encuestadores.
Afirman asimismo en su escrito, doña Haydée y don Gabriel, verdad de Perogrullo: era una formidable campaña del Sí, con millones de dólares, adobada con el memorando del miedo y la vergüenza, utilizando recursos del Estado en un frenesí de impensable “populismo negativo” al proclamar la pérdida de empleos, y de “populismo positivo” al lanzar la conseja de trabajadores con Mercedes Benz y Motocicletas BMW, según las palabras del jefe del Sí. ¡Después hablan del populismo y la demagogia!
Pero el referendo deja otras negativas secuelas. La principal, sobre la actuación del Tribunal Supremo de Elecciones. Creado en 1945 durante la administración de don Teodoro Picado, cuando se dictó el Código Electoral, y supuso el alejamiento definitivo de la injerencia del Poder Ejecutivo en los procesos electorales. La Asamblea Nacional Constituyente de 1949, lo rodeó de potestades y derechos que lo convirtieron en un verdadero Poder del Estado. Dentro de ellos, la posibilidad de interpretar la Constitución Política con carácter obligatorio. Todo en provecho de las garantías insertas en el correspondiente título sobre el sufragio. Con esos fundamentos, el Tribunal se vinculó en la vida nacional, velando por la pureza de todo el sistema, el cual debe entenderse no tan solo en la emisión del voto, sino con el antecedente de la totalidad del proceso que desemboca el día de las elecciones.
Si se atiende a lo ocurrido con el referendo, es lamentable que el Tribunal no estuviera a la altura de su alto destino. Permitió y hasta fue partícipe al autorizar, sin ninguna limitación, a los altos representantes de los poderes nacionales para que metieran mano en el proceso; por el contrario, pretendió cercenar la autonomía de las Universidades Públicas, estableciendo reglas odiosas para cerrar una válvula de expresión. Me refiero al Tribunal entonces integrado por el propietario Luis Antonio Sobrado, a la sazón Presidente interino, la propietaria Eugenia María Zamora y la suplente Zetty María Bou. Abierta la compuerta, lo demás fue la locura: el dinero corrió a raudales en beneficio de una de las opciones, la del Sí, y con las salvedades de rigor, los medios de comunicación se plegaron sin rubor a la causa del gobierno, de los empresarios y de las trasnacionales. Por el contrario, si el Tribunal hubiera estado atento a la realidad que le imponía las garantías mínimas, establecidas en nuestra Constitución Política (artículos 1°, 33, 46, 99, 102 inciso 3), 121 inciso 1°, y el Código Electoral, no hubiera permitido tal inequidad. Por la vía de la interpretación exclusiva y obligatoria, el Tribunal puede crear derecho y tal disposición se incorporó expresamente en el Código Político, para evitar que la Asamblea Legislativa interviniera en la contienda electoral mediante la interpretación auténtica. Es decir, el Tribunal pudo, en uso de sus amplias facultades, ordenar el proceso estableciendo un equilibrio razonable para mantenerlo dentro de las garantías establecidas en el artículo 95 constitucional. No lo hizo y pudieron el Poder Ejecutivo y las instituciones autónomas revertir el propósito del presidente Picado de alejarlos definitivamente de toda injerencia en la lucha electoral, o sea, entraron por una puerta falsa cuya cerradura les abrió el Tribunal. De allí proviene el fundamentado reclamo de una parte muy numerosa de la ciudadanía, por permitirles violentar la neutralidad política a que los obliga la Constitución y la ley.
A los Magistrados del Tribunal debe escocerles el 48% de la votación lograda por el NO, en condiciones llenas de fervor patrio, sin otros recursos que el corazón puesto en la balanza de su propuesta. Algo así como el ejército de labriegos que, bajo la bandera tricolor y con la guía de Juan Rafael Mora, liquidó para Centro América la horda esclavista.
Ardua labor para los Magistrados en el inmediato futuro, ha de ser el buscar áreas de respeto a esos votantes, a fin de restablecer la credibilidad perdida por un numeroso contingente de nuestra ciudadanía, en la labor del Tribunal Supremo de Elecciones.
Rogelio Ramos Valverde | 15 de Octubre 2007


1 Comentarios
Siempre el TSE nos dijo engañosamente que no podía interpretar la omisa Ley del Referendum basándose en el Código Electoral. !Por favor,! Eso no se la cree ni la Caperucita Roja.