Etnia y cultura

Es la cultura lo que nos distingue de las otras especies, porque nos da un gran margen de acción que no permiten los instintos; aunque no una responsabilidad correspondiente. Solo que con el atenuante de que seguro está determinada potencialmente por la herencia. La cultura era sinónimo de la etnia, porque la especie se propagó por todo el mundo hace por lo menos medio millón de años (cuando empezó la globalización), y el aislamiento las hizo posibles. Solo que a la par de eso hubo siempre un movimiento contrario en que la etnia o la cultura más poderosa se trató de apoderar de las otras: de sus tierras al principio, y después, de sus mercados. La globalización de que hablamos ahora resulta de la imposición de la cultura europea, hasta con su uniforme de saco y corbata. O digamos que es la OTAN, puesto que los Estados Unidos y Canadá son tan parecidos a Europa. También esta cultura se trató por mucho tiempo de apoderar de las tierras de las demás, como en la conquista de América, África y parte de Asia; o en la de la mitad de Méjico (“la guerra mas injusta” según Ulises S. Grant); o en la de Walker en Centroamérica, que paró la determinación de don Juanito. En la “apertura comercial” de Japón la estrategia cambió para apoderarse solo de los mercados,–lo demás puede venir por añadidura– pues para entonces el white man´s burden ya no se podía basar solo en los cañones. Ahora se podría cambiar la canción de whatever happens we have got / the Maxim gun and they have not, por una que diga whatever happens we have got / the WTO and they have not. También tienen los malinches.

La supremacía europea proviene de la revolución científica-industrial, y la influencia enorme de Galileo que impuso el materialismo como ideología, declarando inexistentes las características “secundarias“ de las cosas porque no se podían medir. La explicación de Kepler sobre las mareas como atracción de la luna era pura superstición, aunque la explicación científica de Galileo contradijera de plano sus propios hallazgos. La arrogancia no solo menospreció las características secundarias de las cosas, sino que sustituyó a las cosas por su medida, y allí fue de seguro donde perdió el alma el paradigma que Europa nos impuso, volviéndose más materialistas entre más misteriosa se nos hace la materia. La física clásica pasó siempre por alto el carácter metafísico de la gravedad, como se pasan por alto ahora los conceptos inexplicables de la física cuántica; lo que no es tampoco la falla principal de la revolución científico-industrial y su paradigma del mercado, que si no es la inexistencia de sus leyes es la sinergia: el autoengaño de que el ambiente mejora con el desarrollo industrial; lo que nos recuerda que parte de la culpa está en la religión judaica que Europa adoptó para continuar el imperio, con el mandato divino de “creced y multiplicaos”, el que ahora se podría cambiar por el de “desarrollaos con el mercao”.

Si la diáspora comenzó en el barranco de Olduvai hace medio millón de años, la convergencia empezó en Inglaterra el siglo antepasado. Y si la física clásica terminó en 1900, aunque la ciencia industrial todavía ignora su lado extraño, la economía clásica sigue en cambio muy campante después de 300 años; y nos dice trasnochados. Con razón se llaman conservadores!

Lo que el mundo está sufriendo con la mundialización del American way of living es una pérdida de su diversidad cultural que busca uniformarnos a todos con la promesa de hacernos más ricos vendiendo en los Estados Unidos con sus condiciones. Como decía el profesor del INCAE don Esteban Brenes –cuando era ministro de agricultura, y de ciencia– (el siguiente fue peor), “lo que tenemos que hacer es hablar inglés y comprarnos una computadora”. Y nosotros también estamos a un tris de perder nuestra cultura.

Hace poco fui a dar una charla en un pueblo de esa zona entre San José, Heredia y Alajuela con los mejores suelos y el mejor clima del país, donde también está asentada la factoría extranjera, aunque uno no se siente allí todavía como en Escazú, Santa Ana y Guanacaste, que están completamente tomadas, sino que es una frontera donde todavía están presentes las dos culturas, solo que con una de ellas asimilada, como empleada de la maquila, o como agricultores esperando la plusvalía de sus terrenos para convertirse en proletarios, mientras la otra cultura demanda el TLC. Aquella es tierra del SI, como dicen sin inhibiciones los frontones de sus numerosas maquilas, y era difícil hablar por el ruido que metían los cuadraciclos y las motos que continuamente circulaban frente al salón; me imagino que será más silencioso cuando todos esos maquileros anden en Hyundai o en BMW, como dice don Oscar que andarán apenas pase su TLC; si pasa; y todavía entonces le puede salir la venada careta, pues es inevitable que se geste una nueva dirigencia nacional ante el desgaste y el abuso de la presente.

No se puede negar que esa gente asimilada a la cultura extranjera ha encontrado una forma mas próspera de vida maquilando para el mercado americano, aunque eso no lo pueda tener el resto del país, y menos el resto del mundo (el globo) que anda detrás de lo mismo. Digamos que a pesar de la zaguatización de la cultura, esa gente no se va a oponer a un paradigma del que depende ya su vida y su esperanza, aunque no lo puedan tener los demás, y aunque sea muy poco probable que el American way of living sea “sostenible” para los americanos mismos, y para sus factorías. Porque si no todas las invasiones de otra cultura han sido exitosas, menos lo puede ser una que las quiere sustituir a todas y exportarles su estándar de vida de alto consumo. Y esto no es xenofobia, pues viene de alguien que estudió en los Estados Unidos durante 6 años, donde siempre recibió respeto y cortesía, y donde hay muchísima gente que piensa igual que nosotros.

¿Pero cuál puede ser la alternativa si lo que se busca es nuestro desarrollo? Pues un tratado de libre comercio en vez de una reforma estructural que lo condiciona. Un trato más justo en propiedad intelectual para permitirnos el desarrollo. Un trato más justo en materia de comercio agrícola reconociendo que el problema es la fluctuación de los precios, y no pidiendo desarancelizar los productos subsidiados. Y un reconocimiento de que hay un límite ambiental, y de que “no solo de pan vive el hombre”. Pero hay algo mucho más atractivo que lo de ellos: mantener nuestra cultura sin correr a hacer genuflexiones ante el macho divino; producir para nuestro propio mercado más bien que para el precario mercado americano; producir para venderles a ellos lo que quieran comprar sin condiciones, más bien que volvernos empleados de sus inversionistas; y tener dignidad. ¿Por qué no puede nuestra Caja vender servicios médicos a los extranjeros como sugiere don Rodrigo Jiménez, más bien que cómpraselos a las corporaciones privadas que la están ahogando? ¿Por qué no puede nuestra enseñanza pública cobrar por educar a los extranjeros y mejorar su calidad en vez de desmejorarse continuamente para permitir el negocio de la escuela privada? ¿Por qué no puede el ICE lanzar su propio satélite, o hacer sus alianzas estratégicas conservando su naturaleza pública, y exigiendo respeto de normas elementales a las transnacionales? ¿Por qué no podemos hacer nosotros el desarrollo turístico en vez de dárselo todo a las corporaciones extranjeras, o por lo menos mantener la propiedad de nuestra tierra que ya es casi toda de extranjeros? ¿Por qué no podemos tenernos respeto si tenemos una cultura valiosa? Claro que la moda ideológica de la clase gobernante y sus intereses económicos no quieren nada de eso, pero nosotros sí. Y nosotros somos la gran mayoría que aprecia su propia cultura, de la que no se pueden burlar indefinidamente.


1 comentario

  1. Miguel Chaves Amador

    ¿Quién dijo que nosotros no podemos tener nuestra propia identidad?

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