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Soy Mariachi, siempre lo he sido…

Rogelio Ramos Valverde | 2 de Agosto 2007

• “Si se le quiere dar una bandera a las leyes sociales, no puede ser otra que la bandera de Jesucristo, la bandera de ese hombre que vino a predicar equidad y justicia”. Rafael Ángel Calderón Guardia.

Soy Mariachi, siempre lo he sido. Esa es una de las etiquetas que nos colgaron los enemigos de la Reforma Social Cristina. En su origen representó al trabajador bananero o al muellero; luego se extendió al partido calderonista fundado por Rafael Ángel Calderón Guardia. La otra etiqueta que nos colgaron fue la de caldero-comunistas. Si soy Mariachi, también soy caldero- comunista, y lo acepto con timbre de orgullo, pues representa la Reforma Social Cristiana; la más importante revolución jurídica, social y económica de Costa Rica en el siglo XX. Soy y me complace decirlo, caldero-comunista de los Mariachis que defendieron las conquistas materializadas en las Garantías Sociales y el Código de Trabajo. Algunos ahora les da miedo o vergüenza decirlo. Por el contrario, me enorgullece haber servido dentro de mis modestas capacidades, al mantenimiento de la Reforma Social, como respetuoso homenaje a sus forjadores, sin otra mira que el bien común.

Tres grandes hombres perfilaron la historia del país para volcar el sistema liberal prevaleciente hasta 1940: Rafael Ángel Calderón Guardia, Víctor Manuel Sanabria Martínez y Manuel Mora Valverde. Conjunción de pensamientos, incluso, opuestos, y que en el destino patrio reflejaron el amor por Costa Rica más allá de ideologías. Porque si Calderón Guardia fue el motor que puso en el camino reformar el régimen legal heredado de la vocación liberal del siglo XIX, a base de un radical vuelco pero sin hollar el pasado, la Doctrina Social de la Iglesia Católica representada por Sanabria, que fue el mensaje redentor, y la visión de hombre honrado con sus principios de Manuel Mora, que supo entender el futuro más allá de mezquindades; su mirada estaba puesta en el bienestar del pueblo costarricense.

Por eso no me estorba que me llamen Mariachi o caldero-comunista, pues soy producto de una etapa venturosa de nuestro país. Etapa donde la solidaridad fue fuente de convivencia, donde el respeto por la persona humana tuvo más aliento; donde se garantizaron derechos y se fijaron deberes en la relación obrero patronal; donde la propiedad pasó a tener función social; donde el Estado pudo ser garante de la armonía de las clases sociales, imponiendo su participación como esencia de la intervención moderadora, teniendo por destino el bien común. Principios ahora lamentablemente muy abandonados.

Los distinguidos señores Magistrados de la Sala Constitucional, Gilbert Armijo y Fernando Cruz en su voto de minoría sobre las inconstitucionalidades del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, Centro América y República Dominicana, abordan con claro respeto de nuestra Constitución Política, los fundamentos jurídicos para declarar contrarias al ordenamiento jurídico partes del Tratado. Con toda razón aducen: “El Estado Costarricense es un Estado Social y Democrático de Derecho…” e invocan, como Jueces de Derecho, el derecho positivo inserto en la Constitución que nos rige. Y agregan: tal tendencia se denota en el sistema constitucional nuestro, particularmente cuando se discute el capitulo relativo a las garantías sociales, en especial el actual artículo 50 que dice: “El Estado procurará el mayor bienestar de todos los habitantes del país, organizando y estimulando la producción y el más adecuado reparto de la riqueza…” Tal concepto era inviable dentro del sistema liberal que atendía principios de un individualismo chato, producto de una época muy alejada de los intereses de la mayoría de la población y no los dueños de recursos económicos sólidos. Traen a colación los Magistrados, la jurisprudencia de la Sala Constitucional, reiterativa de darle a ese artículo, unido a la “declaración de adhesión al principio cristiano de justicia social, incluido en el artículo 74 íbídem, determina la esencia del sistema político y social que hemos escogido para nuestro país y que lo define como un Estado Social de Derecho.” Mas adelante, los Magistrados aclaran que ese mismo artículo 50 da fundamento constitucional a un cierto grado de intervención para determinar que no existe una libertad económica, ni una libertad de comercio sino que encuentran sometidos a los límites que el Estado legítimamente establezca en “beneficio de la generalidad de los ciudadanos”, y digo yo, de todos los habitantes de nuestro país.

