El afán del saber enciende luces y mira hacia senderos ocultos. Es el deseo de conocer y abarcar mundos nuevos; empero esa travesía, como los círculos dantescos, encuentra figuras, desfiladeros y desgracias venidas de una precaria vida o de un vicio congénito.
Es muy propio de la vida actual, el esfuerzo de familias e instituciones privadas y públicas por atiborrar de conocimientos a candidatos a realizar tareas de liderazgo en la comunidad. Es la llamada competitividad por presentar mejores notas; notas brillantes de hegemonía talar –en más de un sentido– sembrada de gorros y ornamentos seculares. Eso está bien en el decurso del progreso de la sociedad; no solo está bien, sino es rescatable en la mejora de los elementos conformadores de la vida privada e institucional.
Sin embargo, en esa búsqueda, más de una vez, se deja de lado la proyección de la historia Patria, se la abandona en el momento mismo de afrontar esos estudios. Se deslumbran con formas e instituciones creadas al calor de otras corrientes de pensamiento, muchas de ellas en función de razas superiores. No tienen empacho en convertirse en adalides contra el pueblo costarricense; entienden la dinámica social con la entrega de nuestros valores esenciales. Se maltratan los conocimientos adquiridos, haciendo uso de los elementos disponibles, pero dándole la espalda a nuestro propio devenir. Gravísimo error.
Pasar por encima del principio de tolerancia como forma de contemplar el decurso social, es preguntarse: ¿se puede de manera impune violar el sentimiento de equidad por amasar dividendos de condición deleznable? Cuando se invade con desfachatez la problemática social, aferrado a una temática de la cizaña, el miedo, la insolidaridad y el apetito por un triunfo pírico, se convierte ese saber en algo negativo; en algo contrario a la tradición costarricense. Mas censurable, si ese andamiaje viene protegido por altos cargos de la vida política; el asunto se convierte en agravante de mas vergüenza y desazón. Los títulos obtenidos universidades de gran valía los convierten, no en justicieros ciudadanos, sino en hombres de cartón, maleables y de vocación antropófaga para sus connacionales.
“Lo que naturaleza non da Salamanca no lo presta” , dice el refrán; pero en este caso, si no se discute la supuesta capacidad de los involucrados, si algo más de fondo: su encendido tributo a Joseph Goebbels, aquel Ministro nazi de propaganda, cuyos paradigmas alcanzaron nota de repudio generalizado en las naciones libres; principios de utilizar los más bajos niveles para enfrentar a los enemigos políticos, con el afán de destruirlos dentro de un sistema totalitario, con la única razón de imponer el terror de Estado. Todo es permitido: el utilizar los recursos públicos de manera impúdica, violando prohibiciones legales; emprender el robo de la conciencia popular con engaños y mentiras.
Esa política gobbeliana, en el ocaso del Tercer Reich, se tradujo en su confesión: “Seremos recordados por la historia como el máximo legado de todos los tiempos o como los criminales más terribles que el mundo haya conocido”.
Todos sabemos donde están colocados los criminales nazis, responsables de la muerte de millones de civiles y combatientes por su política de miedo y de terror; en la basura de la historia.
A todo eso enfrentan ahora, ante la opinión costarricense, el Vicepresidente de la República Kevin Casas y el diputado Fernando Sánchez, presentados hace pocos meses, como futuros líderes de uno de los más importantes partidos de nuestro país, y cuando apenas despuntaban en la vida de política, con el nombramiento a dedo impuesto por el actual Presidente de la República.
Son tragedia en el destino ingrato de esfuerzos personales y familiares, venidos a pique en el naufragio de la inconsecuencia y de la falta de entender la historia de nuestro país, sus luchas, sus logros; y lo que es peor: abonar, con armas innobles el camino de fomentar el triunfo del Si, en un referendo sobre el Tratado de Libre Comercio, cuestionado por grandes capas de nuestro pueblo. Mecanismo idóneo para una aculturación de normas, principios e instituciones de origen ajeno a los forjados en la síntesis de la herencia indígena, moldeada bajo el pensamiento greco-romano de los pueblos de América Latina.
¡Mala hora la de esos jóvenes saturados, ellos mismos, de una ideología ya en franco retroceso en la comunidad internacional!
Rogelio Ramos Valverde | 17 de Septiembre 2007


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