Apena pero no sorprende el hecho consabido de que los políticos costarricenses arriben al poder siendo vendedores de ilusiones solo para convertirse luego en vendedores de miedo, comerciantes del hambre, caudillos de la necesidad, en fin: en cínicos mascarones de proa del statu quo que los produce y reproduce. Neomaquiavelos puros.
Conocida la carta (memorando) y vistas las acciones derivadas: no hacen falta las explicaciones ni mucho menos las justificaciones tartamudas. Cualquier ciudadano con un mínimo de objetividad y decencia claudicaría en su apoyo al sí y, en adelante, se opondría al actual y pasajero gobierno, aliado de siempre del capital y enemigo natural de los pobres.
Posicionar el miedo como recurso basal de una campaña desalmada en favor de la acumulación de riqueza material, al mejor y más evidente estilo de la psicología inversa, he ahí la recomendación del primo y el tutelado.
En resumen: jugar con el hambre y la ignorancia de la gente. Con esto, por fin, entendemos como se lee para los hermanos Arias y sus delfines la afirmación: “Gobernar es educar”. Para ellos Gobernar es embrutecer, engañar, en una frase: vender miedo.
¿No es acaso violencia la mentira sistemática? ¿Qué otra cosa puede significar el engaño puro y duro sino supeditación de los medios a los fines, sea: maquiavelismo? ¿Qué puede haber más cruel que jugar con la necesidad de la gente?
“Cada cual ve lo que el príncipe parece ser, pero pocos comprenden lo que es realmente, y estos pocos no se atreven a contradecir la opinión del vulgo, que tiene por apoyo de sus ilusiones la majestad del Estado que le protege”. Los Neomaquiavelos que hoy nos –des-gobiernan han otorgado valor presente a esta frase del realista florentino que escribió El Príncipe.
En todo caso, y esto lo digo en apoyo a la verdad, los Neomaquiavelos gobiernistas no están muy desorientados en cuanto a su diagnóstico. Tres afirmaciones me interesan: “La campaña sobre el TLC se está convirtiendo en lo que nunca debimos haber dejado que se convirtiera: una lucha entre ricos y pobres, y entre pueblo y gobierno. La coalición que tenemos en contra es formidable. (…) Así no hay forma de ganar”.
Reconocen que “entre la gente más sencilla, (…) es donde tenemos problemas más serios”, además, que “esta campaña ya dejó de ser racional” (ver mi artículo del 9 de agosto publicado en estas mismas páginas). Interesante que reconozcan la desidia en la base de apoyo del sí que “se siente intimidada por la motivación que muestra la gente del NO”.
Como se ve, no todo es negativo. Pueden rescatarse ciertas verdades diagnósticas que deben alentar a los coordinadores del no a seguir martillando sobre los mismos clavos y a fortalecer la incidencia discursiva sobre otros: 1) este TLC es para los ricos, no para los pobres; 2) este TLC quiebra el régimen solidario (debilitamiento de la CCSS, el ICE e INS); 3) este TLC es una afrenta a nuestra soberanía e implica el riesgo de pérdida de gobierno sobre parte del territorio nacional; 4) este TLC convierte en mercancía los órganos humanos, el agua y en general la naturaleza; 5) este TLC no asegura más ni mucho menos mejor trabajo para los jóvenes y; 6) este TLC promueve la fabricación de armas en esta tierra de paz.
Así, tan torpe como indirectamente, los Neomaquiavelos han hecho dos favores. El primero, desenmascarar al sí y sus formas. El segundo, reconocer sus miedos y con ello confirmar que este TLC, gracias a una “coalición formidable”: no va. Lo dijeron ellos no yo: “Así no hay forma de ganar”.
Pablo Barahona Krüger | 4 de Octubre 2007


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