Estos principios invocados por los ilustres Jueces, han venido reiteradamente violándose en Costa Rica. Al socaire de un nuevo liberalismo, han desparecido los controles benéficos que permitan un efecto de solidaridad nacional. Con ese fin ha desaparecido el sistema de protección a los agricultores con precios de sustentación para sus productos; era mejor importar lo que faltara y por ese camino ya falta poco para que nos falte todo. Por ese camino, los productos de necesidad primordial se incrementan según los intereses nunca de los más necesitados. Por ese trillo, el programa de salarios crecientes, se ha visto frenado con la complacencia de las autoridades, sin considerar que la provisión de más recursos en manos de los asalariados, genera un mercado doméstico más amplio.

Pero bien. De donde viene ese artículo 50 de la Carta Magna; acaso fue creado por los redactores del proyecto de constitución de 1949. No! Tal articulo viene consagrado en la que nos rigió hasta el 8 de mayo de 1948. Es parte de las Garantías Sociales.

En su mensaje ante el Congreso Constitucional el 1° de mayo de 1942, el Presidente de la República, doctor don Rafael Ángel Calderón Guardia, al anunciar el envío de un nuevo capitulo para insertarlo en la Constitución Política de 1871, dijo: “El artículo 51 del proyecto (aclaro que es el 50 de la Constitución vigente) es la base de un nuevo concepto del Estado, que no puede limitar su acción a una gestión administrativa pura y simple, ni a permitir el libre juego de factores que no puede vivir ni progresar sin un cabal ordenamiento de los mismos. La armonía social exige, antes que la abierta competencia de las grandes fuerzas económicas, la intervención del Estado a fin de que unas se impongan sobre las otras, con detrimento del tranquilo desarrollo de la colectividad”.

Clarividencia del Presidente Calderón Guardia de adelantarse, en medio de la conmoción mundial originada por la Segunda Guerra Mundial, a los nocivos efectos de una lucha de clases llena de hondos presagios. En el firmamento de Costa Rica, su figura ya emergía con el título de Reformador Social de nuestro país, título otorgado por nuestro pueblo y no obtenido con intervenciones o presiones más o menos sesgadas.

A ese llamado del Presidente respondieron la Iglesia Católica con un respaldo absoluto, así lo expresaron los Obispos Sanabria, Solís y Odendhal, en carta publicada el 24 de mayo; las masas de obreros y campesinos, integrantes o no de sindicatos cristianos o comunistas. No así a cierto sector de los capitalistas más conservadores. El más significativo representante de esa oligarquía, se pronunció el 27 de mayo en el Diario de Costa Rica, su vocero, con la siguiente tesis: “Dos sectores importantes se han solidarizado, desde diversos ángulos, con la iniciativa del Poder Ejecutivo; el Partido Comunista y los Jefes de la Iglesia. Encontramos justificada la actitud del partido comunista… no así encontramos explicable la intervención del señor Arzobispo y de los señores Obispos. Con toda la consideración que les debemos, por su elevada jerarquía eclesiástica, y por el sentimiento de respetuoso afecto que individualmente nos merecen, tenemos que disentir del criterio que han expuesto sobre el proyecto de Garantías Sociales, suponiéndolo acomodado a las Encíclicas de León XIII y Pío XI”. Eran los años del atolillo con el dedo de las Garantías Sociales. Aparecía ya lo que sería las campañas contra el doctor Calderón Guardia, contra Monseñor Sanabria y contra el licenciado Mora Valverde. De allí vinieron las etiquetas de Mariachis y de caldero-comunistas.

