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Manual para demagogos

Paúl E. Benavides Vilchez | 18 de Septiembre 2007

Parece que los tiempos de la vieja escuela política no nos han abandonado; los tiempos de la politiquería y la intriga, urdidos en los entretelones de gobierno, tramados con nocturnidad para montar el plan perverso y así quebrar brazos y manipular voluntades se mantiene intacto, todo bajo una aureola de democracia que no es sino neopopulismo con aspavientos tiránicos. La vieja política de la vieja escuela que se creía herida de muerte se reedita y no hace sino evidenciar que el poder muda de forma para mantener en esencia sus objetivos y las mismas mañas. Toda la parafernalia elegante del poder y del barroquismo académico que se hizo revestir este Gobierno, con tanta pomposidad, se redujo a un memorando, a un recordatorio degradado que rememora los métodos de las oscuras encerronas marrulleras y de las asambleas plenarias, en donde la política tradicional alcoholizada de poder y erotizada de sí misma, engrasaba la maquinaria clientelar con ofrecimientos, puestos y dádivas a los dirigentes incondicionales o, por el contrario, recurría a la amenaza y a enseñar el palo a los insubordinados que no acataban la línea oficial de la cúpula. El precio de la sumisión y el borreguismo tenían el dulce encanto de la prebenda o el castigo con mandar a la “siberia” política y hacer del dirigente un cadáver político, si no demostraba la suficiente lealtad donde fuera necesario su contubernio y silencio. Todo eso retorna, o mejor dicho, no se ha ido de la política costarricense, y nos lo recuerda un breve memorando de seis páginas que supuestamente tenía veinticuatro.

Frente a la inexistencia de un solo documento, informe o papel en donde se llame a la destrucción de las instituciones democráticas por parte del movimiento en contra del TLC, han tenido que inventarse uno, prepotente por la forma en que está redactado y peligroso porque no les ha importado recurrir a la idea del enemigo interno, a la estrategia de la mala hierba que habrá que eliminar y podar si se desea tener limpio el jardín de la democracia, ocurrencia que lleva el germen de todo apartheid, de las doctrinas de la limpieza étnica puestas en práctica en los balcanes y los métodos ideológicos ejecutados por Pinochet, en Chile, y por Videla, en Argentina, que culminaron en el cruento terrorismo de estado.

Recurrir a esta estrategia demagógica que utiliza el miedo para manipular, no hace sino partir de la premisa tan irrespetuosa como falsa de que el pueblo costarricense es, hoy por hoy, una masa informe de ignorantes carentes de cualquier pizca de inteligencia : “vulgo que se deja cautivar por las apariencias y el resultado de las cosas, y en el mundo no hay más que vulgo” sentenciaba Maquiavelo en el año 1513. Al creer que el costarricense es esa aglomeración informe ávida de pan y circo, se recurre a los rostros de la pobreza; al obrero raso y necesitado que no le queda más remedio que salir en la televisión a riesgo de que lo echen del trabajo ahí mismo; a la utilización sin escrúpulos de las figuras democráticas como el pequeño y mediano productor o el solidarista trabajador. La pregunta que surge es: ¿por qué tanto empeño en maquillar una propaganda política para ocultar que el TLC no es una lucha entre ricos y pobres? Pero es mejor apostar a la eficacia de los medios en donde ellos tienen sus aliados, anular a los políticos y anularse ellos mismos como protagonistas, y apostar al artilugio de publicidad, a la estética que intenta, por todos los medios, disfrazar los efectos desintegradores del TLC sobre la sociedad costarricense.

Un acto de manipulación que no le da al ciudadano ni un ápice de inteligencia ni de conciencia y, en concordancia con una visión elitista de la política, se autoconceden poderes para llevar a cabo la estrategia de la cizaña, en la que se palpa la mano anticastrista de un exilio que todavía vive de la pugna vieja y mohosa de la Guerra Fría; conflicto que inspira el programa del miedo con el que se intenta desmantelar la verdad a que tiene derecho el pueblo costarricense. Al no encontrar ni un solo documento o memorándum redactado por Chávez o por su odiado Fidel, lo que los ha disgustado mucho, no les ha quedado más remedio que redactarlo ellos mismos, esta vez contra la sociedad costarricense y sus electores, con total cinismo e irrespeto absoluto por nuestra nacionalidad.

Este memorándum hubiera quedado en puro papel y en un simple resquemor ante un silbatina en el gimnasio colegial, si no es porque el miedo ha calado como un veneno agudo en las venas de las sociedad costarricense y tenido como efecto el que unos a otros se vuelvan a ver con creciente desconfianza. En eso ciertamente ha sido muy exitosos. Nunca como ahora se ha promovido tanta duda y sospecha de forma tan inescrupulosa e irresponsable. Muchas familias han puesto la tolerancia a un lado de la mesa y la han sustituido por el aciago menú de la descalificación, por el silencio que corta, como el filo de una navaja, las conversaciones familiares, en una Costa Rica que dialogaba y discutía con vehemencia y pasión, pero que lo hacía sin una carga tan fuerte de resentimiento y, es triste reconocerlo, con fogonazos de odio.

Paúl E. Benavides Vilchez | 18 de Septiembre 2007

1 Comentarios

* #2451 el 19 de Septiembre 2007 a las 02:12 PM Ricardo Soto dijo:

Y qué han oído ustedes del kato que dicen que le pegó uno de los koautores del memorándum a un ministro, en medio de una tremenda discusión allá arriba, y que el ministro fue trasladado de emergencia al hospital porque tenía la presión por las nubes?

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