Sin embargo, por lo expuesto y faltarían otros artículos para desmenuzar todo el trabajo legislativo, cultural, político y económico de ese período de ocho años, la Reforma Social siguió para adelante. Puede decirse sin faltar a la historia, que el actual edificio sobre el que descansa la vida de los costarricenses se vislumbró y se hizo efectivo, durante aquellos años. Se produjo con el respeto a los valores y a las libertades públicas del sistema liberal anterior, pero que le dio el nuevo perfil de justicia social y solidaridad, dentro del marco cristiano de nuestro pueblo. Es el Estado Social Democrático de Derecho que nos cobija a todos los que vivimos en Costa Rica.

Como lo han fijado con meridiana claridad los Tribunales de Justicia, la Reforma Social de 1942-1948 vive en el alma del pueblo de nuestra Patria. Ha soportado los temporales y los temblores que sus enemigos pusieron para detenerla. Ha salido victoriosa de las acechanzas a que fue sometida. Incluso, don José Figueres Ferrer, triunfador en la guerra civil de 1948, con el poder absoluto que le daba la victoria, tuvo la grandeza de no derogar sus postulados, como se lo pidieron sus enemigos de siempre, y con lo cual se hermanó con todos los costarricenses que había luchado por su establecimiento.

Después, la vida ha dado vuelcos: muchos de los que se declararon fieles a la Reforma Social, esperaron guarecerse en otros lares, quizá hasta de los que fueron sus enemigos ancestrales. Injustificado cambio en provecho personal y no en de los intereses supremos de Costa Rica; se beneficiaron de la fortaleza de un partido creado para servir a todos y no a unos cuantos. Algunos de esos ahora se asustan, como no se asustó el doctor Calderón Guardia y Monseñor Sanabria que los llamaran comunistas. Y de manera torpe, cual más, encabezan campañas anticomunistas; no conocen la historia. Todo para motivar el Sí al TLC. No perdamos el tiempo en esas futilidades; hay muchas cosas que pensar y hacer por nuestro país.

En la empresa de justicia social cristiana estuvieron muchos costarricenses: Rafael Ángel Calderón Guardia, Monseñor Víctor Manuel Sanabria, los obispos Juan Vicente Solís, Juan Odendhal y destacados miembros del Clero Nacional, Julio Acosta, Octavio Beeche, Teodoro Picado, Francisco Calderón Guardia, Enrique Guier, Joaquín García Monge, José Albertazzi Avendaño, Máximo Quesada, Luís Demetrio Tinoco, Oscar Barahona, Marta Saborío, Corina Rodríguez, Manuel Mora, Carmen Lyra, Carlos Luís Fallas, Luis Carballo, Rodolfo Guzmán, Jaime Cerdas, Eduardo Mora, y una lista interminable de trabajadores e intelectuales.

En nuestro pequeño país fue posible reunir figuras de criterios ideológicos hasta contradictorios, para superar nuestro atraso social; fue una buena muestra de la dignidad con la que se miraban la cosa pública, respetable y respetada. ¡Cuánto debemos aprender de esa elevación de miras! En un jeep desfilaron el 15 de setiembre de 1943, el Presidente Calderón Guardia, el arzobispo de San José, Monseñor Sanabria, el Jefe del Partido Vanguardia Popular, licenciado Manuel Mora Valverde, el Presidente del Congreso Constitucional licenciado Teodoro Picado, el Secretario de Educación Pública, licenciado don Luis Demetrio Tinoco Castro. Cuando veo la fotografía y hago recuerdos de mi juventud, donde participé en esa jornada de apoyo a las Garantías Sociales, puedo decir: “Sí, soy Mariachi, soy por lo tanto, caldero-comunista; siempre lo he sido.”

Rogelio Ramos Valverde | 2 de Agosto 2007

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